Pablo Iglesias se coloca en la senda de Lerroux

Iglesias cambia los guantes de boxeo por el traje a medida en la revista Vanity Fair.
Iglesias cambia los guantes de boxeo por el traje a medida en la revista Vanity Fair.

Desde Podemos se han negado a participar en lo que han llamado “homenaje a una persona corrupta”, algo no probado. Quiso la casualidad que el mismo día Iglesias protagonizase una imagen de la revista Vanity Fair, y el nombre lo dice todo, en atuendo de gala.

Pablo Iglesias se coloca en la senda de Lerroux

El ritual de cortesía en las Cortes, un minuto de silencio por el fallecimiento de uno de sus miembros, ha dado lugar al enésimo ejercicio de provocación pueril de los dirigentes de Podemos. Conscientes de la necesidad de aprovechar toda oportunidad para socavar la imagen de sus rivales, se han negado a participar en lo que han llamado “homenaje a una persona corrupta”, algo no probado y en todo caso ajeno al carácter meramente ceremonial que tienen esos rituales, independientes de los méritos de quien los recibe póstumamente.

Poco importa que socios de Podemos o sus propios senadores se hayan desmarcado. Interesaba atraer la atención un día más y cualquier excusa es pertinente. Quiso la casualidad que el mismo día el Sr. Iglesias protagonizase una imagen de la revista Vanity Fair, y el nombre lo dice todo, en atuendo de gala. Rompiendo  el código social comúnmente aceptado en las relaciones institucionales, pero aceptándolo en el juego del espectáculo, para extremar así las distancias con el resto del orbe político.

Ese estilo, que es más que una política, define al personaje y tiene un lejano pero claro antecedente en el joven Alejandro Lerroux, cultivador de la oratoria más demagógica  de la época, tribuno despiadado y populista consciente. Uno de los primeros en descubrir la forma de atraer masiva y emocionalmente a sus seguidores, aunque en verdad la teoría figura en la Retórica de Aristóteles. Esas cualidades, unidas a la utilización agitadora de los medios de comunicación, lo transformaron muy pronto en un político de referencia en la Cataluña de la Restauración. Su evolución posterior es otra historia.

De la misma forma que esas cualidades explican al personaje Donald Trump, también creador y cultivador durante muchos años de un estilo de intervención pública, que lo ha hecho reconocible con independencia de sus propuestas reales. Ahora le llaman post-verdad que evidentemente no es verdad pero tampoco es totalmente falsedad. El relato es lo que importa, la explicación para hacer pasar por inteligencia racional lo que no deja de ser un batiburrillo emocional.

Sin duda, los lectores tendrán en la memoria otros relevantes ejemplos de la historia europea.

Pablo Iglesias se coloca en la senda de Lerroux
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