El consenso constitucional de 1978 ya no existe

Ejemplar de la Constitución de España. / RR SS
Ejemplar de la Constitución de España. / RR SS

En el universo de la élite política, la Constitución del 78 dejó de tener la capacidad de consenso que exhibió durante la mayor parte de su vida.

El consenso constitucional de 1978 ya no existe

La conmemoración de los 40 años de vigencia de la Constitución española fue una referencia profusamente citada en las crónicas del año que acaba de finalizar. La cifra –casi coincidente con la duración de la dictadura surgida del golpe de estado de Franco– era propicia para hacer análisis de lo sucedido en estas décadas y conjeturar sobre hipotéticos horizontes de futuro.

Haciendo un recorrido muy sintético de lo escrito y hablado en los últimos meses, cabe constatar una singular asimetría: el número e intensidad de las alabanzas pronunciadas sobre el texto constitucional no guardó relación con la evidente pérdida del consenso registrado entre las fuerzas políticas que hicieron posible su existencia.

Repasemos los datos. De aquellos partidos que suscribieron el pacto de 1978 (UCD, PSOE, PCE, AP y la Convergencia Democrática dirigida por Jordi Pujol) solo el actual PP (que recogió buena parte de los restos de la UCD) y el Partido Socialista reafirman la fidelidad originaria. Los sucesores de los otros dos firmantes (IU y PDCAT) defienden hoy posiciones que no encajan en la arquitectura diseñada para el posfranquismo. El caso del PNV es singular: mantiene las reservas críticas formuladas hace cuatro décadas aunque no postula un rechazo global de aquel cuadro institucional.

Además de estos cambios, concurren otras circunstancias significativas que incrementan la devaluación del pacto constitucional.

El PSOE de Pedro Sánchez afirma con cierta reiteración su voluntad de promover la reforma de la “ley de leyes” por más que no delimite con precisión el alcance de los cambios deseados. Y el PP está pasando de la negativa obstinada de Rajoy a cualquier revisión de la letra de la “Carta Magna” –a pesar de que, en su día, Fraga había anunciado su disposición a modificar el título VIII porque le resultaba excesivamente autonomista– al verbalismo anticonstitucional de Casado (la reiterada petición de la aplicación contundente e ilimitada en el tiempo del artículo 155 supone la eliminación del autogobierno de Catalunya y una suspensión práctica del Estado de las autonomías).

Para más inri, Aznar, Casado y Rivera se están especializando en repartir carnets de constitucionalismo en los que ya no incluyen a los “traidores” socialistas que eligieron a Sánchez como secretario general.

Los nuevos partidos surgidos a partir de 2014 carecen de los compromisos fundacionales de la hegemonía administrada por el binomio PSOE-PP en las últimas décadas y realizan propuestas de cambio de diferente dimensión y con una orientación divergente.

La conclusión resulta evidente:en el universo de la élite política la Constitución dejó de tener la capacidad de consenso que exhibió durante la mayor parte de su vida. ¿Y qué sucede en el cuerpo social? En este caso, los resultados no son tan claros porque operan factores generacionales y territoriales muy relevantes.

Nos encontramos, pues, ante una situación que no tiene una salida practicable a corto plazo. El edificio constitucional precisaría arreglos estructurales para enfrentar los importantes problemas presentes en la vida política (Catalunya y la configuración territorial; las fisuras entre el poder judicial y los otros poderes del Estado; la insuficiente calidad democrática en la elección y funcionamiento de las instituciones representativas...) pero no existe el nivel de acuerdo requerido para semejante tarea. La dificultad es todavía mayor si nos fijamos en los porcentajes establecidos en el texto constitucional para viabilizar su modificación. Ciertamente, los “padres” de la criatura hicieron un traje tan rígido que ahora no admite tratamientos flexibles. Por lo visto hasta el momento, no acertaron quienes pronosticaron que la Constitución era un punto de partida más que de llegada. @mundiario

El consenso constitucional de 1978 ya no existe
Comentarios