Así buscan el PSOE y el PP fundir en una sola las comisiones iguales del apagón

En el Congreso se libra una batalla silenciosa: PSOE y PP mueven fichas con astucia para que solo quede una comisión del gran apagón.
La diputada del PNV Idoia Sagastizabal. / RR. SS.
La diputada del PNV Idoia Sagastizabal. / RR. SS.

En el Congreso, a veces la política no avanza a golpe de grandes discursos, sino mediante movimientos discretos que recuerdan más a una partida de póquer que a un debate parlamentario. La doble comisión de investigación sobre el apagón del 28 de abril —un episodio que dejó a oscuras a España entera durante horas— se ha convertido ahora en el tablero donde PSOE y PP despliegan sus triquiñuelas para evitar la imagen pública de un acuerdo, mientras buscan, en realidad, un desenlace único: que solo quede una comisión en pie.

Este martes, durante la constitución de estas dos comisiones idénticas aprobadas en mayo, se escenificó un duelo que combinó cálculo, desconfianza y maniobras de desgaste. Nada en la sesión fue casual. Cada gesto, cada renuncia y cada votación formó parte de un juego en el que ambos grandes partidos tratan de evitar aparecer como aliados, aunque la lógica institucional empuja inevitablemente hacia la fusión.

El PP arrancó la jornada con una jugada inesperada. En la comisión impulsada por los populares, Guillermo Mariscal, experimentado diputado y secretario tercero de la Mesa del Congreso, propuso como presidenta a Idoia Sagastizabal, del PNV. No era un gesto inocente: renunciaba deliberadamente a situar a un miembro del PP al frente, una concesión aparente que buscaba bloquear la segunda comisión promovida por el PSOE. Si prosperaba su idea, solo sobreviviría una. Pero ese órdago no salió como esperaba.

El PSOE, que olió la maniobra desde el primer minuto, se negó a dejar que la sesión se disolviera tras la votación y forzó una nueva reunión para constituir la segunda comisión, con la misma presidenta, igual composición de la Mesa y el mismo formato. Un espejo. Un clon. Una réplica destinada a dejar sin efecto la jugada del PP, aunque los socialistas tenían ya en mente el movimiento final: dejar morir, mediante inacción, la comisión del PP y activar únicamente la suya con sus socios parlamentarios. A partir de aquí, comienza el tramo donde la batalla visible se convierte en un pulso invisible por el control del relato, el calendario y el ritmo político.

Dos comisiones idénticas para un único objetivo político

La creación de dos comisiones iguales es un escenario insólito en la Cámara baja. Pero más insólita aún es la estrategia compartida —aunque no admitida— de que, pase lo que pase, solo una de ellas terminará funcionando. El PSOE ya lo ha dejado caer: “De sentido común”, dijo su portavoz Patxi López, sería evitar duplicar comparecencias. En otras palabras, fusionarlas sin decir que se fusionan. El PP, por ahora, guarda silencio.

Ambos partidos saben que mantener dos estructuras paralelas no solo es absurdo desde el punto de vista técnico, sino también un riesgo político. ¿Quién explicaría a la ciudadanía por qué comparece dos veces el mismo experto? ¿O por qué se duplican gastos, agendas y conclusiones? Nadie quiere asumir ese coste ni regalar argumentos a sus rivales. De ahí que todo se articule en clave de maniobra parlamentaria, sin acuerdos explícitos.

Árbitro involuntaria en medio del fuego cruzado

La diputada del PNV, Idoia Sagastizabal, quedó situada en una posición delicada. Nombrada presidenta de ambas comisiones, se presentó como una figura “dura y técnica”, decidida a evitar rifirrafes y a elaborar conclusiones neutrales. Pero su papel, más allá de lo institucional, se ha convertido en simbólico: presidir dos comisiones que, técnicamente, son la misma, con agendas similares y miembros idénticos, en un clima donde los dos grandes partidos buscan un resultado convergente mediante caminos divergentes.

Más allá del detalle parlamentario, la pugna revela un rasgo profundo del clima político español: la obsesión de PP y PSOE por no aparecer en ninguna foto que sugiera complicidad. Aunque compartan diagnóstico, aunque compartan presidencia, aunque compartan integrantes. La fusión de hecho —que llegará tarde o temprano— no se podrá comunicar como tal. Será, en cambio, el fruto de una batalla que ambos querrán vender como victoria propia.

Mientras tanto, España sigue sin respuestas claras sobre el mayor apagón energético de las últimas décadas. @mundiario

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