Feijóo cierra filas: Tellado toma el mando y el PP se atrinchera para el asalto final

Con la designación de Miguel Tellado como nuevo secretario general y Ester Muñoz como portavoz parlamentaria, Alberto Núñez Feijóo blinda su círculo de confianza y da una señal inequívoca: el Partido Popular entra en modo campaña permanente.
Miguel Tellado, secretario general del PP; y Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso. / RR SS.
Miguel Tellado, secretario general del PP; y Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso. / RR SS.

La política, en tiempos convulsos, se convierte en un tablero de ajedrez. Y Feijóo ha movido pieza con precisión quirúrgica. La elección de Miguel Tellado como nuevo secretario general del Partido Popular no sorprende a nadie en Génova, pero sí confirma que el líder gallego ha decidido quitarse la careta de moderado y abrazar, al menos estratégicamente, el perfil de resistencia sin cuartel que muchos en su partido venía reclamando desde hace meses.

Tellado, su sombra durante más de una década y cerebro táctico de sus campañas gallegas, ya ejercía como número dos en la práctica. Ahora asume el cargo formal y lo hace con galones, en un momento de máxima tensión institucional y con la sensación de que el Gobierno de Pedro Sánchez atraviesa su fase más frágil. La entrada en prisión de Santos Cerdán ha supuesto un terremoto político que ha pillado al PSOE con el pie cambiado, y el PP ha olido sangre.

En este contexto, Feijóo ha optado por cerrar filas y rodearse de leales sin fisuras. Ester Muñoz, la nueva portavoz parlamentaria, representa esa nueva hornada de cuadros duros, sin complejos, con verbo incisivo y lealtad acreditada. Con ella, el líder popular se asegura un tono combativo en el Congreso, que anticipe el clima preelectoral en el que el partido parece haberse instalado sin disimulo.

Más allá de los nombramientos, el fondo político del movimiento es claro: el PP se prepara para un nuevo intento de derribo institucional. La posibilidad de una moción de censura sigue sobre la mesa, aunque Feijóo no parece dispuesto a saltar sin red. Las palabras dirigidas a Puigdemont son calculadas, destinadas tanto al público interno como externo: intenta parecer dialogante, pero sin traicionar el relato de firmeza. No irá a Waterloo, pero desliza su disposición a hablar… siempre que el relato no se le escape de las manos.

No es casual que Tellado, ya como número dos oficial, se haya puesto al teléfono para tantear al resto de grupos. Ni tampoco que el líder del PP subraye que la decisión final le corresponde a él, un dardo evidente a figuras como Isabel Díaz Ayuso, que no disimulan su recelo ante ciertas maniobras y sus posibles costes políticos. El mensaje de Feijóo es nítido: “El presidente soy yo”. A partir de ahora, no se aceptan interferencias.

Con esta reconfiguración interna, Feijóo refuerza un poder orgánico que ya era sólido, pero ahora aparece institucionalizado y legitimado por la coyuntura. Cuca Gamarra, símbolo de equilibrios territoriales y de un intento inicial por desgalleguizar el núcleo duro, ha sido elegantemente desplazada, aunque conservará una cuota de visibilidad en el comité de dirección. La operación ha sido quirúrgica, sin ruido ni fracturas, lo que demuestra que el control interno del partido por parte del gallego es absoluto.

La elección de Muñoz también tiene una lectura territorial: es leonesa, no gallega. Un gesto hacia fuera para disimular la hegemonía del “clan de la Xunta” que Feijóo ha llevado consigo a Madrid. Pero el poder real sigue estando en ese núcleo blindado que le acompaña desde hace 16 años. Y Tellado, como voz enérgica y artesano de las sombras, es el auténtico arquitecto de esta etapa.

El PP ha dejado atrás la fase de transición. Ya no hay dudas ni cohabitación entre corrientes. Feijóo ha optado por un modelo centralizado, vertical, de fidelidades personales y estrategia ofensiva. Con el PSOE debilitado y la izquierda fragmentada, cree que le basta con no fallar. Pero la política española no ofrece tregua. Y si bien Tellado y Muñoz representan la línea dura, la clave estará en si el electorado percibe al PP como alternativa creíble… o solo como oposición encolerizada.

Porque, en el fondo, el mayor reto de Feijóo no es derrotar a Sánchez, sino convencer a los españoles de que no es simplemente su reverso. Por eso, aunque se adorne con nuevas caras, el relato no puede ser solo el de la demolición. Necesitará también construir una esperanza. Y, de momento, esa parte del discurso sigue pendiente. @mundiario

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