Verdades incómodas: Grok-3 y la niña de las cerezas

Acabar rápidamente con la libertad de expresión del chatbot no es complicado. Basta introducir en el sistema algunas instrucciones que eviten que hable de según qué cosas.
Ilustración de una niña con un cesto de cerezas junto a un chatbot. / Mundiario
Ilustración de una niña con un cesto de cerezas junto a un chatbot. / Mundiario

Siendo niño llegó una visita a la casa de mis abuelos. Un matrimonio y su hija pequeña. Ella, como yo, de unos 8 o 9 años. Después de una larga merienda, y ya dispuestos a marcharse, fueron a buscar al coche un gran cesto de cerezas. Mi abuela, siempre muy comedida, insistió en que no podía aceptarlas y dejarlos a ellos sin nada.  Pero la niña zanjó la discusión: “no os preocupéis, que nosotros llevamos otra cesta de cerezas en el coche, y las nuestras sin gusanos”. Hasta me pareció oír el “trágame tierra” durante el tenso y largo silencio que siguió a sus palabras. Durante algunos días los cerdos tuvieron cerezas de postre. 

Me vino a la cabeza este recuerdo viendo lo que le ha ocurrido a Elon Musk con el último de sus inventos. Hace tiempo que el fundador de Tesla se viene quejando de que los modelos de lenguaje ocultan el discurso conservador. Viendo cómo actúa este hombre de brazo en alto, era evidente que no iba a quedar ahí la cosa. Su red social X, con contenidos cada vez más tóxicos, está amplificando hasta el delirio, no ya el discurso de derechas, sino el de extrema derecha. Además, puso en marcha la maquinaria de otra de sus empresas, xAI, para crear Grok, un modelo de IA llamado a ser el máximo exponente de la verdad, según palabras del propio Musk. Y lo cierto es que parece haberlo conseguido, ya que su última versión, Grok-3, anunciado a bombo y platillo como el modelo de IA más inteligente de cuantos existen, dijo ante una pregunta de un usuario que el podio de "quienes más daño le hacen a Estados Unidos" está conformado por: Trump, medalla de oro; Musk, que ha de conformarse con la de plata, y Vance, vicepresidente de EE UU, ocupando el cajón más bajo. Dijo cosas aún peores de Musk, pero prefiero no reproducirlas. 

Visto que Grok era tan sincero y espontáneo como la niña de las cerezas, Musk decidió acabar rápidamente con la libertad de expresión del chatbot. No es complicado. Basta introducir en el sistema algunas instrucciones que eviten que hable de según qué cosas. Los chinos lo hacen con sus modelos. En particular, evitar que diga que Musk y Trump difunden información errónea.

Cuando algunos usuarios destaparon esta maniobra de silenciamiento de Grok, el jefe de ingeniería de xAI hizo responsable a un empleado de la compañía, que antes lo había sido de OpenAI, la empresa que creó y comercializa ChatGPT. Acusó a esa persona de haber actuado por su cuenta y riesgo, desatendiendo los valores de la compañía. 

Parece muy hollywoodiense esta forma de centrifugar las responsabilidades cuando las cosas salen mal o simplemente te descubren. Recordemos el caso de Wells Fargo, uno de los bancos más grandes de EE UU, que fue demandado por haber creado millones de cuentas bancarias y tarjetas de crédito sin el consentimiento de sus titulares, algo que se debió a la extrema presión de la compañía sobre sus empleados para que cumpliesen con ciertos objetivos de negocio. Estas prácticas fueron incluso toleradas y hasta incentivadas por los directivos de la empresa. Sin embargo, en lugar de asumir su responsabilidad, la compañía despidió a más de 5.000 empleados, también “por haber violado los valores del banco”. El colmo del cinismo corporativo. 

La niña de las cerezas seguramente fue castigada por su sinceridad. Con Grok-3 ocurrió lo mismo. Al fin y al cabo, aunque las máquinas vivan en su mundo digital, este es también un mundo humano, y lo peor de nosotros también vive allí. @mundiario

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