La guerra total entre PP y Vox estalla en Extremadura: Abascal presiona para relevar a Guardiola

Santiago Abascal, líder de Vox, y Óscar Fernández, candidato en Extremadura. / @Santi_ABASCAL

Abascal amenaza con forzar una repetición electoral si los populares no asumen sus exigencias en un eventual pacto de investidura, y sugiere que Génova debería cambiar de candidato si quiere su apoyo para gobernar.

Extremadura, convertida en laboratorio político desde la legislatura anterior, vuelve a situarse en el epicentro del conflicto entre PP y Vox. El líder de la ultraderecha, Santiago Abascal, ha elevado el tono hasta niveles inéditos: si la presidenta María Guardiola no se ajusta a sus exigencias, “habrá que repetir elecciones”, y si lo hace, quizá el Génova “tenga que cambiar de candidata”. No es una amenaza retórica; es un desafío directo a la presidencia en ejercicio y a la dirección del líder de la oposición al Gobierno central de Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo.

Guardiola tildó las declaraciones de Abascal de "tufo machista" y Feijóo afirmó que “ese tipo de conversación en Vox es posible, en mi partido es imposible. En mi partido no es posible caciquear con candidatos prefabricados”. La escenificación del choque marca el preludio de una campaña donde la derecha compite no solo por el poder autonómico, sino por la capacidad de imponer su modelo de coalición a nivel nacional.

El órdago de Abascal busca dos efectos: reforzar el control de Vox en cualquier negociación postelectoral y erosionar el liderazgo interno del PP extremeño, que no es del agrado de Bambú. En una comunidad donde las encuestas anticipan que Guardiola necesitará a Vox para conservar su sillón en la Junta, la amenaza de un relevo forzado introduce una variable inclemente: poner en cuestión al candidato ganador antes de las urnas.

El líder de Vox insiste en que no es él quien decide los liderazgos del PP, pero añade un matiz decisivo: “salvo que las cosas se pongan muy feas”. La alusión recuerda a otros vetos históricos —el más citado, el bloqueo de la CUP a Artur Mas en 2016— y subraya que su formación ultra está dispuesto a marcar líneas rojas incluso a costa de desestabilizar gobiernos autonómicos aliados.

Guardiola contraataca: autonomía, territorio y desgaste de Vox

Guardiola ha optado por un discurso combativo para sacar músculo de su liderazgo: “yo no paso por el aro de lo que quiera el señor Abascal, que no conoce para nada Extremadura. Igual me tienen un poquito de miedo los señoros de Vox”. Además de defender su autonomía, busca visibilizar una fisura estratégica de la ultraderecha: la brecha de género. Según el CIS extremeño, el partido multiplica por tres su intención de voto entre hombres respecto a mujeres.

Guardiola trata así de ocupar un espacio que el PP considera clave para ampliar mayoría: el voto femenino y moderado. Además, insiste en que Abascal “no conoce Extremadura” y cuestiona la influencia directa de Madrid sobre el candidato de Vox en la región, Óscar Fernández, al que define como “desaparecido”.

Feijóo ha desplegado desde el inicio de campaña un respaldo explícito a Guardiola. En Cáceres defendió que el PP no elige “marionetas” desde Madrid y destacó a su candidata como “referente de la política decente”. La meta de blindar la candidatura de la baronesa pasa por proyectar un liderazgo territorial fuerte y contrarrestar la narrativa de Vox sobre una supuesta falta de compromiso del PP para asumir por completo los postulados del partido de Abascal en sus pactos.

Al mismo tiempo, el líder popular reitera su estrategia nacional: si gana, quiere gobernar en solitario y con abstenciones “responsables” del resto. Una postura que choca frontalmente con la lógica de Vox, que ya no reivindica entrar en los gobiernos autonómicos, sino que apuesta por supeditar de manera determinante sus orientaciones políticas a cambio de garantizar su investidura y apoyo externo.

Una campaña condicionada por el día después

La tensión entre PP y Vox condiciona la campaña, pero sobre todo supedita el escenario postelectoral a la posibilidad de que Guardiola no obtenga la mayoría absoluta. Abascal ya ha planteado tres opciones para Guardiola: asumir sus exigencias para pactar con Vox, trastocar la política nacional para pactar con el PSOE o dejar paso a otro candidato.

Mientras tanto, el PSOE y Unidas por Extremadura mantienen agendas propias, pero observan con atención el deterioro del bloque de la derecha. El candidato socialista, Miguel Ángel Gallardo, ha iniciado campaña reivindicando desarrollo industrial y estabilidad institucional, aspirando que una eventual suma entre PP y Vox pueda movilizar al electorado progresista.

La contienda es una prueba de estrés para el modelo de relación entre PP y Vox, para el liderazgo de Feijóo y para la capacidad de Abascal de influir más allá de su representación autonómica.

Extremadura se convierte así en un territorio bisagra: si Guardiola resiste, el PP refuerza su autoridad interna y su discurso de autonomía territorial. Si cede, Vox demostrará que puede imponer vetos a sus socios y condicionar presidencias incluso sin mayoría.

El 21 de diciembre no solo decidirá un gobierno. Podía definir la jerarquía en la derecha española. @mundiario