Feijóo y la falsa promesa de la integración a golpe de examen
El plan de Feijóo para endurecer los requisitos de nacionalidad plantea elevar el nivel de español y las pruebas culturales. Detrás de esta propuesta late un debate sobre identidad, integración y el futuro de una España que sigue definiéndose por su diversidad y su capacidad de acoger.
Alberto Núñez Feijóo ha propuesto endurecer los requisitos culturales y lingüísticos para acceder a la nacionalidad española. Según él, la nacionalidad “no se regala, se merece”. Suena solemne, pero detrás de esa frase late una idea que merece ser discutida. ¿Qué significa “merecer” la ciudadanía? ¿Quién establece los criterios de lo que es ser español o estar integrado?
España no es una isla cultural aislada, sino un mosaico tejido por siglos de mestizaje, migraciones y convivencia. Pretender que la integración se mida solo por un nivel de lengua o por una prueba más difícil es reducir un fenómeno humano a un examen administrativo. Claro que la integración es importante, pero no se logra con formularios ni con pruebas tipo test, sino con políticas reales de inclusión, vivienda, educación y empleo. De nada sirve pedir un nivel B2 de español si luego se cierran las puertas laborales o se estigmatiza al extranjero en los barrios donde intenta construir su vida.
La identidad no es un examen, es convivencia
El discurso del líder del PP apunta a una preocupación legítima: cómo gestionar la inmigración de manera ordenada y segura. Pero el problema está en el enfoque. Cuando se insiste en que los barrios “no deben volverse irreconocibles”, se alimenta una narrativa de miedo. El cambio cultural no es una amenaza, es la esencia misma de cualquier sociedad viva.
España no ha sido un país estático. Desde los sefardíes hasta los latinoamericanos que hoy llenan nuestras aulas y hospitales, cada ola migratoria ha dejado una huella que ha enriquecido el país. La lengua, la cultura y los valores no se “defienden” endureciendo exámenes, sino fomentando el respeto mutuo y la educación cívica para todos.
Si se quisiera fortalecer la integración, las políticas deberían ir en sentido contrario: apoyo al aprendizaje del idioma desde el primer día, acompañamiento social y programas de convivencia en los barrios. Porque la verdadera amenaza no son los acentos distintos, sino la desigualdad que separa a quien llega de quien ya estaba.
El reto no es cerrar puertas, sino abrir oportunidades
Feijóo busca diferenciarse de la extrema derecha, pero su propuesta se desliza peligrosamente hacia su mismo terreno retórico. Hablar de “barrios irreconocibles” es asumir que la diferencia cultural equivale a degradación, y eso es tan falso como injusto. Las ciudades cambian, y ese cambio no las destruye, las transforma.
España necesita una política migratoria moderna y humana, no una competición de dureza. Una política que reconozca que quienes llegan no vienen a quitar, sino a sumar. Que entienda que la nacionalidad es el último paso de un proceso de integración, no una barrera que se eleva cada vez más alto.
Si queremos que los nuevos españoles compartan nuestros valores, debemos empezar por compartir con ellos las oportunidades que permiten vivir dignamente. La integración no se impone, se construye día a día, con empatía y justicia social. Porque al final, un país no se defiende encerrándose, sino abriéndose a quienes quieren formar parte de su futuro. @mundiario