Cien años del nacimiento del mítico John F. Kennedy

JFK sigue más vivo que nunca en Estados Unidos, donde muchos compatriotas le veneran como un símbolo de las esperanzas y aspiraciones de su nación, ahora en manos del denostado Donald Trump.

John Fitzgerald Kennedy.
John Fitzgerald Kennedy, junto a su mujer, Jackie. / RR SS

Iba a cambiar Estados Unidos y tal vez el mundo pero alguien quiso que no lo hiciera. Lo asesinaron en Dallas y se sabe quien fue, pero no quien mandó acabar con la vida del mítico presidente de los Estados Unidos. Estos días se cumplieron ya cien años del nacimiento, en 1917, del mítico presidente John Fitzgerald Kennedy –trigésimo quinto presidente de Estados Unidos– y JFK  –un hijo de irlandeses nacido en una casa relativamente modesta en Brookline, a las afueras de Boston (Massachusetts)– sigue más vivo que nunca en Estados Unidos, donde muchos compatriotas le veneran como un símbolo de las esperanzas y aspiraciones de su nación, ahora en manos del denostado Donald Trump. Su imagen –siempre joven y optimista– renace en el recuerdo de los estadunidenses merced a la celebración de actos conmemorativos en todo el país.

El único mandatario católico que ha ocupado la Casa Blanca fue también un reconocido donjuán y amante del deporte, graduado en Humanidades con honores en la Universidad de Harvard y combatiente en la II Guerra Mundial, de donde volvió como un héroe. Tras ejercer de congresista y senador en el Capitolio de Washington, John Fitzgerald Kennedy alcanzó el cenit de su carrera política el 8 de noviembre de 1960, cuando se impuso como candidato demócrata al republicano Richard Nixon en unas reñidas elecciones presidenciales.

De su legado resuena con fuerza su genial oratoria, encumbrada en la famosa frase de su discurso de investidura pronunciado el 20 de enero de 1961: "No preguntes qué es lo que tu país puede hacer por ti; pregunta qué es lo que tú puedes hacer por tu país".

Junto a su mujer, Jackie, logró convertirse en todo un mito. Era él, su esposa, sus amantes, una marca, el icono de los EE UU, el maridaje perfecto entre méritos políticos y sociales

John F. cambió el mundo elevando la figura del presidente de los Estados Unidos de simple político a icono de Occidente. Para bien y para mal. Pero también lo hizo a otros niveles. JFK fue el primer presidente con glamour, un político codiciado tanto por los medios de comunicación generalistas como por las revistas de temática más social. Junto a su mujer, Jackie, logró convertirse en todo un mito. Era él, su esposa, sus amantes, una marca, el icono de los EE UU, el maridaje perfecto entre méritos políticos y sociales, además de ser uno de los propulsores de programas como el Apolo.

Kennedy lidió con el fracasado intento de invasión de la cubana Bahía de Cochinos para derrocar a Fidel Castro (1961), la Crisis de los Misiles de Cuba (1962), que colocó al planeta al borde de una guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética, y el impulso de la carrera por la exploración del espacio exterior, entre otros desafíos.

Su final fue trágico. Murió asesinado el 22 de noviembre de 1963, cuando recibió varios impactos de bala en el centro de Dallas (Texas) que segaron su vida a la edad de 46 años, un asesinato grabado a fuego en la memoria colectiva de Estados Unidos. Sus restos yacen en el Cementerio Nacional de Arlington, a las afueras de la capital estadounidense, junto a los de Jackie, que murió de un cáncer el 19 de mayo de 1994 a los 64 años.

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