Erdogan y Turquía cavan su propia tumba y se alejan de la Unión Europea
La tensión entre Ankara y Bruselas ha subido a raíz de las útimas declaraciones de Recep Erdogan, quien acusó a las autoridades neerlandesas y alemanas de ser regímenes nazis.
La de Turquía y la Unión Europea es una historia no menos que cautivante. La solicitud de Ankara para entrar al exclusivo club de Bruselas lleva ya 30 años sobre la mesa y los tiempos actuales podrían ser los idóneos para la adhesión del Estado turco, que a día de hoy es elemental para la política migratoria del continente. No obstante, los gobernantes de Turquía se han encargado de ir cargándose de a poco los -pocos- avances en su adhesión al club entre otras cosas por sus muestras de cariño con Moscú, sus reformas antidemocráticas y sus pleitos con los Países Bajos, a los que acusó de ser nazis. Así, la UE no tuvo más opción que dar un serio jalón de orejas a Ankara, que respondió con amenazas de represalias tanto a los neerlandeses como a los dirigentes continentales, al tiempo que su gran líder Recep Tayyip Erdogan tildara a Angela Merkel de "apoyar a los terroristas". Posterior a Erdogan, Numan Kurtulmus, vice primer ministro de Turquía, confirmó que su país cancelaba formalmente todas las relaciones oficiales con La Haya a nivel ministerial.
Ya en 2011 Erdogan había criticado seriamente a la unión luego de que ésta rechazara nuevamente su candidatura para adquirir su membresía. “La UE es un geriátrico en estado cuasi comatoso. Nuestras relaciones están a punto de alcanzar un punto de no retorno”, dijo en aquel entonces. La nominación nunca ha sido rechazada por completo, pero tampoco nunca ha estado cerca de cumplirse, pero lo cierto es que a estas alturas está más lejos que nunca de ser aceptada. El imprudente Erdogan acusó al Ejecutivo neerlandés de ser "nazis" luego de que el país prohibiera la entrada a dos de sus funcionarios para celebrar mítines para la reforma constitución que se celebrará en Turquía en abril. Ayer, escribe El País, subió un tanto más el tono al acusar a Berlín de estar al servicio del terrorismo de forma deliberada.
Y la capital alemana optó por posicionarse del lado de La Haya y aseguró que las acusaciones de Erdogan eran sencillamente "absurdas". La moción fue secundada también por otros integrantes de la UE. La Comisión Europea clamó al mandatario turco que pasara de acciones y declaraciones que no hicieran sino agravar más una situación que empieza a salirse de control. Y Erdogan, fiel a sí mismo, hizo todo lo contrario con sus amenazas de represalias a los Países Bajos, sus ataques a Alemania y su promesa de estudiar y revisar el pacto migratorio que firmó con la UE.
Kurtulmus, entretanto, avisó este lunes que suspendía oficialmente las relaciones oficiales con La Haya a nivel ministerial, de primeros ministros y de jefes de Estado como venganza por el veto holandés a sus dos funcionarios el sábado pasado. El vice primer ministro aseguró que no aceptarán a ningún representante holandés en Ankara, por lo que las relaciones quedan disminuidas tan sólo a motivos de negocios y comerciales. A la vez, el funcionario ha asegurado que el veto incluye también cualquier tipo de vuelo diplomático que provenga de suelo neerlandés. "Espero que estas medidas ayuden a Holanda a dar marcha atrás en sus errores", expresó Kurtulmus.
La situación en Turquía es bastante tensa luego de que el Ejército intentara dar un golpe de Estado en julio del año pasado. Aquella insurgencia dejó un saldo de 241 muertos y fue un parteaguas en la situación política del país en los últimos tiempos. El presidente dclaró Estado de emergencia y el mismo se extendió durante meses. Se salta oficinas y organismos para gobernar y lo hace con el puño de su letra y decretos. Tiene bajo su sombra al ejército mismo, a la policía, el sistema judicial, la educación y todos los sectores públicos y hasta el empresarial. Ha dejado sin empleo a 130.000 personas y ha gestado la detención de otras 90.000, de acuerdo a estadísticas recolectadas por Amnistía Internacional. A la vez, impulsa una reforma constitucional que eliminará la figura del primer ministro para dejar al país como un régimen presidencialista. El Consejo Europeo ha advertido que todo eso tiene apariencia de terminar en un régimen autocrático.
El presidente se ha puesto a su propio país en su contra y no tiene margen de error. Con los turcos en Turquía llenos de anticuerpos, Erdogan se tiró un salvavidas a sí mismo y decidió darle voto en el plebiscito sobre la reforma a los emigrantes. Eso explica su insistencia en enviar a sus funcionarios a otros países de Europa, quienes deberían estar juntando apoyos para su guía espiritual y han terminado por complicar más las cosas. La Haya le dijo que no bajo el pretexto de que no podía garantizar su seguridad, pues ellos mismos tienen sus elecciones a la vuelta de la esquina. Aquello tan sólo marcó el arranque de la trifulca diplomática e incluso se organizaron varias protestas violentas en Róterdam durante el fin de semana, explica El País. Suecia, Suiza, Bélgica, Dinamarca, Austria y la misma Alemania se niegan a permitir actos públicos que tengan algo que ver con el referendo en cuestión.
El total de esas negativas le ha colmado la paciencia al mandatario, que ha saado provecho con sus airadas alegatas y berrinches, interpretadas como un gesto de fervor patrio a las puertas de tan importante consulta. Similar situación en Países Bajos, con una dureza que invita al recuerdo de la extrema derecha. La revisión del acuerdo migratorio con Bruselas es probablemente la mejor munición que tiene Ankara a día de hoy, pues la más mínima modificación al mismo podría cambiar por completo las previsiones electorales en toda Europa.
Turquía hospeda a día de hoy a dos millones de refugiados. La Cancillería Federal y la UE firmaron el acuerdo con Erdogan para detener la llegada de migrantes y garantizar una leve paz en Holanda, Francia y Alemania, tres de sus socios consentidos. Erdogan mismo se ha dado a la tarea, tal vez sin querer, de corroborar las sospechas de su poca fiabilidad para este asunto. Y en Bruselas ya se acusa lo que El País califica de "postureo" entre La Haya y Ankara, aunque el término "nazi" con el que Erdogan calificó al Ejecutivo neerlandés de Mark Rutte todavía levanta malas sensaciones. A día de hoy, Turquía está más lejos que nunca de unirse a la UE.