El nuevo embajador de EE UU en España azuza el “gran error” de Sánchez en el gasto en defensa
El recién designado embajador de EE UU en España, Benjamín León Jr., ha dejado clara su hoja de ruta antes incluso de aterrizar en Madrid: presionar al Gobierno de Pedro Sánchez para que “revierta el gran error” de negarse a elevar el gasto militar hasta el 5% del PIB, el nuevo objetivo acordado por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Su posición se alinea plenamente con las exigencias de Donald Trump, quien ha endurecido su discurso contra España, sugiriendo incluso su expulsión de la Alianza Atlántica si no cumple con los compromisos asumidos en la cumbre de La Haya.
Durante su comparecencia ante el Senado estadounidense, León afirmó que trabajará “diligentemente con el Gobierno de España para hacerle entender que no alcanzar el 5 % en gasto en defensa es un grave error”. Añadió que resulta “preocupante” que Sánchez haya pasado de comprometerse ante “todas las naciones europeas” a llegar a ese objetivo a conformarse con el 2 %, cifra que, según la OTAN, ya se ha quedado corta ante el nuevo contexto geoestratégico.
El diplomático, empresario de origen cubano y donante histórico del Partido Republicano, insistió en que España “ha sido siempre un gran socio de EE UU” y un aliado estratégico en materia de seguridad, pero advirtió que trabajará “para revertir esa política” y garantizar el cumplimiento del compromiso asumido en el seno de la Alianza.
Las palabras del futuro embajador no fueron casuales. Se producen en plena escalada de tensión entre Washington y Madrid, tras las reiteradas declaraciones de Trump, quien ha llegado a decir que España “debe ser reprendida y castigada” por no cumplir con los acuerdos de defensa, e incluso ha sugerido que los aliados europeos consideren su expulsión de la OTAN.
El argumento económico del Gobierno español
Desde La Moncloa, el Ejecutivo de Pedro Sánchez defiende que España cumple con los objetivos de capacidades militares fijados por la Alianza, con un gasto equivalente al 2,1 % del PIB —unos 30.000 millones de euros—, y asegura que el país “es un socio leal y fiable”.
Sin embargo, asumir el compromiso del 5 % implicaría un incremento de más de 40.000 millones adicionales anuales, algo que el Gobierno considera “inviable” dentro de su actual marco presupuestario. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha reiterado que el esfuerzo de España en misiones internacionales y en modernización tecnológica “compensa la diferencia porcentual” respecto a otros aliados.
Pero esa explicación no convence a Washington. Trump y su entorno han convertido el gasto militar en un símbolo político de liderazgo y disciplina aliada. Para el presidente estadounidense, el cumplimiento del 5 % no es solo una cuestión de estrategia militar, sino una demostración de alineamiento con la doctrina trumpista de “America First”, que exige un mayor esfuerzo económico de los socios europeos.
España, en el punto de mira de la narrativa trumpista
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, también ha expresado su preocupación por la postura española. En declaraciones recientes tras su visita a la Casa Blanca, afirmó: “España dice que puede cumplir con menos del 3,5 %, pero eso no es realista. Pronto lo comprobaremos”. Esas declaraciones, expresadas al salir de su reunión con Trump en la Casa Blanca este miércoles, reflejan la incomodidad creciente dentro de la Alianza, que teme que la disputa entre Washington y Madrid pueda derivar en una fractura interna.
Fuentes diplomáticas europeas aseguran que Bruselas intenta “rebajar la tensión”, consciente de que Trump está utilizando el caso español como ejemplo de lo que considera “la falta de compromiso europeo con la defensa común”. De hecho, el propio León reconoció en su intervención ante el Senado que el Congreso estadounidense comparte la preocupación del presidente: “no es solo preocupante para el presidente de Estados Unidos, sino también para el Congreso”, dijo.
El renovado protagonismo de España en el discurso de Trump no es casual. Desde su regreso al poder, el mandatario republicano ha reactivado su vieja obsesión con el gasto militar europeo, presentándose como el presidente que “obligó” a los países aliados a invertir más en defensa. En esa narrativa, España se ha convertido en el contrapunto perfecto: un país que, pese a su papel logístico clave con las bases militares en Rota y Morón, sigue en el vagón de cola de la inversión militar.
Fuentes próximas al Departamento de Estado admiten que la Administración Trump quiere usar el caso español para reforzar su mensaje ante el Congreso y ante la opinión pública: que Washington no puede seguir “subsidiando la seguridad” de aliados que “no cumplen su parte”.
Un desafío diplomático de alto voltaje
La llegada de Benjamín León Jr. a Madrid promete tensar aún más la relación bilateral. Su perfil —empresario millonario, vinculado a la derecha republicana y sin experiencia previa en diplomacia— anticipa un mandato combativo.
En los próximos meses, la cuestión del gasto militar se perfila como un punto de fricción constante entre Washington y Madrid, con implicaciones no solo económicas, sino también políticas y estratégicas. España se enfrenta así a un dilema incómodo: resistir la presión de Trump en nombre de la autonomía presupuestaria europea o ceder parcialmente para mantener su influencia dentro de la OTAN y evitar un deterioro mayor de la relación transatlántica.
El mensaje de Washington es inequívoco: la paciencia con España se agota. Trump ha encontrado en el gasto militar un nuevo campo de batalla y en Sánchez un adversario idóneo para reafirmar su liderazgo frente a la OTAN.
El Gobierno español, que insiste en su “compromiso con la Alianza”, deberá decidir si mantiene su resistencia o busca una vía intermedia que le permita conservar su credibilidad ante Bruselas sin provocar una ruptura con Washington. Lo que está claro es que el debate sobre el gasto en defensa ya no es técnico ni presupuestario: se ha convertido en una cuestión de poder y de geopolítica global. @mundiario