Un millón de vacantes sin cubrir: la tensión que destapó Ayuso y amplificó Tellado
El secretario general del Partido Popular, Miguel Tellado, ha salido a sostener el discurso de Isabel Díaz Ayuso tras sus polémicas palabras sobre inmigración. Lo ha hecho con un mensaje contundente —“hay un millón de puestos que no se cubren”— que pretende convertir un desliz retórico de la presidenta madrileña en una declaración programática sobre el futuro laboral del país. Pero, en realidad, lo que ha puesto sobre la mesa es una tensión que el PP arrastra desde hace años: la necesidad económica de atraer inmigrantes frente a su propia dificultad para verbalizarlo sin complejos.
La escena es conocida: Ayuso, en un intento de marcar distancias con Vox, acabó recurriendo a una argumentación utilitarista que reduce a los inmigrantes a mano de obra imprescindible para sostener los engranajes sociales y económicos. Tellado, en lugar de rectificar, convirtió ese planteamiento en tesis oficial. España, dijo, necesita trabajadores. Necesita manos. Necesita gente que venga a “aportar”. Y ahí reside el verdadero debate: ¿puede un país europeo del siglo XXI limitar la conversación sobre inmigración a una cuestión de escasez laboral?
La respuesta de Tellado es clara, sencilla, calibrada para una rueda de prensa. Sin embargo, detrás de ella late un problema mayor: la contradicción entre un discurso político que quiere sonar firme, exigente y selectivo, y una realidad que desborda cualquier intento de simplificación. España no solo requiere cubrir vacantes; requiere repensar su modelo económico, su pirámide demográfica y su marco de convivencia.
Tellado ha preferido el atajo: mano de obra sí, inmigración “ilegal” no. Una fórmula que funciona bien en titulares, pero que queda corta cuando se pone bajo la luz del análisis demográfico y laboral. El mensaje emociona a ciertos electores, pero no siempre explica el mundo tal como es.
La dualidad del PP ante la inmigración
La propuesta de un visado por puntos, limitada a países de “cultura próxima”, revela la voluntad del partido de controlar el flujo migratorio bajo criterios de afinidad cultural. El planteamiento puede ser eficaz como estrategia política, pero introduce una tensión evidente: ¿se puede defender una inmigración ordenada sin caer en un discurso jerárquico sobre qué personas merecen más oportunidades?
Tellado lo enmarca en términos de eficiencia laboral. Feijóo, en los de “mérito” para la nacionalidad. Ambos buscan evitar el maximalismo que achacan a PSOE y Vox, pero, en el proceso, dibujan un país con fronteras semánticas además de físicas. Un país donde importar trabajadores es aceptable, siempre que entren por el carril adecuado y bajo un criterio de “cercanía cultural” que otros países europeos ya han abandonado por considerarlo discriminatorio.
Mano de obra sí, pero ¿a qué precio discursivo?
España tiene un desafío monumental: una natalidad en caída libre, sectores enteros sin personal y una población envejecida que hace inviable el sostenimiento del sistema si no se integra mano de obra extranjera. Sin embargo, la solución no puede basarse exclusivamente en una visión utilitarista del inmigrante como engranaje. Hablar solo de puestos de trabajo deshumaniza el debate y genera una narrativa peligrosa: la de que solo es bienvenido quien llegue con productividad garantizada.
Tellado insiste en que “los que quieran venir a delinquir se tienen que ir”. Es un mensaje que calma a determinados sectores, pero también refuerza un estereotipo que criminaliza por defecto al recién llegado. Falta aquí la pedagogía política —la que sí practican otros países europeos— que explique lo obvio: la delincuencia no se combate con discursos identitarios, sino con instituciones sólidas, mecanismos de integración y justicia social.
Por otro lado, el caso del fiscal general, al que Tellado acusa de “mancharse la toga de fango”, sirvió de contrapeso discursivo para reforzar su idea de autoridad moral. Pero su intervención deja algo claro: el PP ha desaprovechado una ocasión para liderar un debate honesto y maduro sobre inmigración. En lugar de elevar la conversación a un plano estratégico —hogares, empresas, envejecimiento, economía, cohesión social— la ha reducido a un intercambio de titulares contundentes. @mundiario

