Compinches agresores, mirones silenciosos, jaleadores y el pueblo español

Pedro Sánchez y el rey Felipe VI. / Mundiario
Pedro Sánchez y el rey Felipe VI. / Mundiario

Ignominia contra quien carece del derecho a defenderse. ¿Quién es el mirón complacido que, con su silencio, da alas a los agresores?

Compinches agresores, mirones silenciosos, jaleadores y el pueblo español

Los medios de comunicación informan con frecuencia de ataques, físicos o verbales, dirigidos contra quienes no pueden defenderse, ya sea en el ámbito familiar, escuela, trabajo, amistad. Los ejecutores suelen ser pandilleros que actúan en grupo, lo que agrava la afrenta infligida.

Estas agresiones suelen ser observadas, e incluso jaleadas, por compinches del agresor que no mueven un dedo para detener el suceso, muy ocupados en grabar los hechos para difundirlos a través de las redes sociales.

Los medios de comunicación vienen informando en las últimas semanas, de una agresión que reúne algunas de las características citadas: clan; falta de ejemplaridad, dada la condición de los agresores; ensañamiento irracional con una persona que no puede defenderse; mirones complacidos, algunos de los cuales guardan un silencio aprobador. Un elevadísimo número de ciudadanos que, al conocer semejantes hechos, manifiestan públicamente su indignación y su adhesión al agredido.

Se habrán percatado de que me estoy refiriendo al injusto, despiadado, indigno e inoportuno ataque a la figura del Rey Felipe VI y a la Constitución bajo la que los agresores actúan.

Los cabecillas de la cuadrilla son un Vicepresidente del  Gobierno y el ministro conocido por calificar al turismo que viene a España como “precario y de bajo valor añadido”. Uno y otro prometieron cumplir y hacer cumplir la Constitución, pero como no conocen el significado de la palabra lealtad[1], olvidan la promesa que hicieron.

Nadie les niega el derecho a expresar sus opiniones en mítines y actos de partido; lo que resulta inconcebible es que lo hagan cuando hablan parte del Gobierno de España. Semejante comportamiento puede calificarse como desleal, falto de ética y sentido de la oportunidad.

Hay un plus de gravedad en su actuación: la indefensión del agredido, por el papel que la Constitución asigna al Rey; Constitución que prometió cumplir y cumple. Además, ellos saben que los discursos e intervenciones públicas del Rey pasan por el filtro del Gobierno.

¿Quién es el mirón complacido que, con su silencio, da alas a los agresores? El Presidente del Gobierno y sus ministros, que hicieron la misma promesa ante la Constitución.

A estos mirones silenciosos les acompañan otros “voyeurs” que jalean a los agresores y los estimulan en su acción. El más significado entre ellos, Rufián -¡ojo, escrito con mayúscula para que no me atribuyan ofensa!

A la mayoría silenciosa de españoles se nos remueven las entrañas al escuchar, confundidos, a estos desleales; nos sentimos ofendidos por la falta de gallardía de quienes atacan sin piedad a quien no puede defenderse y nos indignamos con el mirón y su benevolente silencio, que otorga.

Añadan los ataques a la judicatura, la búsqueda de una solución torticera para los políticos catalanes condenados, el manido regreso de la memoria –ahora democrática-, la eutanasia, la despenalización de los insultos a España y a la Corona,…., que parecen ser las principales preocupaciones del Gobierno, que no la de los españoles.

 Entre tanto, la pandemia avanza amenazante y el Gobierno se desentiende de la coordinación con las comunidades autónomas; el curso escolar se inicia preñado de incertidumbres por falta de armonización; el desprestigio de España crece a nivel internacional; los datos económicos son desoladores: millones de españoles intuimos un futuro preocupante.

¡Ocúpense de lo que realmente agobia a las familias!: comer cada día, educar a los hijos, estabilidad en el trabajo, salud y tranquilidad para mirar hacia adelante con esperanza. No es tiempo para tracas y fuegos artificiales. @mundiario
 

1. f. “Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien.”

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