Alemania sigue siendo mucha Alemania, aun teniendo en cuenta las dificultades por las que atraviesa

Angela Merkel. / Anamaría Tudorica
Angela Merkel. / Anamaría Tudorica

Las relaciones hispano-alemanas se caracterizan por su excelencia, tanto en lo político como en lo económico. Ahora que Alemania está en crisis y depende de la solidaridad europea, Madrid tendrá que decidir si se mantiene como socio fiable de Berlín.

Alemania sigue siendo mucha Alemania, aun teniendo en cuenta las dificultades por las que atraviesa

En palabras del analista político Lluís Bassets, los “europeos no podemos quitar los ojos de Alemania…Eso es así, porque Alemania pesa mucho y porque la Unión Europea pesa poco.” Es por eso que preocupa que el país esté pasando por una situación política, económica y social muy difícil. El gobierno de gran coalición, que ha cosechado muy malos resultados en las recientes elecciones en 3 Estados federales, se la juega con el gran reto político que tiene por delante por un lado de frenar el flujo de inmigrantes y por otro de integrar lo más rápido posible a los refugiados reconocidos, proporcionándoles vivienda, clases de alemán, trabajo y escolarización para los hijos. Su reto económico es garantizar que casos como el del fraude en Volkswagen o el derrumbe bursátil de su banco más emblemático, el Deutsche Bank, no contagien la buena marcha de las empresas en general, amenazadas en el flanco de las exportaciones por los signos de debilidad de la economía china. Y la sociedad se enfrenta al auge del partido ultraderechista AfD, en contra del euro y a favor de cerrar totalmente las fronteras alemanas a cualquier tipo de inmigración, que está fracturando el modelo de convivencia alemán, caracterizado hasta ayer por el diálogo, la tolerancia, la búsqueda de compromisos y la cohesión territorial, generacional y social. Hoy, el escándalo de la Nochevieja en Colonia, cuando mujeres  que se encontraban en los alrededores de la estación de tren fueron asaltadas, robadas y vejadas por inmigrantes, agravado por el hecho que la policía tratara de ocultar su actuación incompetente, así como centenares de atentados xenófobos en todo el territorio, muestran una cara desconocida de Alemania que inquieta dentro y fuera del país.

Dada la actual fragilidad alemana, que la Unión Europea esté pasando por una de sus crisis más profundas, no ayuda: Las posibilidades que Gran Bretaña abandone el Club de los 28 (Brexit) siguen siendo reales; en la gobernanza de la eurozona no se advierten avances ni en la coordinación de las políticas económicas, monetarias, fiscales y sociales ni en la gestión de la crisis griega, agravada por la incontrolable inmigración a sus costas desde Turquía; los gobiernos nacionalistas en Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia se caracterizan cada día más por su falta de voluntad y solidaridad europea; el eje franco-alemán, que tan bien ha funcionado en el pasado para solventar desavenencias europeas y avanzar en el proceso de más unión, no da señales de querer jugar el papel de locomotora que Europa necesita. Todo este proceso va acompañado por el miedo al terrorismo yihadista, que cada país intenta combatir a su manera, en vez de buscar una cooperación más estrecha tanto en temas de inteligencia y seguridad como en los esfuerzos políticos y militares para derrotar a las fuerzas del IS.

La marea de refugiados, según el gobierno alemán, solo encontrará solución si hay solidaridad entre miembros de la Unión Europea

En este panorama, no es de extrañar que las dificultades de formar un gobierno en España, como consecuencia de la fragmentación de las fuerzas parlamentarias después de las elecciones del 20-D, no sea el problema que más preocupe a los líderes de opinión alemanes. Entre otras cosas, porque se da por descontado que la economía española seguirá en la senda de un crecimiento mayor que sus grandes socios europeos. La clase política alemana, acostumbrada a grandes coaliciones para tiempos difíciles,  preferiría probablemente un gobierno con una mayoría parlamentaria suficiente para atacar los problemas que acucian al país como Cataluña, la actualización de la Constitución, la urgencia de reformas estructurales para aumentar la competitividad de la economía española y la cohesión social así como la disminución del paro y el insostenible déficit público. Si hay algo que quizás pueda preocupar es que el nuevo gobierno español no tenga la voluntad de ser un socio preferente y fiable de Berlín ante los grandes desafíos que acechan a Alemania y España, la Unión Europea y el mundo en general: ante la marea de refugiados, que según el gobierno alemán solo encontrará solución si hay solidaridad entre miembros de la Unión Europea; ante el  extremismo yihadista y los atentados terroristas que ponen en peligro nuestra convivencia en tolerancia y respeto con las tradiciones democráticas; ante una gobernanza muy deficiente en particular en la Eurozona, y ante el nacionalismo político y económico, que según el experto en asuntos europeos José Ignacio Torreblanca es “una amenaza a la paz, social e internacional”.

En el pasado, las relaciones entre los gobiernos de Madrid y Berlín eran de confianza y sintonía ante los grandes retos existentes a nivel nacional e internacional así como de comprensión y apoyo ante las dificultades a las que cada país se enfrentaba. Del nuevo gobierno español dependerá si desea seguir siendo un socio fiable y comprometido con las causas comunes o, por el contrario, poner en marcha una política exterior marcada por más soberanía frente a Berlín, a pesar de que Alemania sigue siendo mucha Alemania, aun teniendo en cuenta las dificultades por las que atraviesa.

Alemania sigue siendo mucha Alemania, aun teniendo en cuenta las dificultades por las que atraviesa
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