Paco Vázquez no sabe cómo casar su fervor religioso con la militancia política

Francisco Vázquez. / catalunyapress.cat
Francisco Vázquez. / catalunyapress.cat

No es político serio ni católico ilustrado el que desconoce que un Parlamento democrático legisla para ciudadanos, no para creyentes, advierte este comentarista de MUNDIARIO.

Paco Vázquez no sabe cómo casar su fervor religioso con la militancia política

No es político serio ni católico ilustrado el que desconoce que un Parlamento democrático legisla para ciudadanos, no para creyentes, advierte este comentarista de MUNDIARIO.

Aunque ya no representa al partido de toda su vida en cargos institucionales ni orgánicos, Francisco Vázquez se complace en soltar declaraciones explosivas contra la dirección, en las que entrevera tópicos sobados con análisis sectarios. Algunos compañeros de filas, nerviosillos ellos, piden que se le abra un expediente. 

Poco escándalo levanta el que un militante discuta en voz alta y sin miramientos la línea oficial de su formación, si está persuadido de que no sirve al interés general: la fidelidad a unas siglas no exige renuncia al derecho a pensar por libre y a disentir de la mayoría. Lo que pasa con el exalcalde populista de A Coruña es que lo hace con tanta frecuencia y ardor que da la impresión de que no comparte ya los ideales de la organización de la rosa mustia, por lo que muchos se preguntan a qué espera para darse de baja y empezar a pagar cuota al PP, donde cuenta con muchos admiradores.

Para deshacer malentendidos, el sospechoso tuvo la gallardía de definirse politicamente (La Voz de Galicia, 16 de febrero): “Soy españolista, socialdemócrata y católico”, recalcando que así era el PSOE que ganó elecciones en los años de la Transición. Socialdemócrata de pata negra será si él lo afirma, pero el españolismo que profesa no es más que una posición visceral contra los otros nacionalismos españoles y su forma de entender la presencia de un católico en la vida política deja mucho que desear: en su etapa de embajador del Reino de España ante el Vaticano actuó más bien de valedor de la Conferencia Episcopal Española ante el Gobierno socialista. 

El problema de Paco Vázquez es que no sabe cómo casar su fervor religioso con la militancia política y quiere dar testimonio de fe acusando a los dirigentes sociatas nada menos que de azuzar el anticlericalismo con leyes que irritan a sus amigos de Añastro. No es político serio ni católico ilustrado el que desconoce que un Parlamento democrático legisla para ciudadanos, no para creyentes. 

El flamante secretario general del PSdG-PSOE acierta al no responder a las tarascadas verbales del que lo fuera con más pena que gloria. La opinión pública bien informada aprecia el debate de ideas pero suele rechazar las que carecen de sustancia y futuro.

Paco Vázquez no sabe cómo casar su fervor religioso con la militancia política
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