Los apaños ante la crisis migratoria equivalen a ponerle puertas al campo: faltan estrategias

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en el Centro de Coordinación de Ceuta. / Mundiario
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en el Centro de Coordinación de Ceuta. / Mundiario

Todo el mundo sabe que habrá que apoyar el camino al desarrollo de África, pero no acaban de concretarse las nuevas estrategias.

Los apaños ante la crisis migratoria equivalen a ponerle puertas al campo: faltan estrategias

El conflicto desatado entre España y Marruecos a raíz de la entrada irregular de más de 8.000 emigrantes entre el 17 y 18 de mayo en Ceuta tiene ya menos eco en los medios pero sigue sin resolverse, como lo prueban las declaraciones de la embajadora marroquí en España, Karima Benyaich, al criticar las declaraciones “inapropiadas” de la ministra de Exteriores y advertir de que “Marruecos toma nota y actuará en consecuencia”.

La pasividad de las autoridades marroquíes supuso un grave problema pero la devolución a Marruecos de la mayor parte de esos 8.000 emigrantes irregulares le da continuidad, una porque entre ellos hay cientos de menores de edad, y otra, porque muchos volvieron obligados.

La economía suele estar detrás de casi todas las crisis. También lo está, desde luego, en la tensión que se vive entre Marruecos y España, agravada por la entrada irregular de miles de africanos –muchos marroquíes– en la ciudad española de Ceuta. El pretexto de Rabat para dejar pasar a todas esas personas fue su enfado por la hospitalización por covid en España del secretario general del Frente Polisario, Brahim Gali, pero el asunto es mucho más complejo.

Situemos un poco las cosas. Del mismo modo que sucede en España y en el conjunto de la Unión Europea, la covid ha agravado los problemas en África, donde Marruecos es un país puntero, a pesar de todas sus carencias. Si bien hay una cumbre prevista para junio de los países ricos con líderes de los principales estados africanos, entre ellos Marruecos, la situación del continente es explosiva, sin que la comunidad internacional parezca predispuesta a prestar apoyo al continente para paliar al menos la crisis pandémica.

Todo el mundo sabe que habrá que apoyar el camino al desarrollo de África, pero no acaban de concretarse las nuevas estrategias, mientras están más que agotadas las viejas políticas que derivaron en la actual emergencia africana. Marruecos no es el país que sale peor parado en su entorno, pero es lugar de paso de otros que aún están peor camino de Europa.

Desde la Unión Europea se le da dinero al Gobierno de Marruecos para que reprima el paso de africanos a España –ya sea por Canarias, Ceuta, Melilla o el Estrecho– y también se le paga por su colaboración en la lucha contra el terrorismo yihadista. En este segundo frente la colaboración de Rabat suele ser leal, pero en el primero depende mucho de las circunstancias. 

Ahora toda España se ha llevado las manos a la cabeza al ver entrar en apenas un día a 8.000 personas en Ceuta –casi un 10% de su población– pero poco antes, entre octubre y noviembre, Marruecos había tolerado la llegada de otras 20.000 personas a Canarias. Y en octubre Brahim Gali no estaba en Logroño. Probablemente no tardaremos en ver nuevas tensiones de este tipo.

Si bien España y la Unión Europea tienen unas legislaciones que protegen los derechos humanos, a Marruecos le importa menos saltarse esos buenos principios, de ahí que utilice irresponsablemente a menores y otras personas desfavorecidas, a sabiendas de los riesgos que corren. Ambas partes luchan con armas desiguales, que dificultan su comprensión. Marruecos intenta así obtener más dinero a cambio de blindar las fronteras y Europa termina pagando un poco más, lo cual no quiere decir que esté resolviendo un problema que es estructural. Pero como no se quiere ir a la raíz se podan las ramas.

En Marruecos es parcial su bienestar y el Estado derecho, aunque existe formalmente, funciona de aquella manera. Mientras el PIB per cápita de España multiplique por diez al de Marruecos y África siga siendo un continente fallido, sin futuro para sus jóvenes, las tensiones migratorias van a seguir latiendo. Nada distinto a lo que sucede en EE UU con millones de latinoamericanos que intentan dar el salto a la primera potencia mundial desde México. Con una diferencia importante: EE UU tiene menos población que Europa, pero en cambio tiene a muchos más irregulares que el Viejo Continente y además, cada cierto tiempo, hace regularizaciones de tres y cuatro millones de personas, que se dice pronto. @J_L_Gomez

AL ALZA

Rabat 

Con todos sus problemas, que son copiosos, el Gobierno de Marruecos se siente empoderado y ataca a España al verla el socio más vulnerable de la UE, de ahí la importancia estratégica de que la respuesta sea europea y no solo española. El problema está en que los dos grandes países que gobiernan Europa, Alemania y Francia, no comparten la posición de España; especialmente en una materia tan sensible como la soberanía del Sáhara Occidental. No solo es EE UU el que está apoyando a Marruecos.  

A LA BAJA

Madrid 

La tesis española suele ser coincidente con la del Frente Polisario al defender como la mejor opción la organización de un referéndum que incluya la independencia del Sáhara Occidental, algo a lo que Marruecos se opone frontalmente. Como alternativa, Rabat propone desde 2007 un estatuto de autonomía. Pero el apoyo de EE UU a la soberanía de Marruecos ha trastocado muchos planes, de modo que cada vez está menos claro cuál debe ser la base de la negociación entre Marruecos y el Frente Polisario.

––––––––– PROTAGONISTAS –––––––––

> Pedro Sánchez, presidente del Gobierno.- Mal deben de estar las cosas cuando ha tenido que advertir con gravedad a Marruecos de que la integridad territorial de Ceuta y Melilla será defendida “en todo momento, bajo cualquier circunstancia y con todos los medios necesarios”. Palabras mayores.

> Arancha González Laya, ministra de Exteriores.- Al ser nombrada dijo que se proponía “reposicionar a España en la UE y en el mundo” pero como siga así casi será mejor que deje todo como estaba. España tenía un mínimo consenso en política exterior y un cierto nivel político al frente del ministerio. 

> Josep Borrell, Alto Representante de la UE.- Una vez más se demuestra que quien sabe de política comete menos errores que quien no tiene experiencia en la materia. Como Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores supo ver la debilidad española y echó una mano.

> Felipe VI, rey de España.- El monarca anterior, Juan Carlos I, tuvo un mal final. Penoso. Pero cuando estaba en forma había cosas que sabía hacer. Cuando llamaba a Barcelona y a Rabat las cosas al menos no iban a peor. Felipe VI tiene buenas formas, pero toca que se haga notar. @mundiario

Los apaños ante la crisis migratoria equivalen a ponerle puertas al campo: faltan estrategias
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