El PP se encamina a una pugna interna por el modelo de primarias: la batalla entre Ayuso y Feijóo
El Partido Popular afronta un debate interno de alto voltaje político que trasciende lo meramente organizativo: la reforma del modelo de elección de su presidente nacional. Bajo la iniciativa de Alberto Núñez Feijóo, Génova ha diseñado un sistema que suprime el voto directo de las bases y lo sustituye por un modelo indirecto de compromisarios con listas cerradas, lo que ha despertado un visible recelo en sectores del partido que reivindican una mayor participación militante. Entre ellos, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que ha dejado claro que no permitirá una regresión en el principio de “un militante, un voto”.
La batalla no es menor ni meramente procedimental. En juego está la configuración del futuro liderazgo del partido una vez concluya la etapa de Feijóo, y la forma en que se dirimirá su sucesión. Ayuso, aunque hoy respalda al actual líder y ha renunciado a disputarle el puesto, no oculta su inquietud por un modelo que considera más controlable por el aparato y menos representativo para las bases. Las alertas se han encendido en su entorno tras confirmarse que el nuevo sistema elimina la doble vuelta —en la que primero votan los militantes y luego los compromisarios— para convertir a estos últimos en los únicos electores del presidente, aunque seleccionados mediante listas cerradas votadas por los afiliados.
El formato tiene cierto paralelismo con las elecciones estadounidenses: cada candidato presentará 52 listas de compromisarios —una por provincia más Ceuta y Melilla— que votarán las bases. Los compromisarios elegidos acudirán al congreso con el voto ya comprometido a un aspirante, y el ganador en cada provincia se llevará la totalidad de los delegados. Este diseño pretende asegurar una correlación entre el voto militante y el resultado final, pero mantiene la elección definitiva en manos de un cuerpo intermedio, lo que sigue suscitando dudas entre quienes abogan por primarias directas.
Desde el PP de Madrid se valora “el espíritu” de la reforma, pero se insiste en que aún faltan garantías claras de que se respetará la voluntad de las bases. Por ello, la dirección madrileña prevé enmendar la ponencia de estatutos para reforzar la transparencia del sistema y evitar que se repita un episodio como el del congreso de 2018, cuando Soraya Sáenz de Santamaría ganó en la primera vuelta, pero fue derrotada por Pablo Casado en la votación de compromisarios.
La pugna por la democracia interna del PP
No es la única voz crítica. El líder del PP en Cataluña, Alejandro Fernández, también ha defendido unas primarias puras que no limiten las aspiraciones de cualquier afiliado a competir en igualdad de condiciones. Aunque Fernández no enmendará la ponencia por no haberse inscrito en el proceso, su intervención subraya que el debate no se limita a Madrid y que existe una sensibilidad extendida en el partido que apuesta por una participación más directa y menos tutelada.
Detrás del modelo propuesto por Feijóo se vislumbra también un intento de controlar los tiempos orgánicos del partido. El nuevo texto elimina la cláusula que obligaba a convocar los congresos autonómicos cuatro meses después del cónclave nacional, un mecanismo que otorgaba a las bases herramientas para forzar su celebración. Con esta modificación, Génova gana margen para decidir cuándo se convocan congresos como los del PP catalán o el valenciano, donde los liderazgos de Fernández y Carlos Mazón presentan frentes incómodos para la dirección nacional.
La coyuntura del congreso de julio favorece a Feijóo, que será reelegido aún bajo el sistema anterior de doble vuelta. Pero lo que se discute ahora afectará al próximo ciclo político y a la sucesión en el liderazgo. La presidenta madrileña ha sido cautelosa, evitando rupturas públicas, pero sus movimientos revelan que no está dispuesta a quedar al margen de un futuro relevo. Su demanda es clara: el PP no puede volver a cerrarse sobre sí mismo ni blindar el control de las cúpulas, justo cuando buena parte de sus éxitos electorales recientes se deben al carisma y tirón popular de figuras como ella.
La pugna entre participación y control, entre apertura y aparato, marcará las negociaciones que se avecinan en la fase de enmiendas. El resultado será determinante para definir no solo la arquitectura interna del partido, sino también su perfil político de cara al futuro. Si el PP quiere consolidarse como una alternativa de Gobierno sólida y moderna, deberá demostrar que confía en sus militantes tanto como en sus líderes. Y ahí está, precisamente, el dilema que se avecina. @mundiario