Cambio de ritmo en la política española

Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Albert Rivera. : Mundiario I
Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Albert Rivera. / Mundiario

Forzados a pactar la destitución del Gobierno catalán y la convocatoria de elecciones en Cataluña, PP, PSOE y Ciudadanos redujeron el nivel de tensión entre ellos, de la única forma posible: mediante el silencio sobre la mayoría de los asuntos conflictivos.

Cambio de ritmo en la política española

Desde el pasado mes de septiembre, cuando el conflicto catalán aceleró el proceso soberanista, la política española ha quedado suspendida. Forzados a pactar la destitución del Gobierno catalán y la convocatoria de elecciones en Cataluña, PP, PSOE y Ciudadanos redujeron el nivel de tensión entre ellos, de la única forma posible: mediante el silencio sobre la mayoría de los asuntos conflictivos. Podemos se colocó del lado soberanista aunque de forma confusa como se vio en los resultados electorales.

Pasadas las elecciones autonómicas y una vez comprobado que el conflicto permanece en forma similar, con mayoría soberanista, debacle popular, estancamiento socialista y fuerte incremento de Ciudadanos que no altera la ecuación final de gobierno, toca retomar la política española. Estamos a un año y medio de elecciones municipales y autonómicas en trece comunidades, algunas tan relevantes para sus respectivos partidos como Madrid para los populares o Valencia para los socialistas. Sin olvidar que las tensiones soberanistas se están afianzando en Baleares. Por otra parte en varias comunidades como Castilla-León, Asturias o Murcia, sus actuales presidentes no repetirán, lo que incrementa la incertidumbre en sus respectivas formaciones. Sin olvidar que la única experiencia real de gobierno autonómico del entorno de Podemos, se produce en Valencia. Para Ciudadanos será la prueba de fuego, pues no gobierna ninguna comunidad ni alcaldía relevante.

El PP necesita recuperar terreno pues todas las encuestas indican que está retrocediendo. Aún no ha abandonado el ciclo de juicios por corrupción, mantiene una legislatura de perfil bajo por la falta de mayoría parlamentaria y tiene como principal reto la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, condicionados por el PNV, siempre atento a sus intereses. El estilo Rajoy, laissez passer, no da mucho más de sí ante la ambición de Ciudadanos que se ve como en Cataluña, hegemonizando el centroderecha. Es un error de perspectiva porque sus credenciales en la política estatal son bien distintas. Ha sido la muleta necesaria del PP y sus ocasionales presiones, como la dimisión del Presidente murciano, han estado muy acotadas. No se le conoce actuación alguna en el territorio, en varias comunidades simplemente no existe y sus propuestas permanecen en el limbo de las ideas. Todo muy diferente de Cataluña donde desde hace más de una década ha representado tenazmente la oposición frontal al nacionalismo.

El final de la crisis económica debería permitirle al PSOE formular una nueva política realista y que diese respuesta a lo que no quiere hacer el Gobierno

El PSOE necesita definirse. El conflicto catalán lo ha alcanzado en su peor momento, cuando comenzaba a cerrar filas después de los traumáticos cambios en su dirección. No ha tenido tiempo apenas de estrenarse y ahora se encuentra ante una situación de alto riesgo. Evitar la equidistancia en el conflicto catalán sin aparecer como socio del PP, no ha sido entendido por los electores catalanes. El final de la crisis económica debería permitirle formular una nueva política realista y que diese respuesta a lo que no quiere hacer el Gobierno: el empleo precario, la inestabilidad laboral, el deterioro de los servicios públicos. Y no enredarse en una reforma constitucional que por el momento es inviable además de incomprensible para los ciudadanos.

Podemos ha entrado en crisis. El izquierdismo cultivado con ahínco durante años unido al oportunismo de sus dirigentes han terminado en múltiples conflictos internos, un discurso a la deriva y la dilución de sus señas de identidad. Ya hay diputados de otros grupos más estruendosos que los suyos y el nivel de ocurrencias parlamentarias está muy alto como para sorprender a diario. El conflicto catalán ha despertado a muchos ciudadanos que habitualmente no se manifiestan. La calle ya no es sólo de un sector.

Se inicia un año políticamente importante, con muchos frentes abiertos, como la reforma de las pensiones, el posible pacto educativo y sobre todo la financiación autonómica. Con el desgaste visible de algunos dirigentes y con el problema catalán sin solución a corto plazo. Y al final elecciones, preludio de  las generales y del posible cambio de ciclo. @mundiario

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