La defensa de Cerdán cuestiona los audios de Koldo y exige explicaciones a la Guardia Civil
La investigación que sacude al entorno político-social del PSOE con el llamado caso Koldo sigue sumando aristas inquietantes. Ahora es la defensa de Santos Cerdán, exsecretario de Organización del partido y uno de los señalados por las grabaciones que sustentan el sumario, quien busca abrir una nueva línea de debate: no ya sobre el contenido de las pruebas, sino sobre su fiabilidad, su origen y, sobre todo, sobre el papel del propio Koldo García como figura mediadora entre distintas esferas del poder.
El abogado de Cerdán, Benet Salellas, ha solicitado al Tribunal Supremo el acceso íntegro a todas las grabaciones encontradas en los dispositivos del exasesor de José Luis Ábalos. No se conforma con las seleccionadas por la Guardia Civil para elaborar su informe, ni tampoco con las versiones ya filtradas o difundidas por algunos medios. Lo que reclama es una copia clonada y completa del material incautado —más de 30.000 archivos según algunas fuentes— con la finalidad de verificar su autenticidad, estudiar sus metadatos y reconstruir así el contexto que rodea a cada uno de los registros.
Más allá del detalle técnico, la petición de Salellas deja entrever un argumento de fondo con implicaciones delicadas: si Koldo García era colaborador habitual de la Guardia Civil —como se ha insinuado y como apuntan algunas de sus condecoraciones—, ¿en qué condiciones se obtuvieron las grabaciones que hoy se presentan como espontáneas? ¿Existió algún tipo de coordinación encubierta con la UCO o con otros órganos del Estado durante los años en los que Koldo grababa a políticos y empresarios de su entorno? Y más aún: ¿estamos ante un informador privilegiado que construyó deliberadamente una red de pruebas para protegerse o negociar su posición procesal?
En su recurso, el letrado va un paso más allá y pide que se informe expresamente al Supremo de todas las colaboraciones que Koldo García haya podido mantener con unidades de la Guardia Civil entre 2018 y 2024, “fuera cual fuera su estatus”. La solicitud incluye, además, los contactos mantenidos con la propia UCO durante ese mismo periodo. Es decir, lo que está en juego aquí no es solo la situación jurídica de Cerdán, sino la propia neutralidad del proceso que lo ha llevado a prisión preventiva.
El equipo de defensa no oculta su desconfianza ante la manera en que han sido tratados los dispositivos incautados y la supuesta cadena de custodia. Salellas insiste en que no se puede aceptar sin más la validez de un conjunto de grabaciones realizadas unilateralmente por un actor con un pasado “misterioso”, que fue escolta, que recibió un indulto y que ha demostrado manejar con soltura equipos y capacidades técnicas poco habituales en un asesor político.
Es una estrategia arriesgada, sin duda, pero coherente con el objetivo de desactivar la principal carga probatoria contra Cerdán: cuestionar tanto la legitimidad de las pruebas como la reputación de quien las generó. En última instancia, lo que se está insinuando —aunque con la cautela que impone la vía judicial— es la posibilidad de que estemos ante una operación irregular, o al menos, contaminada por elementos ajenos al procedimiento judicial ordinario.
Y mientras tanto, el foco mediático sigue sin perder de vista el contexto político. No es casual que este movimiento de la defensa coincida con una etapa especialmente frágil para el Gobierno, acosado por casos que erosionan la credibilidad de su estructura más próxima. Lo que se dirime aquí no es solo la suerte de un alto cargo del partido, sino la imagen misma de un Estado que debe garantizar no solo justicia, sino garantías, equilibrios y transparencia institucional.
Queda por ver si el Supremo atenderá estas peticiones, y si lo hace, en qué medida se modificará el relato central del caso. Porque si las grabaciones de Koldo —hasta ahora, el hilo conductor del escándalo— resultan comprometidas por su origen o por su manipulación, toda la arquitectura judicial y mediática en torno a la supuesta trama podría tambalearse. En ese escenario, no sería solo la defensa de Cerdán la que tendría algo que decir: también habría que exigir respuestas a quienes han sostenido el relato contrario desde el principio. @mundiario