La remoción de Dilma Rousseff, presidenta do Brasil, no es un golpe de Estado en modo alguno

Dilma Rousseff. / pregon.me
Dilma Rousseff. / pregon.me

Los nuevos gobernantes brasileiros no podrán hacer retroceder el país a los tiempos anteriores a Lula, cuando una buena parte de los ciudadanos no podían hacer tres comidas al día, sostiene este autor en su análisis.

La remoción de Dilma Rousseff, presidenta do Brasil, no es un golpe de Estado en modo alguno

Insinuar que la hasta ahora presidenta do Brasil ha sido víctima de un golpe es falso. Ha sido desposeída de la Jefatura del Estado brasileiro como primer paso para un posible impeachment.

El país largamente más poblado de la lusofonía se denomina República Federativa do Brasil pero está todavía lejos de convertirse en United States of America, la primera democracia moderna, a la postre siempre  regida por el pragmatismo anglosajón, donde nunca prosperó, ni aun en el Watergate de Nixon, la pretensión de juzgar al presidente.

La práctica democrática en Brasil o en la supuesta República Bolivariana de Venezuela –no digamos en la República Argentina- intenta todavía nadar entre las aguas de la soberanía popular a través del voto universal, directo y secreto y la de la “democracia real” controlada por un partido único.

Con todo Brasil y Venezuela no son tampoco la República Socialista Soviética de Cuba, ya en caída pronto libre.

Los nuevos gobernantes brasileiros no podrán hacer retroceder el país a los tiempos anteriores a Lula, cuando una buena parte de los ciudadanos no podían hacer tres comidas al día.

Nao temer nada.

La solución, no tan remota es, allá y en cualquier lugar, la igualdad desde la libertad.

La remoción de Dilma Rousseff, presidenta do Brasil, no es un golpe de Estado en modo alguno
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