El asesinato de José Couso no debería dejar a nadie indiferente, y menos al Gobierno

El cámara José Couso.
El cámara José Couso.
Hemos visto a la familia Couso reclamar responsabilidades por el asesinato de José y hemos visto a las autoridades del Gobierno español dar multitud de explicaciones que siempre sonaron a excusas.
El asesinato de José Couso no debería dejar a nadie indiferente, y menos al Gobierno

El día 8 de abril de 2003, como bien nos recordó Victoria Permuy en MUNDIARIO, asesinaron al cámara de televisión José Couso, un xornalista que tuvo la valentía y el compromiso con su profesión y con los ciudadanos que demandamos información, cuando dicha información estaba en Irak por motivos que todos conocemos. Tras la invasión de dicho país por tropas de EE UU, queríamos saber que ocurría allí y por qué España, por decisión de su Gobierno, encabezado entonces por José María Aznar, participaba en aquella terrible operación bélica.

Al asesinar a José y a otros periodistas, no solo se cometió un crimen de sangre, se conculcó el derecho a la información de millones de ciudadanos de numerosos países, entre ellos el nuestro. Eso es tanto como atacar el Estado de derecho, las libertades individuales y, lo fundamental, los derechos humanos más básicos, los de los xornalistas y, obviamente, los de la población civil del país ocupado.

Hemos visto a la familia Couso reclamar responsabilidades por el asesinato de José. Hemos visto a todas las autoridades del Gobierno de España dar multitud de explicaciones que siempre sonaron a excusas. Hemos visto como se le negó a la víctima la principal reparación posible: esclarecer los hechos y juzgar a los culpables.

Personalmente, he comprobado como un ex ministro de Justicia del Gobierno Zapatero reivindicaba lo realizado por esa administración, como decía solidarizarse con la familia y como las informaciones que se derivan de los cables de Wikileaks los calificaba como "parte interesada", restándole credibilidad alguna. Del exministro no tengo más que hablar, allá él con su conciencia. Sabrá valorar si es verosímil que un gobierno en dos legislaturas no pudo hacer nada más.

La dimensión de este crimen es imposible de cuantificar. Quizás con el tiempo se lo podrá señalar como el punto de inflexión que marcó un antes y un después en la confianza que la ciudadanía depositaba en sus autoridades, políticos electos que presumían de saber resolver todos los problemas de la sociedad española, políticos que decían defender el interés general...

Todas esas declaraciones de buenas intenciones se fueron diluyendo en el barrizal de las contradiciones con la realidad que es tozuda y retrata a quien dice y se desdice sin pudor.

La realidad no entiende del marketing comercial aplicado a la comunicación política, a la explicación de la acción de gobierno.

El asesinato de José Couso no debería dejar a nadie indiferente, y menos al Gobierno
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