Feijóo y Abascal chocan por la inmigración: el PP lleva la regularización de Sánchez a Europa
La inmigración vuelve a situarse en el centro del debate político español con varias citas electorales autonómicas en el horizonte y un Gobierno que ha optado por aprobar por decreto una regularización extraordinaria de personas en situación irregular. La decisión ha actuado como catalizador de una pugna que llevaba tiempo larvada en la derecha, donde Partido Popular y Vox compiten por capitalizar el descontento social con la política migratoria del Ejecutivo.
El líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, ha decidido convertir la regularización en una bandera política. Su estrategia pasa por internacionalizar el conflicto y llevarlo al corazón del Partido Popular Europeo (PPE). En la cumbre de Zagreb (Croacia), el líder del PP español trasladará a sus socios comunitarios que la medida aprobada por el Consejo de Ministros podría vulnerar el pacto europeo de migración y tener efectos indirectos sobre la libre circulación en el espacio Schengen.
No es un movimiento nuevo en la historia del PP. Ya en 2005, con José Luis Rodríguez Zapatero en el Gobierno, los populares llevaron a Bruselas su rechazo a una regularización similar. El objetivo ahora es doble. Por un lado, intentar condicionar o erosionar políticamente la iniciativa de Sánchez. Pero también el PP quiere presentarse como una fuerza de orden, capaz de oponerse al Gobierno desde marcos institucionales y europeos, sin renunciar a endurecer su discurso.
Este posicionamiento no está exento de contradicciones. En abril de 2024, el PP votó a favor de tramitar en el Congreso una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) promovida por organizaciones sociales y respaldada por la Iglesia católica que perseguía una regularización de alcance similar. Génova sostiene que aquel “sí” solo pretendía abrir el debate parlamentario y que su apoyo final dependía de introducir enmiendas para una regularización individualizada y vinculada al empleo. Sin embargo, ese antecedente es utilizado ahora por Vox para cuestionar la coherencia del giro popular.
Vox acelera y judicializa el conflicto
Frente a la estrategia europea del PP, Vox ha optado por una respuesta inmediata y contundente. El partido de Santiago Abascal ha anunciado un recurso ante el Tribunal Supremo para solicitar la suspensión cautelar del real decreto. Además, ha activado su propia ofensiva en Bruselas, reclamando la intervención de gobiernos afines y del comisario europeo de Interior.
La diferencia no es solo de formas, sino de fondo. Vox rechaza cualquier regularización, sea colectiva o individualizada, y articula su discurso en términos de soberanía, identidad nacional y colapso de los servicios públicos. Esa densidad ideológica le permite moverse con comodidad en un terreno donde el PP sigue buscando un equilibrio entre el endurecimiento del mensaje y una posición compatible con su tradición de partido con sentido de Estado.
En Génova asumen que la inmigración es uno de los ámbitos donde Vox parte con ventaja. Los estudios internos del PP reflejan que el partido de Abascal capitaliza tanto el malestar de sectores conservadores como la fuga de votantes socialistas descontentos con la política migratoria del Gobierno. De ahí que Feijóo haya decidido no ceder el campo y encabezar la oposición, aunque ello implique tensiones con la Iglesia, la Corona o con organizaciones empresariales que ven con buenos ojos la regularización por razones humanitarias o de mercado laboral.
La pugna en la derecha
Vox, por su parte, utiliza el asunto para marcar perfil propio y presionar al PP desde la derecha, recordándole su voto favorable a la ILP y acusándolo de mantener una postura ambigua. La regularización se convierte así en un instrumento de competición interna dentro del bloque conservador, más que en un debate estrictamente técnico sobre gestión migratoria.
Mientras la derecha se divide entre la vía europea y la judicial, el Gobierno celebra una medida que cuenta con un amplio respaldo social y político en la izquierda, y que además puede desbloquear otras negociaciones clave, como la cesión de competencias migratorias a Cataluña, uno de los pendientes clave del PSOE para reconciliarse con Junts. Al optar por el decreto, el Ejecutivo evita el desgaste parlamentario y deja a PP y Vox sin capacidad de frenar la iniciativa en el Congreso.
En este contexto, la pugna entre Feijóo y Abascal revela algo más profundo: la dificultad del PP para construir un relato propio en inmigración sin quedar atrapado entre la presión electoral de Vox y sus propias posiciones previas. La regularización extraordinaria no solo reabre un debate de fondo sobre inmigración, sino que expone, una vez más, la batalla por el liderazgo de la derecha española. @mundiario