Plato del día

Un superhéroe de Marvel en Moncloa

Ana Redondo, a la sazón ministra de Igual-da, ha elevado a Pedro Sánchez a la categoría de Superhéroe. Y el dilema consiste en discernir si es tangible, de carne y hueso, o un nuevo Superhéroe virtual de esos de la factoría Marvel.
marvel
marvel

Sin el mínimo ánimo de rebajar el grado de superhéroe de democracia, de dignidad, de derechos y de feminismo, que le ha atribuido la ministra Ana Redondo a Pedro Sánchez, como adalid del ¡No a la guerra!, no puedo evitar estos días navegar por un mar de dudas, con estrechos de Ormuz que dificultan el tránsito de muchos pensamientos contradictorios. Que un ¡no a la guerra! iba a tener buena acogida por parte de eso a lo que llaman mayoría social (que por una parte yo qué sé lo que es y por otra cuántos la componen), qué quieren que les diga, se le antoja a uno el sueño similar al de un consumidor de lotería ante la posibilidad de adquirir un décimo de El Gordo (¡qué digo un décimo!, todo un billete!) el día después de haberse celebrado el sorteo. Porque de Pedro Sánchez, como de algunos de sus antecesores, se pueden hacer todo tipo de conjeturas, oye, pero ha sido un error irreparable imaginarse que se había caído de un guindo de pequeño. En verdad os digo (utilizando el lenguaje apropiado a estos días de Semana Santa), que es más fácil que el camello ese de los evangelistas pase por el ojo de una aguja que un tipo sin dos dedos de frente pase por la puerta de entrada de La Moncloa. Los más tontos de los que lo han conseguido, han ido haciendo relojes de madera, leyes al filo de la navaja constitucional, matrimonios inverosímiles de conveniencia, pactos con el diablo que no se habría atrevido a imaginar ni el mismísimo Goethe cuando iniciaba sus primeras páginas de Fausto.

De manera que menos adjetivos descalificativos por parte de los antisanchistas, oye, por mucho que para unos sea una constante pesadilla, para otros un divino líder y para los junta-letras mediáticos y charlatanes de tertulia, talmente un chollo para rellenar páginas de periódico y espacios televisivos y radiofónicos. Este señor tiene más peligro que El Vaquilla en un Salón del Automóvil, lo que yo te diga. A lo tonto, lo tonto, no ha ido dando el hombre una puntada sin hilo. Quiero decir que, a Las Moncloas no se llega precisamente por casualidad, ni por ser guapos de cara, ni practicando el teatrillo ambulante en un Peugeot, en modo La Barraca de García Lorca por los cuatro puntos cardinales de El Estado. Ca. Pero es que este chico, Pedro, además, tiene un olfato especial para vislumbrar el humo tras cuyo rastro se averigua dónde está el fuego: vislumbró, por ejemplo, que salía humo en La Puerta del Sol un 15-M, permitió que Pablo Iglesias se convirtiese en el pirómano de los indignados y recogió después las cenizas como abono infalible del progre-sanchismo; dejó hacer/dejó pasar el Referéndum de Cataluña y se sacó después de la chistera el conejo del indulto; se le coló de improviso el covid, y nos hizo creer que, tras él y su gobierno, había un grupo fantasma de los más reconocidos pero irreconocibles expertos; se marcó un Don Juan Tenorio con Pablo Iglesias, que acabó con un desenlace todavía peor que el genuino de José Zorrilla; y, francamente, señoras y señores, cada vez que ha montado o ha dejado montar un circo: el del Peugeot, el del solo sí, es sí, el del Fiscal General, el de Waterloo, el de la visita de Miss Delcy, el de Plus Ultra, el de los Presupuestos Generales del Estado, el de los Secretarios de Organización del Partido, el de los sucesivos gobiernos por haches o por bes, le han crecido los enanos: los Maxin Huerta, los Ábalos, los Koldos, los Cerdán, su hermano con la música en otras partes, la madre de sus hijas; el Fiscal General condenado, apagones, descarrilamientos. Lejos de mi la funesta manía de calificarlo de gafe, oye. Lo que pasa es que, si sigue creyendo que debe quedarse, que se quede, hombre, como diría José Mota, pero quedarse por quedarse, chico, no sé a él, pero, con ese currículo, parece tontería, la verdad.

Yo ni quito ni pongo presidente: ¡eso que lo haga el pueblo! El mismo pueblo al que, a lo largo de mi vida le he escuchado exclamar de generación en generación: ¡que mal anda, mal acaba! Y Mal asunto si, el que mal anda, en vez de acabar mal él solito, arrastra a la inmensa mayoría de los demás a compartir su destino. @mundiario

Comentarios