Todos nacemos de mujer

Embarazo. / eldiario.es
Hace unas semanas, al ver a la hija de mi hija por primera vez, entendí que la vida no es esa cosa pequeña que llora y mama sino el hilo de vida que la une a su madre y a su abuela y a su tatarabuela.

Mi hija acaba de tener su primera hija que a la vez es mi primera nieta. Cuando recibí a la hoy madre en la clínica tuve una epifanía. Pensé: "¡ahí va!. Sirve para esto". Me refería a las consecuencias de ese vaivén de cuerpos y suspiros que llamamos de muchas maneras. A pesar de que ya sabía que los niños no vienen de París, ver sus consecuencias así en primer plano resultó una prueba irrebatible. No pasó de ahí. Pero hace unas semanas, al ver a la hija de mi hija por primera vez, entendí que la vida no es esa cosa pequeña que llora y mama sino el hilo de vida que la une a su madre y a su abuela y a su tatarabuela y así por lo menos hasta Atapuerca.

Pues ese hilo no lo tejen ni lo mantienen los hombres, los guerreros a quienes Júpiter, que prefiere antes a sus caballos que a los humanos, manda su cólera terrible, la até, para que se enfrenten entre sí y nos iluminen con la sangre de sus víctimas. El instrumento de tanta ira son las armas, y tal su fuerza que matan incluso después de caido su dueño, como las armas de Aquiles, el hijo de Pelis y Thetis, ya en el Hades, mataron a su vez a Ajax.

Tampoco trajeron la vida los hombres que más tarde se dolieron de las penas de amor y las compararon a las de la guerra en madrigales de impagable belleza. Ni siquiera Dante que identificó a su Beatriz con lo mas alto del cielo. Ni los poetas de las cortes de amor, ni los inventores del amor bajo los tilos en la pradera. Fueron las dulces amigas de Safo en la Isla de Lesbos, a la que peregriné con mi esposa y mi hijo casi adolescente. Ellas y sus delicadas manos que escribieron himnos ya perdidos en los que se cantaba el amor y el deseo. Desde entonces la literatura occidental es de doble filo, épica para la guerra, lírica para los lances de amor del que ellas fueron paladines. Pues un dia sintieron que faltaba a la cita su roja flor de la vida y que dentro de ellas nacía algo nuevo y eterno, la semilla de otras semillas, un eslabón mas en la cadena de la vida.

Mahoma dijo que "el paraíso se encuentra a los pies de las madres". Una lástima que Al Gazzali prohibiese la reflexión teológica en el Islam, y todo se quedase ahí, lo que ha terminado por llevar a las mujeres musulmanas al tchador, a diferencia de Occidente donde Anselmo de Canterbury defendió lo contrario con una frase que inspiró la reflexión de Descartes, "la inteligencia puede reflexionar sobre la fe". En el latín original, "fides quaerens intellectus", diferencia que sin llevar a las mujeres tan lejos como el paraíso (de las huríes, por cierto) les ha llevado a poder ser "top gun", si tal es su deseo. Me parece que aberraciones como los homicidios cometidos contra dos mujeres polacas a las que les costó la vida negarles el aborto de fetos inviables, que murieron con ellas, o la incompensible decisión del TS americano de ignorar el principio del precedente legal (stare decisis) y eliminar la protección federal al aborto que consagró en 1973 la sentencia Roe vs. Wade, son incidentes de recorrido. Se incorporan a la historia de la infamia, cierto, pero no las tengo por estratégicas, el curso de los acontecimientos va en otra dirección. Lo que si falta y no está aceptado todavía, ni siquiera en gobiernos de progreso (por así decir) es atacar la desigualdad entre hombres y mujeres desde el punto de vista opuesto. Eliminar via Estado de bienestar todos los hechos con los que la naturaleza grava a la mujer por ser otorgadora de vida. Para ello se necesitan generosos programas de permisos de embarazo y paternidad y, una vez nacido el infante, acudir a socorrer los gastos de guardería y cuidado general, sin olvidar en este caso la paternidad, esencial en una sociedad de familias nucleares como las nuestras, para que puedan asistir a lo que en Castilla siempre se ha llamado "recién paridas".

No es eso feminismo desnortado ni exceso de gasto social sino elemental protección del derecho a la vida que ellas y solo ellas traen a este mundo. No hay otra certeza. Yo no se de donde vinieron los Zorrilla, mas allá de que según Lope de Salazar entraron en las Encartaciones en 1376 para hacerse cargo de la Merindad de Soba, lo que abrió una faida con los Ezquerra que merece varias páginas de su "Bienandanzas y Fortunas" y de la que dan testimonio dos iglesias vecinas, una de los Ezquerra y otra de los Zorrilla, todavía en aquellos lugares. Tampoco se lo que hacían los Alvarez en la línea de frontera Islam/Cristiandad que pasó por Salas de los Infantes ni porqué todos ellos (según mi madre) fueron médicos hasta que yo rompí la cadena. La única certeza es que fueron mujeres las que parieron otros hombres y mujeres que que han llegado hasta mi. Que soy hijo de mujer, como todos, vaya. Por ello creo que la definición mas hermosa y ajustada de la condición femenina se la debemos a la sensibilidad ortodoxa de Boris Leonidovich Pasternak, a quien los rusos ven solo como un excelso poeta. Sin negar sus méritos, un occidental como yo recorre las páginas de su prosa con el mismo temblor con el que recibe a Teresa de Ávila o Juan de la Cruz.

Más de una vez fui a comerme unos huevos duros y beber unos tragos de vodka a su tumba en Peredelkino, cerca del Patriarcado. Me recogía ante sus restos mortales, aunque de mortales tienen poco, vista la altura de su Zhivago, para mi algo tan bello y tan armónico como la Divina Comedia de Dante. El entendió lo que significa el principio femenino, algo que nuestra civilización occidental, traducida toda del griego para poder ser latina desde Agustín de Hipona, no ha terminado de entender por muchas cortes de amor, madrigales y Werther que le queramos echar. Y lo hizo con palabras que creo recordar, definición que sirve para madres, hijas, abuelas, nietas, vírgenes y prostitutas. Las recojo aquí: "las mujeres son como bajeles que cruzan un mar en sombras, arriban a riberas desconocidas y vuelven de ellas con un alma en los brazos".

Los egipcios decían. "Todos temen al tiempo. El tiempo teme a las pirámides". Yo lo repopondría. "Todos temen a la muerte. La muerte teme a las mujeres". @mundiario