Abascal consolida su liderazgo absoluto en Vox tras apartar a Ortega Smith

Smith es el único miembro del núcleo fundador de Vox, junto al propio Abascal, que seguía en la dirección, ya que los demás, a diferencia de él, se han ido marchando.
El líder de Vox Santiago Abascal habla con Javier Ortega Smith. / RR. SS.
El líder de Vox Santiago Abascal habla con Javier Ortega Smith. / RR. SS.

La decisión de Santiago Abascal de sacar a Javier Ortega Smith del Comité Ejecutivo Nacional de Vox no es un movimiento aislado ni coyuntural: es el punto final —al menos por ahora— de una larga operación de desgaste interno contra uno de los fundadores del partido y durante años su principal arquitecto orgánico. La salida de la ejecutiva consuma una marginación progresiva que retrata con nitidez el actual modelo de poder en Vox, cada vez más cerrado, vertical y personalista.

Durante años, Ortega Smith fue mucho más que un dirigente relevante. Secretario general, número dos de facto, rostro reconocible y figura con ascendencia real sobre las bases, encarnó el Vox de los orígenes: combativo, militante y con vocación de movimiento. Hoy, ese perfil resulta incómodo para una dirección que ha optado por blindar el liderazgo de Abascal y reducir cualquier atisbo de disidencia interna, por leve que sea. La salida de la ejecutiva llega después de haber sido relevado como portavoz adjunto en el Congreso y de una sucesión de degradaciones orgánicas que han ido vaciando su poder real.

El propio Ortega Smith nunca ha ocultado su malestar. Calificó de “equivocada e injusta” su destitución parlamentaria y ha elevado el tono crítico contra la deriva del partido, especialmente desde que advirtió de que Vox “no nació como una agencia de colocación de amigos”. Esa frase, aparentemente menor, marcó una línea roja. Desde entonces, el distanciamiento con Abascal se ha hecho público, frío y sin retorno.

De fundador a estorbo político

La trayectoria interna de Ortega Smith explica mejor que ningún discurso el cambio de Vox. En octubre de 2022 fue apartado de la secretaría general; después perdió la vicepresidencia; más tarde quedó reducido a vocal y ahora sale directamente del máximo órgano de dirección entre asambleas. No ha habido choque frontal ni ruptura abrupta, sino una estrategia de desgaste silencioso que ha evitado convertirlo en mártir político.

La dirección es consciente de que, después de Abascal, Ortega Smith sigue siendo uno de los dirigentes más conocidos y valorados por las bases. Precisamente por eso, el enfrentamiento directo se ha esquivado. Sus colaboradores más próximos fueron apartados uno a uno, su influencia orgánica se diluyó y su papel quedó reducido al ámbito institucional. La operación ha sido quirúrgica.

El liderazgo de Abascal, sin contrapesos

La salida de Ortega Smith refuerza una idea central: en Vox ya no hay espacio para figuras con autonomía política. Abascal gobierna sin contrapesos reales y con un núcleo de dirigentes en ascenso que deben su posición exclusivamente a la confianza del líder. El mensaje interno es inequívoco: hay “banquillo”, como dijo el propio Abascal, y nadie es imprescindible.

El momento elegido tampoco es casual. La decisión se produce tras los buenos resultados de Vox en Extremadura, donde el partido ha más que duplicado su representación. En ese contexto de fortaleza electoral, el coste interno de la purga es mínimo y el control del aparato se refuerza.

Julia Calvet y el relevo generacional dirigido

En sustitución de Ortega Smith entra Julia Calvet, diputada en el Parlament y portavoz de Juventud. El movimiento tiene una doble lectura: renovar perfiles y, al mismo tiempo, cerrar el hueco dejado tras la ruptura con Revuelta, la asociación juvenil vinculada a Vox envuelta en una grave crisis interna. Calvet representa un relevo generacional disciplinado, sin peso propio previo y alineado con la estrategia de la dirección.

La salida de Ortega Smith no es solo un ajuste de nombres. Es el síntoma de un Vox que ha dejado atrás su fase fundacional y ha optado por una estructura férreamente controlada desde arriba. @mundiario

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