El Puerto de A Coruña, contra su ciudad

Enrique Losada.
Enrique Losada.

Razones de limpieza democrática, de respeto a los deseos ciudadanos, de competencia y cualificación, hacen necesario abrir un debate público riguroso sobre lo que conviene hacer en los actuales muelles de A Coruña.

El Puerto de A Coruña, contra su ciudad

Estimado Director:

Me consta fehacientemente que muchas personas residentes en A Coruña, ciudad tan denostada como envidiada, están indignadas tras conocer que el Puerto coruñés venderá muelles a precio de saldo al margen de cualquier debate o reflexión ciudadana, incluso en contra de la opinión del Ayuntamiento. Uno mi humilde voz coruñesa a ese coro para felicitarle a Vd. por la posición inequívoca de su medio, MUNDIARIO, y al tiempo para añadir algunas reflexiones.

Comienzo por lo último. No ha destacado el actual Ayuntamiento coruñés por su eficiencia, ni tan siquiera por su preocupación ante los problemas principales de la ciudad. Su política de gestos antes que de gestiones, de imagen en sustitución de resultados y de activismo político en batallas ajenas a la ciudad, no permiten una valoración favorable. Es cierto que las fuerzas políticas de la oposición no brillan por su acierto sino por su oportunismo, pero eso merecería otro análisis.

Lo que no admite duda es que ante la posición bochornosa de la Autoridad Portuaria, tratando de favorecer pingües negocios privados con el suelo público, el Ayuntamiento ha sido la única voz discrepante, que ha puesto sobre la mesa el interés general. De la misma forma es indiscutible que el puerto coruñés, a través de su presidente, nombrado por el Sr. Núñez Feijóo, ha confrontado con los Alcaldes ajenos a su color político, señores Losada (PSOE) y Ferreiro (Marea) en todos los asuntos posibles. Se ha llegado a la situación, inconcebible en democracia, de que una persona designada al frente de un organismo autónomo, dedique sus energías a cuestionar a quienes han sido elegidos directamente por los votos de los ciudadanos y, más aún, ostentan la competencia legal para definir la evolución de su ciudad, a través de los instrumentos urbanísticos.

He dicho, pingües negocios privados en suelo público. Es cierto que parte de la financiación del puerto exterior debe proceder de los activos enajenables del puerto interior. Pero en ningún lugar está escrito ni acordado que ello deba hacerse de forma oscura, ajena al interés público y sólo atenta al lucro privado. Bien al contrario. En todas las experiencias de éxito en la remodelación de espacios portuarios, y son muchas en nuestro entorno, las respectivas ciudades, tanto a través de sus instituciones como del imprescindible espacio de debate público, han jugado un papel determinante. Nada se ha hecho contra las autoridades locales, básicamente porque ese camino no conduce a ningún lugar. Sólo A Coruña, a través de un presidente designado, que ha obviado la potenciación del negocio portuario para centrarse en la lucha política, intenta una vía condenada al fracaso cuando no al escándalo por el pelotazo inmobiliario apenas disimulado. Que haya contado con el aplauso de las dos coruñesas que son conselleiras de la Xunta,  Beatriz Mato y Ethel Vázquez, así como con el silencio del PP coruñés, atestigua por enésima vez, que esa organización política ha sido tradicionalmente hostil a los intereses de la ciudad. Y que el señor Feijóo, actualmente casi vecino coruñés, mire para otro lado, no hace sino ratificar esa imagen del gobierno gallego indiferente con  la ciudad.

La suma de las actuaciones previstas, 25 millones de euros, amortizará  la deuda de la Autoridad Portuaria en un 8%. No es creíble que ese sea el motivo de la operación

El puerto coruñés plantea dos operaciones. La primera, vender el Hotel Finisterre y La Solana por 10 millones de euros, la segunda, vender los muelles del centro de la ciudad por 15 millones. De prisa, sin transparencia, con socios previamente contactados, al margen del debate imprescindible sobre las consecuencias de remodelar la fachada marítima de la ciudad para muchas décadas, sin el mínimo consenso social y político. La suma de esas actuaciones, 25 millones de euros, amortizará  la deuda de la Autoridad Portuaria en un 8%. No es creíble que ese sea el motivo de la operación.

No es cierto que la operación favorezca la iniciativa privada. Bien al contrario. Es un ejemplo más del llamado capitalismo de amiguetes, la forma torticera en la que determinados empresarios próximos al poder político realizan negocios que no podrían lograr bajo reglas de libre competencia. No son los mejores quienes llevan los contratos, sino los próximos al gobierno. En ese caldo de cultivo ha medrado la corrupción en nuestro país.

Por tanto, razones de limpieza democrática, de respeto a los deseos ciudadanos, de competencia y cualificación, hacen necesario abrir un debate público riguroso sobre lo que conviene hacer en los actuales muelles: desde equipamientos hasta viviendas, pero ordenando y priorizando las actuaciones. Debate abierto, al margen de las luchas políticas, en el que muchos sectores y personas deben de opinar. Y como colofón, acuerdo institucional. Con el Ayuntamiento, con la Xunta, con el Ministerio de Fomento. Nunca contra la ciudad, nunca  contra los coruñeses. Y menos para favorecer intereses espúreos, personales, lucrativos.

Es mi modesta opinión, querido Director.

El Puerto de A Coruña, contra su ciudad