El interés (político) general

Parque nacional y natural de Doñana. / RR SS.
Los debates parlamentarios debieran girar en torno a los intereses generales. Los ciudadanos deben juzgar si se subordinan a los privados.

La atmósfera de mensajes que circulan en este momento indica que las elecciones del 28 de mayo anticiparán las generales. El modo de hacer presentes unos u otros asuntos y, sobre todo, el acento con que los mencionan indican las posiciones partidistas sobre ellos, a la espera de ir cuantificando la cantidad de emoticonos –a ser posible de corazoncitos- que son capaces de sumar. Antes de que pensar qué papeleta de voto elegir entre la espiral de emociones de última hora, no estaría mal entrenar las neuronas para decidir, con más reflexión que la que tienen los algoritmos bien educados, cuál sea la más coherente.

Doñana como ejemplo

El debate suscitado en torno a estas marismas que, hasta ahora, eran patrimonio de la humanidad, paisaje natural de prestigio y centro de investigación ecológica de máxima categoría, es altamente significativo. A su lado, los que han suscitado estos días la ley del sí es sí, las viviendas sociales, y las fantasiosas promesas de  candidatos a cualquier ayuntamiento o autonomía, son un pálido reflejo de cómo se está movilizando a los posibles votantes para que no se queden en casa el día 28 de mayo y voten “adecuadamente” en su distrito electoral.

El tira y afloja en torno a los terrenos de regadío en Doñana cuenta con bastantes ingredientes de los que en una supuesta baremación de la calidad humana hace dudar seriamente. Después de una larga secuencia de desatenciones y descuidos, en que se pretenden legalizar 800 Has. ilegales de cultivos, para dar satisfacción a unos posibles votantes de la zona se esgrime como argumento que son muchos puestos de trabajo los que se perderían de no lograrse su aspiración. No parecen contar, sin embargo, ni las circunstancias objetivas de la situación física del terreno, ni las posibles sanciones de la Comunidad Europea ante el atropello, ni tampoco la más grave: la sequía. No importa repetir lo que aquel político del siglo XIX, prometía a sus electores: un puente; aunque no había río que cruzar les decía que tendrían un río. En Doñana también parece que dé igual el grado de pluviosidad que tenga la zona, al borde de la desertificación. Y mientras, las protestas de los agricultores, no solo de Andalucía, por el grave riesgo en que se encuentran los cultivos en este mes de abril, el menos lluvioso en 60 años, no cesan. Pronto lo notarán los consumidores en los precios de los alimentos, como ya notan en muchas comarcas el racionamiento del agua potable y que  la situación de muchos embalses ya hace habitual el ronroneo de los camiones cisterna. Esgrimir el regadío en las zonas aledañas a Doñana, como si de algo perverso se tratara, cuando todos los informes científicos de solvencia aseguran su inutilidad, es un modo de imponer un blanqueo de la realidad y una tomadura de pelo. Lo ya acontecido en el Mar Menor deja impasibles a muchos malos gestores del ecosistema; ven avanzar el desierto, pero les sigue siendo rentable la tozudez discutir si es o no adecuado un plan de regadío sin agua.

La Gallina ciega

Hay dos cosas grabadas en el inconsciente de quienes oyen estos mensajes contradictorios sobre lo que acontece. Por un lado, que el crecimiento económico es infinito; lo que se ha venido denominando “desarrollo”, “progreso” y “avance”, ha puesto siempre delante de los proyectos, planes y decisiones estratégicas de los humanos la negación de la finitud de materias primas y energías imprescindibles para  activar técnicas y procesos más eficientes y más productivos en rentabilidad inversora. Las sucesivas revoluciones industriales y tecnológicas han tenido como base estructural una cultura en que la Naturaleza tiene un ser pasivo del que a los humanos, cuanto más listos, más pueden aprovecharse sin límites; no hacerlo es de retrasados. Para que esto fuera más indiscutible, la mentalidad en que hemos sido educados es la del “interés”; todo ciudadano nace ya inmerso en ese cálculo: las empresas, la banca y, más cerca, la gestión de los recursos, sobre todo los del ahorro que cada cual sea capaz de hacer. Cabe recordar, que la primera propaganda institucional que las Cajas de Ahorro empezaron a hacer desde el siglo XIX –fomentando incluso “el ahorro escolar”-  se cifraba en torno al “interés” de una cantidad fija anual. Don Braulio Antón Ramírez, desde el Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Madrid, fue prolífico pionero de este objetivo educador.

Por otro lado, la eficiencia de tan “buena educación” es fácil advertirla en alumnos merecedores de diploma de honor por aventajados en el interés de lo privado. Los ejemplifica muy bien la fotografía de una turista medio recostada en las vías de acceso a la puerta central del que fue campo de exterminio, en Auschwitz. La mayoría de las lecturas que admite insistirán en el sentido más banal de lo que pueda ser andar por el mundo, pensando que se puede ser feliz en cualquier parte  con la cabeza vacía y solo pendiente de dejar constancia de que se estuvo allí.  En otro polo, no muy lejano, puede situarse la propuesta última de los obispos sobre el cheque escolar universal para que no haya diferencias entre la enseñanza concertada, privada y pública, como si así se evitarían discriminaciones. No consta en esa propuesta que así se supriman las desigualdades educativas –ni las de conocimiento a dispensar- que cualquier observador puede ver si mira qué pasa, por ejemplo, con las diferencias visibles del sistema educativo en cualquier suburbio urbano y, en muchas autonomías, fruto en buena medida del trato preferencial que  su “buen gobierno”  dispensa a los cienmileuristas.

La tendencia a explotar el recurso de “lo natural” a conveniencia suele ser muy fuerte y, para que se vea que nos pueden comer el coco sin que nos enteremos, es relevante el arreglo prejudicial que, en EEUU, acaban de formalizar la Cadena FOX y la empresa Dominion, en que la empresa televisiva ha pagado una sustanciosa millonada de dólares para evitar un juicio en que el deterioro de imagen podría hacerle perder más. No le ha salido gratis haber generado un fraude informativo a cuenta de difamar a la segunda empresa, y deja claro que los abusos, mentiras y manipulaciones son un recurso publicitario frecuente, que no excluye los procesos electorales. La diferencia entre lo verosímil y la verdad suele ser grande, y no está de más entrenarse para distinguir dónde pueda estar la ingeniería creativa de quienes difunden supuestas verdades. Mezcladas con prejuicios previos,  expresivos de “lo natural” y “como Dios manda”, se entenderá mejor el juego de la Gallina ciega, del que Goya dejó un simbólico cuadro en la serie de cartones para la Real Fábrica de Tapices. Es lo más parecido a “dar palos de ciego” ante urgencias inexcusables sobre las que la climatología no para de avisar. @mundiario