Cuánto hemos cambiado los ticos en los previos de la fiesta electoral

Oscar Arias, expresidente de Costa Rica.
Oscar Arias, expresidente de Costa Rica.

¿Será que lo mucho que hemos cambiado en cuanto a nuestra forma de vivir la fiesta electoral, sea un presagio de que dejaremos atrás el “nadadito de perro”?

Cuánto hemos cambiado los ticos en los previos de la fiesta electoral

Mantengo vivo el recuerdo de cuando siendo muy pequeño, se vivía una tremenda algarabía en los barrios de Guadalupe, por las plazas públicas de Figueres, de Oduber y las caminatas de Carazo, eso fue en la década del 70 y no cambió en la siguiente, cuando miles de personas se aglomeraban en el centro de San José bandera en mano, para las “concentraciones de fuerza” de Arias, Calderón y Rodríguez, a tan solo una semana de acudir a las urnas.  

Ese “protocolo de manejo de masas” que estuvo vigente por al menos treinta años, empezó a perder fuerza en los albores del nuevo siglo y ya hoy no es más que una colección de anécdotas que los mayores de 50, podemos contar.  Ya nadie embandera los techos de sus casas, ni pega calcomonías en las ventanas de los vehículos y menos asiste a concentraciones masivas, porque simplemente éstas, dejaron de existir.

Ahora basta un “empujón de última hora” para que figuras que algunos podrían imaginar, salidas de una chistera, sean punto focal de atracción, levanten una inusitada apreciación de valor y cosechen la cantidad de votos suficientes, para alzarse con el más preciado de los honores a que aspira un ciudadano en democracia, la Presidencia de la República.

Cuanto hemos cambiado los ticos en los previos de la “fiesta electoral” y que tan rápidos esos movimientos.  Es un comportamiento colectivo muy distinto, a lo que suele suceder en nuestro amado terruño, donde las cosas se piensan, se discuten y se hacen a la tica.  Ejemplo de ello, son las carreteras que llevan décadas construyéndose y no se terminan, otras que ni siquiera arrancan, también la tramitomanía en servicios públicos que sigue estática, aunque la tecnología esté lista cada día, para proveer soluciones de acceso, costo y tiempo superfavorables para el ciudadano.  

La altísima penetración de dispositivos móviles ha servido para socializar más y pagar menos por la factura telefónica, pero no para pagar el servicio de transporte público, ni realizar una serie de trámites que deben hacerse a la tica, frente a una ventanilla, rogando al Creador que no se nos haya olvidado ningún documento que aunque sea irrelevante en cuanto a su valor, se convierte en preciado diamante, cuando el martirio de verse obligado a regresar a la consabida ventanilla, se torna en un presentimiento inquisidor.

¿Será que lo mucho que hemos cambiado en cuanto a nuestra forma de vivir la fiesta electoral, sea un presagio de que dejaremos atrás el “nadadito de perro” y nos pondremos de acuerdo para hacer mejor las cosas? A fin de cuentas no somos tantos, deberíamos de lograrlo casi sin despeinarnos. @mundiario

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