En Vigo se celebra cada año una extraña Reconquista que quiere echar a los franceses

Diapositiva de una escena de época.
Diapositiva de una escena de época.

La ciudad olívica olvida a los defensores de la Constitución y celebra como héroe a un traidor, según escribe este profesor universitario y destacado periodista de MUNDIARIO.

En Vigo se celebra cada año una extraña Reconquista que quiere echar a los franceses

La ciudad olívica olvida a los defensores de la Constitución y celebra como héroe a un traidor, según escribe este profesor universitario y destacado periodista de MUNDIARIO.

No deja de ser una curiosa paradoja que los vigueses salgan a la calle cada 28 de marzo a gritar, con su alcalde al frente “fuera los franceses” y que sea francesa su principal industria y el factor esencial de su estabilidad laboral.  La Reconquista de 1809 sigue exigiendo una relectura en profundidad y colocar en su sitio a sus más inamovibles personajes. Hay que recordar a los liberales que pagaron con su vida su defensa de la Constitución de 1812. Y estos, ni una palabra.

Este año, al estilo de las chirigotas de Cádiz, el alcalde Abel Caballero y su equipo se han disfrazado de heroicos resistentes, dando una imagen digamos que peculiar como si fueran descendientes del miliciano  Cachamuiña, de Pablo Morillo, el teniente Almeida, los abades de Couto y Valladares, el alcalde Vázquez Varela o el marinero Carolo, personajes todos ellos de la escenificación popular, junto al comandante francés Chalot.

Lo primero que conviene insistir es que aquella no fue una guerra patriótica en absoluto por parte de sus principales instigadores, cuyo objetivo era la defensa del trono y de la religión frente a las ideas de la Ilustración y la Revolución  Francesa.  El personaje de mayor relieve dramático de esta historia sigue siendo el cura de Valladares Juan Rosendo Arias Enríquez y otros dos monjes franciscanos. No se olvide que las proclamas del cura de Valladares y Troncoso que reclutaron a su gente bajo la inmediata amenaza de fusilar a todos aquellos que  no se aprestasen a la lucha voluntaria. Y el objetivo era devolver el trono al rey absoluto,  no otra cosa.

Cuando volvieron los franceses en 1823 aquí no se movió nadie. Y eran los mismos, pero esta vez volvían para reponer el trono y el altar del antiguo régimen. Y a los patriotas que se sublevaron los fusilaron en Redondela. Por eso, para muchos, esta fiesta tiene un amargor reaccionario.

Vigo, con el rey José fue capital de provincia e inició un proceso de modernización que fue cortado en seco cuando regresa el rey felón; un rey que por cierto, felicitaba a Napoleón por sus victorias sobre los españoles que trataban de devolverle el trono, y que mientras los franceses abandonaban Vigo, él se declaraba hijo de Napoleón y le pedía una princesa de la Casa Imperial por esposa.

La carta de Fernando VII a Napoleón, reproducida por el Conde de Toreno en su monumental obra sobre la “Guerra de la Independencia” lo dice todo” Reproduzco la carta que el rey deseado dirigió a Bonaparte el 10 de mayo de 1810:

"Señor: Las cartas publicadas últimamente en el Monitor han dado a conocer al mundo entero los sentimientos de perfecto amor de que estoy penetrado a favor de V.M.I. y R., y al propio tiempo mi vivo deseo de ser vuestro hijo adoptivo. La publicidad que V.M.I. se ha dignado dar a mis cartas me hace confiar que no desaprueba mis sentimientos, ni el deseo que he formado, y esta esperanza me colma de gozo.

 Permitid, pues, Señor, que deposite en vuestro seno los sentimientos de mi corazón que, no vacilo en decirlo, es digno de pertenecemos por los lazos de la adopción. V.M.I. y R. se digne unir mi destino a los de una princesa francesa de su elección y cumplirá el más ardiente de mis votos. Con esta unión, a más de mi ventura personal, granjearé la dulce certidumbre de que toda la Europa se convencerá de mi inalterable respeto a la voluntad de V.M.I. y de que V.M. se digna pagar con algún retorno tan sinceros sentimientos.

 Me atreveré a añadir que esta unión y la publicidad de mi dicha, que daré a conocer a la Europa, si V.M. lo permite, podrá ejercer una influencia saludable sobre el destino de las Españas y quitará a un pueblo ciego y furioso el pretexto de continuar cubriendo de sangre su patria en nombre de un príncipe, el primogénito de una antigua dinastía, que se ha convertido por un tratado solemne, por su propia elección, y por la más gloriosa de todas las adopciones, en príncipe francés e hijo de V.M.I. y R.

 Me atrevo a esperar, Señor, que tan ardientes votos y un afecto tan absoluto tocarán el corazón magnánimo de V.M., y que se dignará hacerme partícipe de la suerte de cuántos V.M. ha hecho felices.

 Señor, de V.M.I. y R., humilde y respetuosamente servidor.-Fernando.-Valençey. 3 de mayo de 1810".

No deja de ser una curiosa paradoja que los vigueses salgan a la calle cada 28 de marzo a gritar, con su alcalde al frente “fuera los franceses” y que sea francesa su principal industria y el factor esencial de su estabilidad laboral.  La Reconquista de 1809 sigue exigiendo una relectura en profundidad y colocar en su sitio a sus más inamovibles personajes. Hay que recordar a los liberales que pagaron con su vida su defensa de la Constitución de 1812. Y estos, ni una palabra.

Este año, al estilo de las chirigotas de Cádiz, el alcalde Abel Caballero y su equipo se han disfrazado de heroicos resistentes, dando una imagen digamos que peculiar como su fueran descendientes del miliciano  Cachamuiña, de Pablo Morillo, el teniente Almeida, los abades de Couto y Valladares, el alcalde Vázquez Varela o el marinero Carolo, personajes todos ellos de la escenificación popular, junto al comandante francés Chalot.

Lo primero que conviene insistir es que aquella no fue una guerra patriótica en absoluto por parte de sus principales instigadores, cuyo objetivo era la defensa del trono y de la religión frente a las ideas de la Ilustración y la Revolución  Francesa.  El personaje de mayor relieve dramático de esta historia sigue siendo el cura de Valladares Juan Rosendo Arias Enríquez y otros dos monjes franciscanos. No se olvide que las proclamas del cura de Valladares y Troncoso que reclutaron a su gente bajo la inmediata amenaza de fusilar a todos aquellos que  no se aprestasen a la lucha voluntaria. Y el objetivo era devolver el trono al rey absoluto,  no otra cosa.

Cuando volvieron los franceses en 1823 aquí no se movió nadie. Y eran los mismos, pero esta vez volvían para reponer el trono y el altar del antiguo régimen. Y a los patriotas que se sublevaron los fusilaron en Redondela. Por eso, para muchos, esta fiesta tiene un amargor reaccionario.

Vigo, con el rey José fue capital de provincia e inició un proceso de modernización que fue cortado en seco cuando regresa el rey felón; un rey que por cierto, felicitaba a Napoleón por sus victorias sobre los españoles que trataban de devolverle el trono, y que mientras los franceses abandonaban Vigo, él se declaraba hijo de Napoleón y le pedía una princesa de la Casa Imperial por esposa.

La carta de Fernando VII a Napoleón, reproducida por el Conde de Moreno en su monumental obra sobre la “Guerra de la Independencia” lo dice todo.

Reproduzco la carta que el rey deseado dirigió a Bonaparte el 10 de mayo de 1810:
"Señor: Las cartas publicadas últimamente en el Monitor han dado a conocer al mundo entero los sentimientos de perfecto amor de que estoy penetrado a favor de V.M.I. y R., y al propio tiempo mi vivo deseo de ser vuestro hijo adoptivo. La publicidad que V.M.I. se ha dignado dar a mis cartas me hace confiar que no desaprueba mis sentimientos, ni el deseo que he formado, y esta esperanza me colma de gozo.
 Permitid, pues, Señor, que deposite en vuestro seno los sentimientos de mi corazón que, no vacilo en decirlo, es digno de pertenecemos por los lazos de la adopción. V.M.I. y R. se digne unir mi destino a los de una princesa francesa de su elección y cumplirá el más ardiente de mis votos. Con esta unión, a más de mi ventura personal, granjearé la dulce certidumbre de que toda la Europa se convencerá de mi inalterable respeto a la voluntad de V.M.I. y de que V.M. se digna pagar con algún retorno tan sinceros sentimientos.
 Me atreveré a añadir que esta unión y la publicidad de mi dicha, que daré a conocer a la Europa, si V.M. lo permite, podrá ejercer una influencia saludable sobre el destino de las Españas y quitará a un pueblo ciego y furioso el pretexto de continuar cubriendo de sangre su patria en nombre de un príncipe, el primogénito de una antigua dinastía, que se ha convertido por un tratado solemne, por su propia elección, y por la más gloriosa de todas las adopciones, en príncipe francés e hijo de V.M.I. y R.
 Me atrevo a esperar, Señor, que tan ardientes votos y un afecto tan absoluto tocarán el corazón magnánimo de V.M., y que se dignará hacerme partícipe de la suerte de cuántos V.M. ha hecho felices.
 Señor, de V.M.I. y R., humilde y respetuosamente servidor.-Fernando.-Valençey. 3 de mayo de 1810".

 

En Vigo se celebra cada año una extraña Reconquista que quiere echar a los franceses
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