Tensión entre EE UU y Venezuela: riesgos de una escalada militar con la soberanía en juego
La tensión entre Estados Unidos y Venezuela atraviesa uno de sus momentos más críticos en años. El Gobierno de Nicolás Maduro ha ordenado una movilización masiva de reclutas en todo el país, una medida que, según Caracas, responde a “amenazas de agresión” por parte de Washington. La Administración de Donald Trump, lejos de rebajar el tono, ha enviado 10 cazas F-35 a Puerto Rico y ha advertido de que responderá “con fuego” a cualquier aproximación considerada hostil.
Este intercambio de gestos de fuerza ocurre en un contexto ya enrarecido por el hundimiento de un barco venezolano en aguas del Caribe durante un operativo antidrogas estadounidense que dejó 11 muertos. A ello se suma el sobrevuelo de cazas venezolanos cerca de un destructor norteamericano, un incidente que, según el analista Andrés Cañizález, de El Estímulo, ha elevado las tensiones “a una escala sin precedentes”.
Pero detrás de la retórica militar y las maniobras estratégicas, el verdadero debate gira en torno a la soberanía venezolana. Durante décadas, el país fue visto como una democracia consolidada en América Latina, pero hoy se encuentra atrapado en una encrucijada histórica. Un especial del diario El Nacional recoge las visiones de analistas, juristas y activistas que coinciden en un diagnóstico inquietante: el poder real en Venezuela ya no emana del pueblo ni se somete a la Constitución, sino que está condicionado por dinámicas paralelas donde convergen crimen organizado, influencia de actores externos y un régimen que ha debilitado gravemente la institucionalidad democrática.
La activista Tamara Suju, en su artículo “Soberanía secuestrada”, sostiene que el territorio venezolano se ha convertido en base de operaciones para grupos armados irregulares y carteles internacionales. El exvicepresidente colombiano Francisco Santos refuerza esa visión y acusa al chavismo de hipocresía: mientras invoca el discurso antiimperialista, permite la penetración de organizaciones criminales transnacionales. En la misma línea, el exalcalde de Caracas Antonio Ledezma recuerda que la soberanía no se mide solo por fronteras, sino por la capacidad de un pueblo para decidir su destino.
Un nodo clave para actividades ilícitas
En paralelo, Venezuela se ha transformado en un nodo clave para actividades ilícitas: tráfico de drogas hacia EE UU y Europa, contrabando de oro, coltán y tierras raras, lavado de activos y circulación de armas. Este fenómeno, documentado por El Nacional, ha debilitado el control territorial del Estado y ha convertido al país en un punto neurálgico del crimen transnacional, con profundas implicaciones para la estabilidad regional.
Sin embargo, no se trata solo de un problema de seguridad. Para el politólogo Aníbal Romero, el concepto de soberanía en Venezuela se ha vaciado de contenido: “Quienes gobiernan el país con mano de hierro no encarnan la soberanía, aunque administren el aparato estatal”. El sociólogo Tulio Hernández, por su parte, advierte de que el régimen utiliza la soberanía como “una banda elástica”, un recurso político que se estira y contrae según convenga, mientras las amenazas externas y las cesiones internas generan un escenario de fragilidad estructural.
En este contexto, la narrativa oficial del chavismo presenta a Venezuela como víctima de agresiones externas y conspiraciones lideradas por Washington, acusando incluso a figuras como el secretario de Estado Marco Rubio de participar en complots. Pero los hechos sobre el terreno contradicen en parte ese relato: lejos de ser un Estado plenamente soberano, Venezuela comparte su territorio y recursos con actores no estatales que limitan la autoridad del Gobierno.
La tensión con Estados Unidos, en realidad, es la manifestación más visible de una crisis más profunda. La autodeterminación que Maduro defiende en los foros internacionales contrasta con la dependencia de su régimen respecto a alianzas estratégicas con Rusia, China e Irán, así como con la creciente influencia de organizaciones criminales transfronterizas. Por si fuese poco, el fiscal de Venezuela advierte a Edmundo González Urrutia, ganador de las elecciones presidenciales que le usurpó Maduro, de que se enfrentará a la justicia si regresa al país.
Venezuela, en definitiva, se enfrenta a un dilema existencial: reivindica un discurso de independencia frente a las potencias extranjeras, pero en la práctica ha cedido soberanía territorial, económica y estratégica. Mientras la confrontación con Washington aumenta, el riesgo real es que las tensiones externas desvíen la atención de un problema de fondo: el país parece haber perdido la capacidad de controlar plenamente su destino. @mundiario



