Xi, Putin y Modi escenifican unidad: ¿el inicio de un nuevo orden mundial frente a Occidente?

La cumbre en China dejó imágenes cargadas de simbolismo entre las potencias no alineadas, mientras EE UU responde con demostraciones de fuerza ante Venezuela. Entre el legado de Bretton Woods, el papel del FMI y el ascenso de los BRICS, el tablero geopolítico global se reconfigura.
Donald Trump y Xi Jinping. / Mundiario
Donald Trump y Xi Jinping. / Mundiario

La escena, aparentemente informal, fue cuidadosamente calculada. En el este de China, los líderes de tres de las mayores potencias emergentes se daban la mano y sonreían como viejos aliados: Xi Jinping, Vladimir Putin y Narendra Modi. La cordialidad entre ellos no era casual, y el mensaje que proyectaban tampoco: hay un bloque que empieza a desafiar el orden internacional establecido desde la Segunda Guerra Mundial.

El gesto, captado por todas las cámaras, fue breve pero elocuente. Modi, Putin y Xi formaron un pequeño círculo de poder, intercambiaron algunas palabras y rieron juntos. Para China y Rusia, la foto reforzaba su narrativa de un “orden alternativo” capaz de atraer a países descontentos con las reglas dictadas por Occidente. Para India, el objetivo era más pragmático: demostrar que puede jugar en varios tableros, incluida la aproximación a Pekín, pese al conflicto fronterizo aún sin resolver.

Mientras tanto, al otro lado del Pacífico, Donald Trump respondía con su propio golpe de efecto. El presidente estadounidense anunció que, bajo su orden directa, las fuerzas militares habían ejecutado un ataque en aguas internacionales contra una embarcación vinculada al Tren de Aragua, un grupo al que Washington considera “narcoterrorista”. Once personas murieron, según los datos difundidos por la Casa Blanca.

Aunque la operación se presentó como una acción contra el narcotráfico, su significado geopolítico es innegable. Trump buscó proyectar firmeza en un momento de creciente incertidumbre global: tensiones con China, distanciamiento con India, guerras comerciales abiertas y un sistema de alianzas que ya no es tan sólido como en las décadas posteriores a Bretton Woods. Venezuela aparece en el punto de mitra de Trump, al tiempo que Putin no suelta la presa de Ucrania.

Para entender el significado de la cumbre en China hay que retroceder a 1944, cuando, en plena Segunda Guerra Mundial, 44 países aliados se reunieron en Bretton Woods, en el estado de New Hampshire. El objetivo era establecer un nuevo orden económico internacional que garantizara estabilidad, reconstrucción y crecimiento tras el conflicto. De aquella conferencia surgieron tres pilares que marcaron el sistema económico global durante casi tres décadas: El dólar estadounidense se convirtió en la moneda de referencia mundial, respaldado por el oro a un tipo fijo; se creó el Fondo Monetario Internacional (FMI) para asegurar la estabilidad cambiaria y proporcionar asistencia financiera a los países en dificultades, y nació el Banco Mundial, diseñado para financiar la reconstrucción de Europa y el desarrollo de economías emergentes.

Este sistema colapsó en 1971, cuando Richard Nixon suspendió la convertibilidad del dólar en oro, dando paso a la era de las monedas fiduciarias. Sin embargo, el liderazgo económico, financiero y militar de Estados Unidos se mantuvo intacto, reforzado por la expansión de instituciones internacionales creadas bajo su influencia.

infografía de la cronología desde Bretton Woods hasta hoy, el peso económico y demográfico de los BRICS frente al G7 y las posibles rutas hacia un orden multipolar. / Mundiario
infografía de la cronología desde Bretton Woods hasta hoy, el peso económico y demográfico de los BRICS frente al G7 y las posibles rutas hacia un orden multipolar. / Mundiario

Los BRICS: un desafío al statu quo

La cumbre celebrada en China no es un episodio aislado. Se inscribe en una dinámica más amplia: la consolidación de los BRICS —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— como contrapeso al poder de Estados Unidos, el FMI y el Banco Mundial. Desde su creación en 2009, este bloque ha buscado reequilibrar el sistema financiero internacional. Su discurso pivota sobre tres ejes: reducir la dependencia del dólar en el comercio global y en las reservas internacionales, impulsar instituciones alternativas, como el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), concebido como un contrapeso al FMI y al Banco Mundial, y ganar peso político y diplomático, proyectando una agenda común en foros multilaterales.

La reciente incorporación de países como Egipto, Irán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Etiopía al grupo BRICS+ refuerza esta tendencia: un bloque más diverso, con un enorme peso energético y demográfico, y con un discurso que gana influencia en el llamado “Sur Global”.

El papel de China, Rusia e India

En este tablero, China actúa como motor económico y diplomático. Su Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) busca tejer una red global de infraestructuras, comercio e influencia política. Rusia, a pesar de las sanciones occidentales, mantiene un peso estratégico por su energía, su armamento y su asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

India, en cambio, juega con mayor ambigüedad. Es miembro de los BRICS, pero también del Quad —una alianza de seguridad con EE.UU., Japón y Australia— y mantiene relaciones estrechas con Europa. Su estrategia pasa por maximizar su autonomía, reforzar su crecimiento tecnológico y consolidarse como potencia emergente capaz de dialogar tanto con Washington como con Pekín y Moscú.

¿Cambio de orden mundial o reajuste táctico?

Las imágenes de Xi, Putin y Modi pueden parecer anecdóticas, pero reflejan tensiones más profundas. El sistema surgido de Bretton Woods enfrenta desafíos inéditos: la hegemonía del dólar se cuestiona ante el avance de acuerdos bilaterales en monedas locales, las instituciones de posguerra, como el FMI, pierden legitimidad en parte del mundo en desarrollo, y el eje Asia-Pacífico concentra cada vez más comercio, inversión y población, desplazando el centro de gravedad económico hacia Oriente.

Estados Unidos conserva una ventaja decisiva en innovación, finanzas, tecnología y poder militar. Pero el tablero geopolítico es más complejo y multipolar que nunca. Los BRICS no tienen una agenda unificada, pero sí un relato común: la necesidad de un sistema más representativo y menos dependiente de Washington.

La cumbre china y la respuesta militar de Trump son, en última instancia, capítulos de la misma historia: la disputa por quién escribirá las reglas del siglo XXI. Puede que aún estemos lejos de un nuevo Bretton Woods, pero los cimientos del viejo orden muestran grietas. Y en política internacional, las grietas suelen ser las antesalas de grandes transformaciones. @mundiario

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