Montero se vuelca en Andalucía: el PSOE busca recuperar su feudo pese a la financiación autonómica
El regreso de María Jesús Montero a la primera línea política en Andalucía no es solo una candidatura electoral, es un movimiento estratégico del PSOE para recuperar un territorio que durante décadas fue baluarte de hegemonía socialista. Pero también es una apuesta de alto riesgo, marcada por las decisiones del Gobierno que amenazan con erosionar su discurso territorial.
El principal desafío para Montero no está en la oposición, sino en su propio legado como ministra de Hacienda. La propuesta de reforma del sistema de financiación autonómica —que incluye elementos de “financiación singular” para Cataluña tras pactarlo con Esquerra Republicana de Catalunya— se ha convertido en un flanco vulnerable en varias comunidades.
El Partido Popular ha encontrado en este punto un argumento eficaz al presentar la reforma como un privilegio territorial que rompe la igualdad entre comunidades. En una comunidad como Andalucía, históricamente sensible a los agravios comparativos, el impacto de este relato no es menor.
Desde el entorno de Montero, sin embargo, se insiste en lo contrario y sostienen que la reforma incrementaría significativamente los recursos para la comunidad, situándola entre las más beneficiadas en términos absolutos. El problema no es técnico, sino político al explicar una reforma compleja en plena campaña y neutralizar su simplificación como “trato de favor”.
Una campaña condicionada por Bruselas
A la controversia interna se suma un revés externo, la exclusión de Málaga como sede de la futura Autoridad Aduanera de la Unión Europea. La candidatura había sido impulsada personalmente por Montero, que buscaba convertirla en un símbolo de proyección internacional para Andalucía.
El descarte, sin embargo, ha desactivado ese argumento y ha abierto la puerta a las críticas sobre la supuesta pérdida de influencia del Gobierno en las instituciones europeas. En campaña, los símbolos importan tanto como las cifras, y este revés debilita uno de los pocos activos positivos que la candidata podía exhibir sin contrapartidas en clave territorial.
Ante este escenario, la campaña de Montero pivota sobre el eje de recuperar la conexión emocional con el electorado andaluz. Su perfil —médica de formación y exconsejera de Salud bajo los gobiernos de Manuel Chaves y José Antonio Griñán— le permite centrar el discurso en el deterioro de los servicios públicos, especialmente la sanidad, uno de los puntos más sensibles para la ciudadanía y que erosionan la imagen de buen gestor del presidente andaluz Juanma Moreno.
El objetivo es desplazar el foco desde los debates estructurales como la financiación y los acuerdos con Cataluña, hacia cuestiones cotidianas donde el PSOE cree tener mayor capacidad de movilización. Es, en esencia, un intento de recentrar la campaña en el terreno autonómico y evitar que se convierta en un plebiscito sobre la política nacional.
La movilización del PSOE
El despliegue socialista en Andalucía será amplio. Montero contará con el respaldo directo de Pedro Sánchez y de figuras históricas del partido como Chaves o la expresidenta Susana Díaz. También se prevé la participación del president de la Generalitat catalana, Salvador Illa, en un intento de contrarrestar el desgaste derivado del debate territorial.
Sin embargo, esta estrategia entraña una paradoja porque, aunque la presencia de líderes nacionales puede reforzar la imagen de unidad, también es probable que pueda reactivar el vínculo entre la candidata y decisiones impopulares del Gobierno central.
El PSOE afronta estas elecciones desde una posición inédita de debilidad en Andalucía. Los resultados de 2022 de Juan Espadas marcaron un mínimo histórico, y las encuestas anticipan un escenario similar o incluso peor. Frente a ello, el actual presidente autonómico del PP llega con una posición consolidada y una imagen moderada que ha ampliado su base electoral. El reto de Moreno, en realidad, sería poder revalidar la mayoría absoluta en la comunidad más habitada para no depender de Vox para la investidura.
Para Montero, el desafío no es solo competir, sino reconstruir un proyecto político creíble en un territorio donde el socialismo ha perdido su condición de fuerza hegemónica. @mundiario