Puente defiende su gestión y culpa al PP del abandono ferroviario
Óscar Puente compareció este martes en el último escenario que le quedaba para explicar la crisis ferroviaria: el Congreso de los Diputados. Lo hizo tras un maratón político poco habitual —siete horas antes en el Senado— y con un mensaje tan reiterado como incómodo para la oposición. Asume responsabilidad política, sí; dimitir, no. Para el ministro de Transportes, el colapso que vive la red ferroviaria española no es el resultado de una mala gestión puntual, sino la factura acumulada de años de desinversión bajo los gobiernos del Partido Popular.
El debate fue áspero, largo y emocionalmente cargado. La oposición, especialmente PP y Vox, puso el foco en los accidentes recientes y en el “caos” del servicio, exigiendo la dimisión inmediata del ministro y vinculando directamente su nombre a las víctimas mortales. Puente respondió con una estrategia clara: dar explicaciones, pedir disculpas donde correspondía —especialmente a los usuarios de Rodalies en Cataluña— y rechazar frontalmente que los fallos actuales tengan su origen en decisiones tomadas durante su mandato.
El ministro insistió en una idea que vertebró toda su intervención: las infraestructuras ferroviarias no se degradan ni se recuperan de un día para otro. “Una red ferroviaria no se arregla en dos días”, repitió, casi como un eslogan defensivo, para subrayar que los problemas estructurales exigen tiempo, planificación y dinero sostenido en el tiempo. Y ahí situó el núcleo de su acusación: durante años, dijo, el PP “abandonó por completo” la inversión ferroviaria, especialmente en la red convencional y de cercanías.
El choque no fue solo técnico, sino político y simbólico. Puente contrapuso cifras, recordó decisiones pasadas y defendió que en los dos años que lleva al frente del Ministerio se han invertido más de 1.200 millones de euros en Rodalies, precisamente una de las redes más castigadas por incidencias. Para el ministro, el malestar actual es, en parte, consecuencia de estar haciendo por fin las obras que no se hicieron cuando tocaba.
El argumento central: herencia, no gestión inmediata
Puente construyó su defensa sobre una línea temporal larga. Según su relato, los fallos actuales no pueden entenderse sin retroceder más de una década, cuando la inversión en mantenimiento y modernización quedó relegada. “Se exigen responsabilidades al que está, pero el que está no es responsable de lo que no se hizo”, zanjó, marcando una frontera clara entre pasado y presente.
Rodalies como símbolo del abandono
El caso de Rodalies fue el más emocional. Diputados de Junts, ERC y Sumar describieron un servicio al límite, con miles de usuarios atrapados cada día en retrasos e incidencias. Puente no negó el “caos”, pidió disculpas expresas a los catalanes, pero insistió en que muchas averías se deben a obras en marcha. Para él, Rodalies es el ejemplo perfecto de una red envejecida por falta de inversión sostenida.
Accidentes, dolor y uso político
El ministro fue tajante al negar cualquier relación entre el accidente de Adamuz y un supuesto deterioro de la red. Defendió que la inversión en mantenimiento está en línea con la media europea y rechazó que exista un problema estructural de seguridad. Aun así, el debate se cargó de dramatismo cuando PP y Vox corearon cifras de fallecidos. El cruce final de números dejó claro hasta qué punto el dolor se convirtió en munición política.
Incluso algunos socios del Gobierno deslizaron críticas: se ha priorizado la alta velocidad frente a cercanías y media distancia. Puente aceptó implícitamente el debate, pero volvió a refugiarse en el argumento del tiempo: corregir desequilibrios históricos requiere más de una legislatura.
Al final, el mensaje fue tan político como personal. Puente admitió desgaste, falta de sueño y momentos de derrumbe emocional. Pero dejó claro que no piensa marcharse. Para él, dimitir ahora sería abandonar una red que —según su propio diagnóstico— empieza a recibir por fin la inversión que se le negó durante años. Y mientras el tren siga llegando tarde, seguirá repitiendo la misma idea incómoda: el abandono también tiene memoria. @mundiario