Merkel y su partido intentan que no cunda el pánico de nuevas elecciones

Fachada del Congreso de Alemania. / Héctor Morales.
Fachada del Congreso de Alemania. / Héctor Morales.

Alemania sigue sin Gobierno luego de que la CDU fracasara en su intento de juntar apoyos en el parlamento y la extrema derecha empieza a saborear nuevos comicios.

Merkel y su partido intentan que no cunda el pánico de nuevas elecciones

Alemania vivió esta semana una de las más sonrojantes de su historia moderna. El país está a las puertas de algo que en las calles empieza a olerse como posible: nuevas elecciones para la cancillería federal.

El 24 de septiembre los alemanes salieron a votar y, cómo no, dieron el triunfo a la conservadora Christlich Demokratische Union Deutschlands (CDU, Unión Demócrata Cristiana de Alemania), pero aquel triunfo no dejó escaños suficientes para darle la jefatura de Gobierno nuevamente a Angela Merkel. Die Kanzlerin entonces tuvo que enviar a sus chicos a negociar con Freie Demokratische Partei (FDP, Partido Democrático Libre) y Die Grüne (Los Verdes) y alcanzar una alianza que le permitiera renovar su mandato como parte de un emprendimiento que la prensa local bautizó como Jamaika-Sondierung (Exploración Jamaica, una referencia a los colores de la bandera de ese país y los colores de los partidos que pretenden integrar dicha coalición). La tarea era difícil, pues representaba que la CDU tenía que tragarse su orgullo de partido incontestable y, encima de eso, hacer de niñera para que el FDP y Die Grüne accedieran a compartir patio de juegos.

Frau Merkel supo desde el inicio que la misión no contaba con el apoyo del otro gran partido del país, el Sozialdemokratische Partei Deutschlands (SPD, Partido Socialdemócrata de Alemania), que suficientes penas tiene en su misma casa como para echarle la mano a su antítesis. Condicionada, encima la coalición Jamaica tenía la molesta piedra en el zapato de la Alternative für Deutschland (AfD, Alternativa para Alemania), la banda de Cids Campeadores que se convirtieron en el primer partido de extrema derecha en llegar al sagrado Parlamento alemán desde la época de la Segunda Guerra Mundial.

Para esta semana, el país entero esperaba una respuesta final, y por respuesta final se entiende que esperaban que los tres partidos negociadores dijeran de una bendita vez que al fin habían logrado alcanzar un acuerdo. Al unísono, los principales medios de comunicación del país anunciaron de manera extraoficial que el triunvirato de organizaciones había fracasado en su misión y que pedirían una prórroga para seguir negociando. La noticia cayó como un puñal entre los alemanes, que ven cómo ese Gobierno, ícono de la democracia y espejo político de muchos, está persiguiendo su propia cola.

"Solo espero que no hayan elecciones otra vez", titula la revista Der Spiegel a su encuesta hecha a los ciudadanos sobre el desenlace oficial de las negociaciones. La situación es inédita, pero los protagonistas intentan mantener el tipo para evitar el brote de nervios.

"Seguramente no será fácil, de hecho será muy duro. Con todo, creo que vale la pena volver a sentarlos a todos a dialogar", cita la misma revista a Merkel, quien compareció ante los medios en el cuartel general de su partido en Berlín. Jens Spahn, diputado de la CDU, incluso se atrevió a dar el punto por el que las negociaciones fracasaron. "¿Para qué alcanza el dinero y para qué no? Eso fue lo que no pudimos determinar anoche", explicó en relación a la interminable velada del jueves. "Pero creo que un par de horas más de negociación nos permitirán llegar a resultados factibles y asegurar los próximos cuatro años", agregó.

Pero es que el problema no es en sí ir nuevamente a comicios, que pese a lo vergonzoso que resultaría semejante convocatoria es el menor de los males. Tal y como explicó el sensacionalista periódico Bild, en la AfD se frotan las manos con la idea de que haya un nuevo llamado a las urnas.

Esta banda de populacheros colaron a 92 de los suyos en el Parlamento nacional, una cantidad respetable considerando que en el anterior período no tuvieron ni siquiera un solo escaño. El partido fue atacado por prácticamente todas las agrupaciones, que condenaron públicamente ese logro de la extrema derecha y dedicaron un par de palos a Merkel, a quienes las ciudades más pobres de Alemania castigaron por sus votos por considerar que les ha olvidado. Alemania está metida en un dilema y la AfD acecha como hienas listas para devorar su carroña.

El ogro de la Unión Europea pasa vergüenzas en su propia casa. La exploración Jamaica se ha dado a sí misma hasta el domingo a las 18:00 horas para encontrar un desenlace digno. Eso sí, el destino está claro: coalición o morir. "Si para el domingo a las 18:00 horas no hemos alcanzado un trato, entonces el asunto está muerto", advirtió Wolfgang Kubicki, uno de los líderes del FDP.

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