Moreno busca revalidar su mayoría en Andalucía mientras Montero se blinda en un examen a Sánchez
El presidente andaluz traslada todo su empeño para revalidar la mayoría absoluta que le permite prescindir de Vox, mientras la ministra de Hacienda irrumpe en la contienda respaldada por La Moncloa en el último tramo antes de las generales.
La cuenta atrás a las elecciones en Andalucía ha arrancado con un movimiento de fichas que tiran hacia la consolidación frente a movilización. Por un lado, el presidente Juanma Moreno adelanta los comicios para reforzar su narrativa de estabilidad y aspirar a gobernar en solitario. La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, abandona el Gobierno central para encarnar una ofensiva política que trasciende la comunidad autónoma y se proyecta directamente sobre Pedro Sánchez.
El cálculo del presidente andaluz es repetir la mayoría absoluta con la que gobierna que le permita evitar cualquier dependencia del partido Vox de Santiago Abascal y consolidar su perfil de gestor moderado. Su discurso pivota sobre la llamada “vía andaluza”, una fórmula de gobierno centrada en estabilidad, crecimiento económico y baja confrontación ideológica.
La decisión de adelantar las elecciones al 17 de mayo responde tanto a razones tácticas como políticas. Moreno busca minimizar riesgos —especialmente la abstención o el exceso de confianza de su electorado— y sorprender a una oposición que aún sopesa sus cuitas. Al mismo tiempo, el barón andaluz del PP intenta evitar que el desgaste acumulado en áreas sensibles como la sanidad pública marque el final de la legislatura.
Sin embargo, su mayor desafío no está solo en la izquierda, sino en la aritmética parlamentaria. Aunque las encuestas le sitúan como favorito, la posibilidad de perder la mayoría absoluta sigue abierta, lo que reabriría el debate sobre pactos con Vox, una opción que el propio Moreno intenta diluir en campaña.
Montero: Andalucía como laboratorio en clave nacional
Frente a la estrategia de continuidad del PP, la apuesta de Montero es más ambiciosa, y pasa por convertir las elecciones en un referéndum político sobre el modelo de servicios públicos y, en última instancia de manera indirecta, sobre la gestión del Gobierno central.
Su salida del Ejecutivo simboliza un cambio de fase. No es solo una candidata autonómica, sino una figura estrechamente ligada a Pedro Sánchez durante los últimos ocho años del sanchismo. Esa conexión convierte la cita andaluza en una suerte de plebiscito anticipado sobre el sanchismo.
El PSOE asume que su principal problema no es tanto la fuga de votos como la desmovilización. La brecha entre resultados en elecciones generales y autonómicas —con cientos de miles de votantes que se quedan en casa— se ha convertido en la obsesión estratégica de la campaña.
De ahí que la implicación directa de Sánchez sea estructural, porque confían en que su figura sigue siendo el principal motor de movilización del electorado progresista, pese a que no rindió frutos en Extremadura o en Aragón, y hasta ahora los mejores resultados los ha cosechado Carlos Martínez en Castilla y León, el alcalde de Soria que no apoyó a Sánchez en las primarias del PSOE. @mundiario