La crisis convirtió la construcción de Europa en un fiasco para el común de los ciudadanos

Parlamento europeo. / P.E.
Parlamento europeo. / P.E.

Todas las restricciones, todo lo malo, todas las amenazas al bienestar de los últimos años provienen de la UE y los grandes partidos, en lugar de atajarlas, simplemente las lamentan.

La crisis convirtió la construcción de Europa en un fiasco para el común de los ciudadanos

Con el año nuevo llegan los propósitos viejos, pero en esta ocasión con el perejil de la crisis flotando en todos los platos. Este que acabamos de inaugurar será el año de Europa y el deseo de todos los partidos, especialmente de los grandes, debiera ser el de enmendar la mala imagen que han sembrado durante el proceso de construcción del proyecto europeo. Digo que debiera ser pero, como quien se propone dejar de fumar cada enero, no lo será.

La crisis ha convertido la construcción de Europa en un fiasco para el común de los ciudadanos que, en gran medida, nunca han creído del todo en esa quimera. Todas las restricciones, todo lo malo, todas las amenazas al bienestar de los últimos años provienen de la UE y los grandes partidos, en lugar de atajarlas, simplemente las lamentan. La consecuencia lógica ante la convocatoria de primavera será la abstención. Una sombra alargada que pesará sobre la legitimidad de continuar con la aventura común.

¿Qué pueden ofrecer los partidos para despertar la ilusión en medio de este caos económico y social? Me temo que no lo saben ni esperan saberlo. De momento, en la recién iniciada carrera hacia la confección de las listas, los vemos más preocupados por el ruido de sus tripas que por la opinión de la calle. Más atentos a barajar porcentajes de votantes y colocar personajes en puestos seguros, que a imaginar un programa de esperanzas. No se apartan un ápice de la rutina del tiempo de bonanza. Las voces, los gestos, los movimientos son tan clónicos del pasado que difícilmente podrán abrir puertas al futuro.

A mí, como a miles de votantes de izquierda, me gustaría ver a la socialdemocracia prometiendo una derrota de los mercados y de los especuladores mediante acciones capaces de devolver el poder económico a los Parlamentos y a los Gobiernos, en definitiva a los ciudadanos. Me gustaría escuchar medidas para que los Bancos Centrales, empezando por el Europeo, puedan prestar el dinero de todos con bajo interés a los propios Gobiernos, sin pasar por la perversión de la banca privada. 

Sería muy edificante ver a los comisarios de izquierda dimitir antes de defender los postulados de los neoliberales por mor del cargo. Un propósito que debieran llevar en el programa. Nos gustaría leer un programa donde los derechos no sean la resignación como panacea, la indignación regulada, el mal menor como alternativa y la insolidaridad como triunfo personal. Pero no lo leeremos porque nuestros representantes, como digo, más preocupados por la digestión interna de sus partidos, no calibran que este año nos jugamos Europa a una sola carta, la del hastío.

La crisis convirtió la construcción de Europa en un fiasco para el común de los ciudadanos
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