El imaginario monárquico es una ficción como la monarquía misma

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Letizia se interpone ante la Reina. / RR SS

Los mortales normales hemos de aceptar como cosa natural que existan instituciones que perviven cuya función real es no hacer nada o simplemente existir, como ocurre con la monarquía y que la jefatura del Estado se herede como su fuera una finca

El imaginario monárquico es una ficción como la monarquía misma

El llamado “imaginario monárquico” es una construcción intelectual, consistente en introducir en la mente de las gentes el concepto de que la monarquía es una institución natural, que por tanto debe ser aceptada como tal con “naturalidad”. Reyes y príncipes siempre han estado ahí, formando parte de nuestras vidas y, además, están imbuidos no ya del origen divino que los consagra, sino de todas las cualidades que consideramos excelentes: el Rey es sabio, prudente, valeroso, etc.

Un simple repaso a los periódicos desde que fue entronizada la llamada “Monarquía del 18 de julio” –más tarde reformada, pero sin cuestionar su origen- si observamos las cosas que se han dicho y escrito de Juan Carlos de Borbón y su familia, se comprende perfectamente qué es el “imaginario monárquico”.

El comentadísimo incidente a la salida de misa en la catedral de Palma, en que Letizia Ortiz impidió una foto de la reina honorífica (impropiamente llamada emérita) y sus secuelas no es más que otra evidencia de que la monarquía es ficción de sí misma.

Rodríguez García catedrático de filosofía se preguntaba en un exitoso libro sobre la Corona cómo los mortales normales podemos aceptar como cosa natural que existan instituciones que perviven –aunque cada vez menos- cuya función real es no hacer nada o simplemente existir. Y en este sentido añadía que resulta prodigiosa la enorme variedad de monarquías que en el mundo quedan, algunas, consideradas ejemplo de modernidad, y otras, pura y simplemente en la Edad Media. Pero todas hermanas, de igual trato entre sí.

Sostiene Rodríguez García que no parece sencillo desbaratar el imaginario monárquico, si se tiene en cuenta las marcas que constituyen, y sobre todo, si que comienzan invade los frágiles territorios de la infancia- Con respecto a los elementos sobre los que se construye el “Imaginario monárquico”, en cuanto a su capacidad de causar el asombro de los súbditos y siervos.

Dice Gugliano Ferrero que es difícil entender que en el siglo XXI se pueda heredar la jefatura del Estado como si fuera una finca y añade que:

“El rey, con toda su familia, no podía ser visto en ningún momento, en ninguna circunstancia y en ningún lugar como un simple mortal, como un simple hombre de carne y hueso: tenía terminantemente prohibido nacer, crecer, comer, dormir, vestirse, hablar, escribir, contraer matrimonio, pasear, divertirse ... incluso morir, al igual que los demás seres humanos. Cada uno de sus actos y de sus gestos, cada uno de sus deseos o manifestaciones de voluntad, estaban precisa y minuciosamente reglados por una etiqueta preestablecida según ritos solemnes y ceremoniosos. De vez en vez, cuando no soportaban más su ficticia existencia y deseaban mezclarse un poco con la masa a fin de vivir algunas semanas como mortal entre los mortales, debería despojarse de sus atributos para emprender bajo un falso nombre «de incógnito» -se decía en otras épocas- un viaje al extranjero”. 

Es bien conocido, en este caso, que tanto Fernando VII, Alfonso XII o Alfonso XIII, por citar a tres de los más caracterizados borbones, gustaban de mezclarse con los ámbitos más sórdidos de su pueblo en tabernas, prostíbulos y lupanares, y que, especialmente el último citado, incluso utilizaba como hipocorístico un condado, bajo cuyo nombre visitaba a alguna de sus barraganas más conocidas.

Un concurso para crear súbditos

Uno de los territorios donde actúa con mayor insistencia la propaganda monárquica, en orden a crear en la mente infantil ese “imaginario monárquico” a favor de la institución es el mundo escolar, a través de un promocionado concurso llamado “¿Qué es un rey para ti?”. Se venía convocando cada año, con patrocinio comercial de empresas de telefonía móvil, como habitual respaldo, abierto a la participación de escolares de primaria, dos cursos de la ESO y alumnos de educación especial hasta los 18 años. Se trabaja en grupo, bajo la tutela que, salvo excepciones, suele ser una maestra que, caso de ganar, será recibida por el Rey junto a sus pupilos y saldrá retratada en las revistas del corazón. El motivo siempre es el mismo: el Rey como padre de la nación. Ahora tiene otro patrocinador, privado, por supuesto.

La foto de la hija mayor del matrimonio Borbón-Ortiz, rodeada de niños de todas las regiones españolas, de su misma edad, es una evidencia de que se pretende educar a los futuros ciudadanos en que han de ser súbditos leales de una niña como ellos, bisnieta de un taxista como algunos de ellos, pero ungida por los designios lejanos de un general que nombró a su abuelo su sucesor porque sí

Dice Lisón Tolosana queel examen, aunque breve, de esa aurea expresiva de la monarquía, nos remite a otro nivel de referencia: al simbólico moral. Esta institución lleva ventaja al partido político por su continuidad y estabilidad aseguradas en la persona del monarca, legítima autoridad máxima; pero además la monarquía es el campo más privilegiado del partido para analizar la relación entre el símbolo político y la realidad social”

Y concluye: La imagen es una figura, una ficción, una representación figurativa que vacía el cuerpo mortal del Rey y lo sustituye por un cuerpo místico; aunque subsista, como no puede ser menos, el primero, lo que importa es la presencia regia allí engastada. La persona y vida particular del Rey vienen silenciadas y narcotizadas por la potencia de la imagen total; cuanto mayor es ésta menos son aquéllas. El Rey debe sacrificarse en su interioridad e idiosincrasia, modos y maneras privadas, por su pueblo. Al ser Rey, se convierte en una figura pública, es una imagen. Más radicalmente: a la pregunta ¿Qué es el Rey?, la respuesta antropológica,

Hay dos datos relevantes sobre el debate o la preocupación de los españoles sobre la monarquía. A comienzos de 2018, según las encuestas del CIS –que no preguntan directamente sobre la Corona- revelaban que sólo el 0,2 por ciento de los encuestados consideraba que era un problema.

Ya no se pregunta por la Corona

Lo cierto es que, desde hace tres años, el Centro de Investigaciones Sociológicas, dependiente del Ministerio de Presidencia, evita preguntar a la sociedad sobre la monarquía española. En enero de 2018 el joven capeto español cumplia 50 años y celebró una especie de “Jubileo” entregando el Toisón de Oro -máxima condecoración de la familia real- a su hija Leonor.

De manera discreta, diversos medios se preguntan por qué la encuesta del CIS, que recoge la opinión pública sobre decenas de aspectos importantes para el Estado y su ciudadana, como el trabajo del Gobierno o la intención de voto en la próximas elecciones, no se interesa por lo que se piensa sobre la Jefatura del Estado.  La última vez que el CIS preguntaba por la valoración de la monarquía como institución fue en abril de 2015 cuando se formulaba la cuestión sobre cuál era la confianza que los entrevistados tenían sobre esta. Estaba a punto de cumplirse un año de reinado de Felipe VI, que llegó al trono en junio de 2014.

El resultado que otorgaba ‘Mucha confianza (10)’ sumaba el 5,1% de los votos, mientras que la respuesta de ‘Ninguna confianza (0)’ obtuvo un 21,7%. De este modo, se cumplían varios meses en caída libre de la opinión pública sobre el rey y su familia. La única mención a la monarquía que suele aparecer en las encuestas del CIS se engloba entre los principales problemas que consideran como tales los españoles. Pregunta de respuesta espontánea y múltiple. En ella, la referencia a la monarquía es mínima.

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Letizia saludando. / RR SS 

En los datos del mes enero de 2018, sólo el 0,2% de los encuestados se acordó de la monarquía a la hora de responder esta pregunta. Mientras que el paro y la corrupción recibieron el 65% y el 35% de los votos -respectivamente-.

Es evidente que la Casa Real prefiere que cuando menos se hable de la Corona, que no sea en términos laudatorios, mejor. Y en ese sentido, desde la entronización de Felipe VI se ha diseñado toda una estrategia para convencer a los españoles de que la primera familia del país es una familia normal, casi de clase media que come en casa sopa ordinaria.

Pero es una gran mentira. Una ficción dentro de la ficción.

Propaganda a tope

La serie de reportajes, vídeo oficial y otra serie de contenidos, difundidos por las televisiones y reproducidas por la prensa rosa con profuso tratamiento no dejó de constituir un montaje un tanto ingenuo por la evidencia de que era justamente una campaña de propaganda. El motivo de tal despliegue fue el 50 aniversario de Felipe VI y la imposición a la Infanta Leonor del Toisón de Oro como Princesa de Asturias.

La revista “Hola” y otras, tuvieron especial cuidado, por ejemplo, en sus repetidos álbumes sobre la vida del actual monarca, desde su nacimiento al presente, de recortar en las fotos de su bautizo de todos los planos en los que aparecía el anterior jefe del Estado y fundador de la Monarquía del 18 de julio, general Franco, obviando este aspecto de la historia de España y del propio origen de la monarquía de la que es heredero del sucesor a título de Rey. En todo caso, es evidente que se trata de tender un muro que salve a la Corona de las noticias críticas o desfavorables que tanto abundaron en los últimos años de Juan Carlos I como Rey y su eco en los primeros meses de Felipe VI como heredero.

Bien es cierto que los mayores problemas que afectan a la imagen de la Corona de Felipe VI se deben al actual modo de vida de su padre el Rey emérito y de los ecos de pasados acontecimientos, nuevamente puestos de relieve por diversos libros recientes de enorme éxito editorial que descubren aspectos sorprendentes de la vida y andanzas de Juan Carlos I. Curiosamente, se ha producido una enorme corriente de simpatía a la madre del Rey, la reina Sofía, a quien, en todo caso, se preste a comparecer el público en actos oficiales, como si tal cosa –se dice que por cuestiones de Estado y en apoyo a su hijo- pese a que en realidad desde hace largo tiempo no mantiene relación alguna con quien fuera su marido.

Curiosamente, la reina honorífica es la persona de la familia que despierta más simpatías. @mundiario

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