Una reforma educativa fantasma

Isabel Celaá, ministra de Educación. / RR SS.
Isabel Celaá, ministra de Educación. / RR SS.

Más fuegos artificiales para entretener la espera de unas elecciones anticipadas.

Una reforma educativa fantasma

El Gobierno acaba de levantar una nueva pieza, disparar dispara poco, y, naturalmente, las aves vuelan y escapan, como supongo que sucederá con ésta: una nueva reforma educativa.

Permítanme que haga algunos comentarios sobre los principios en los que se asentaría esta reforma fantasma, según las declaraciones de la ministra del ramo.

Uno de los objetivos que persigue  esta reforma por sorpresa es que los jóvenes “permanezcan el mayor tiempo posible en el sistema educativo”. Es decir, “permanecer: estar en algún sitio durante algún tiempo –según el DRAE- ... , quietos, sin mutación”. Algo así como tenerlos ¿entretenidos?, para  que no anden por la calle dando guerra  y engrosando  las listas del paro.

Sigue diciendo la señora Celáa que el sistema educativo español es duro, “sólo mirando los curricula os hacéis una idea.” Prescindo de su erudición latina –por aquello del curricula, claro- y falta de conocimiento del castellano, y me pregunto ¿la dureza, la exigencia, el esfuerzo, el sacrificio, están reñidos con la educación o más bien forman parte de ella?

Sugiere la ministra  la conveniencia de reformar la FP –completamente de acuerdo-, “reduciendo los currículos -¿se olvidó del curricula?- para  que sean menos memorísticos.” Y vuelvo a preguntarle: ¿quién hace que los currículos sean memorísticos, los alumnos, los planes de estudio, los libros de texto o los maestros? A lo mejor lo que hay que plantearse es la necesidad de un reciclaje serio  de los maestros –naturalmente,  de algunos- para que, en vez de que niños y jóvenes memoricen –lo más sencillo para corregir un examen- expliquen, analicen y fomenten el debate y las preguntas de los alumnos.  Por otra parte, señora ministra, la memoria es también una faceta de la inteligencia, no lo olvide.

La propuesta que sigue es sorprendente, pues está convencida de la conveniencia de dar el título de bachillerato  y que los muchachos no repitan curso, para  “no bajar la autoestima de los alumnos ni quitarles consistencia emocional.” Todo fácil, rápido, cómodo, sin esfuerzo, éxito garantizado, como en la publicidad de hoy sobre belleza, curas de adelgazamiento, aprendizaje de inglés o gimnasia. Claro  que hay que ocuparse del estado emocional de los adolescentes, pero sin caer en las facilidades, porque estaremos ¿educando? a jóvenes blandos, que se abaten ante el primer fracaso, y la vida es una carrera de obstáculos que tienen que aprender a sortear con fuerza, inteligencia, habilidad y capacidad de análisis, entre otros aspectos. 

Seguramente dijo otras muchas cosas la señora ministra, pero yo me he quedado con éstas.

¿Una nueva reforma educativa, sin pacto de Estado?, ¿un nuevo cohete del Gobierno para tener entretenido al personal?, ¿cuántas leyes orgánicas sobre educación se han aprobado desde el año 1978 sin consenso?

¡Padres jóvenes, haceros oír!. @mundiario

Una reforma educativa fantasma
Comentarios