Venezuela: pasó el 16 de julio, ¿y ahora qué?

Resultado de participación de la consulta del 16-J en Venezuela. / Mundiario
Resultado de participación de la consulta del 16-J en Venezuela. / Mundiario

¿Quién le va  a dar una  respuesta a los siete millones y medio de venezolanos que votaron en contra de la Constituyente de Maduro y a favor de unas elecciones libres que traigan un nuevo gobierno de unidad nacional?

Venezuela: pasó el 16 de julio, ¿y ahora qué?

Si algo quedó demostrado con la consulta popular del domingo 16 de julio pasado, fue la espontaneidad y entusiasmo con que los venezolanos acudieron a las urnas para darle un no rotundo, a la Constituyente falsificada y anticonstitucional del señor Nicolás Maduro. Características difíciles de encontrar cuando el gobierno obliga a los más de seis millones de empleados públicos que tiene en su nómina, a votar por un candidato o propuesta de su interés. El voto forzado por el miedo a perder el trabajo, la bolsa de comida mensual o cualquier otra dádiva por pequeña que nos parezca, no es de hoy; pero si es de hoy haberlo entronizado como un ADN particular del chavismo, que Hugo Chávez, con su habilidad natural para encantar a las masas, manejó hábilmente durante casi tres lustros. Y ese encanto, aunque puede disimularse, lamentablemente para Nicolás Maduro, no es heredable.

Lo que se vio el pasado domingo en las calles de Venezuela fue un ejercicio de libertad individual y de alegría contagiosas, que no puede verse como un acto político más de la oposición. Interpretarlo así sería quitarle la importancia que tiene y simplificar su naturaleza y trascendencia al de una reacción más de la MUD, los partidos políticos o la Asamblea Nacional, frente a la convocatoria fraudulenta de una Constituyente ilegitima, para el 30 de julio próximo.

Es por ello, que la consulta popular convocada por la Asamblea Nacional dentro de las atribuciones que le otorga el Art. 71 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, tuvo un fuerte sabor popular, pues era  querida y deseada por la población venezolana que sufre aún entre las  colas y sinsabores del día a día, las carencias  de bienes y servicios básicos, que más allá de la incompetencia del gobierno, son consecuencia igualmente de su indolencia. Una indolencia planificada al mejor estilo cubano-castrista.

Una consulta legitimada, además, por la negativa de Nicolás Maduro a hacerla en su momento, cuando inició un proceso constituyente, prescindiendo absolutamente del pueblo, del que no le importó su parecer, y formulando a su antojo, sin la participación de ningún otro poder u opinión, las regulaciones y condiciones a las cuales quedaría sujeta la elección de los miembros de esa Asamblea Constituyente.

¿Y ahora qué? es la pregunta que queda en el ambiente, después de que siete millones y medio de venezolanos dijeron que rechazaban la ilegal Constituyente de Maduro, que demandaban de las fuerzas armadas y demás funcionarios del Estado defender la Constitución vigente, y respaldar las decisiones de la Asamblea Nacional, así como que aprobaban la realización de elecciones libres, la renovación de los poderes públicos y la conformación de un gobierno de unión nacional para restituir el orden constitucional. Los tres últimos tópicos, comprendidos, aunque no en ese orden, en la última de las tres preguntas que los venezolanos respondieron en la consulta que les fuera realizada el domingo 16 de julio, lo cual ha  dado lugar a una serie de interpretaciones a posteriori; algunas por lo demás, contradictorias y fuera de contexto, que nos llevarían, resumiéndolas, al establecimiento de organismos estatales paralelos, sin funcionalidad alguna en nuestra opinión, mientras el actual estado de cosas se mantenga dentro del gobierno.

Un montón de votos como ese, similar al que condujo a la oposición a ganar, con amplia mayoría, la Asamblea Nacional en el 2015 y con el cual se hubiese revocado a Nicolás Maduro, de haberse dado el referéndum que el gobierno obstaculizó y le negó al pueblo venezolano, merece una respuesta. El quid del asunto radica en quien se la puede dar, cuando el gobierno de Maduro al que correspondería en primer lugar hacerlo, desconoce los resultados de dicha consulta y no va a ceder ni en lo que toca a la Constituyente, ni al desconocimiento de la actual Asamblea Nacional, como tampoco en lo que a realizar unas elecciones presidenciales antes de tiempo, se refiere.  

No creemos, por lo ya expresado, que la respuesta pueda venir, tampoco, de la Asamblea Nacional, órgano que no es propiamente de gobierno, y cuyo alcance está formalmente delimitado por la Constitución y trabado, políticamente, por intereses y factores diversos, a veces incluso, contrapuestos.

Hace ya un buen rato que la población venezolana, en general, sobrepasó  a su dirigencia y tomó vida propia, desarrollando su particular dinámica. Por eso, hay quienes piensan que la única solución democrática posible y la que más  tiempo y sufrimiento ahorraría al país, sería la contemplada en unas elecciones adelantadas por la renuncia de Maduro o por causas similares. Aunque ello signifique más días en las calles, más manifestaciones populares, más protestas, más presión y  más llanto. @xlmlf

 

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