La lealtad como valor político, cuestionada

Pablo Casado en el Congreso. / Mundiario
Pablo Casado en el Congreso. / Mundiario

Ningún proyecto puede construirse y prosperar sin leales. Esos que luchan por convicción, movidos por la creencia en unos ideales, en un proyecto, en una causa.

La lealtad como valor político, cuestionada

Entre las múltiples citas que se le atribuyen a Martín Lutero, el teólogo y reformador alemán, hay una que se ajusta muy bien a los acontecimientos que están sucediendo en la política nacional esta semana: “Cuando la batalla se recrudece, se prueba la lealtad del soldado.”

Y es que en el PP nacional estalló inicialmente una guerra sangrienta entre Casado y Ayuso en la que las armas han sido las acusaciones de corrupción, espionaje, comisiones, testaferros, incluso chantaje.

Cuando todo parecía indicar que el presidente del PP iba ganando la batalla, al fin y al cabo era el que afirmaba que había indicios de corrupción y que estaba dispuesto a llegar hasta el final para averiguar toda la verdad, (¡oh,cielos, alguien en el PP luchando contra la corrupción!) la historia dio un giro inesperado, con manifestación de militantes del PP incluida defendiendo a Ayuso ante la sede de Génova,  cuando la mayoría de los barones populares consideraron esa actitud de Pablo Casado inaceptable y empezaron a pedir la cabeza de García Egea y un Congreso Extraordinario para decidir el nuevo rumbo del partido cuanto antes.

A pocas horas de la reunión con los barones territoriales del PP en Génova 13, hemos visto en el Congreso de los Diputados a un Pablo Casado derrotado y abandonado por los suyos. Por todos, menos por tres que le han acompañado en los días difíciles. Tres leales que sí han demostrado su lealtad en la batalla. 

Lealtad, quizás uno de los ingredientes básicos de la política. Porque ningún proyecto puede construirse y prosperar sin leales. Esos que luchan por convicción, movidos por la creencia en unos ideales, en un proyecto, en una causa.

Y es cierto como dice el filósofo Simon Keller, que la lealtad tiene límites, porque como parte esencial de la vida humana, es también susceptible de error. Para Keller la lealtad no es una virtud ni un valor, sino algo menos meritorio, tal vez por ser más complejo.

Y es obvio que ser leal es complejo y difícil. Lo hemos visto en varias ocasiones recientemente. Los leales parecen no tener espacio en la política actual donde prima el interés, antes que la integridad, o donde el ensañamiento como hienas sobre el caído ante la mirada cómplice de aquellos que no se atreven a salir de la jauría, está a la orden del día, sobre todo si el caído es del mismo partido político. Porque ya sabemos que los humanos somos más condescendientes con los ajenos que con los propios,

Hemos visto estos días como la política ha puesto a prueba esta cualidad, la del sentimiento de respeto y fidelidad a los propios principios morales, a los compromisos establecidos o hacia alguien.  Es fácil ser leal en la abundancia, pero por lo que se ve muy difícil en la escasez.

Y aunque Keller no considere la lealtad como un valor, sí deberíamos acogernos a una “ética de mínimos”  que cada uno de nosotros debería respetar en cualquier circunstancia, porque faltar a esa ética de mínimos si que sería una muestra de la ausencia de valor, en cualquiera de las acepciones de la palabra. @mundiario

La lealtad como valor político, cuestionada