No sólo es deriva política, sino también cultural
Dos católicos de renombre expresaron su alarma ante los bombardeos de Durango y Guernica (de una intensidad ni siquiera conocida en la IGM). Mauriac, premio Nobel, decía en aquel entonces que “puede que llegue un día en que se reconozca que ese pobre pueblo sufría y moría por nosotros. Dios quiera entonces que no encontremos sus muertos en el mismo lugar en que haya que enterrar a los nuestros”. Palabras premonitorias. La preocupación de Maritain, filósofo y destacado exponente del humanismo cristiano, no era menor: “…en estas civilizaciones de tipo profano la noción de guerra santa pierde toda su significación. La guerra no se hace santa, sino que corre el riesgo de hacer blasfemo lo que es santo”.
Hoy debería haber en Europa una preocupación similar. Sin embargo, el rumbo es el opuesto. No es sólo que se tomen decisiones peligrosas, sino que se hace despreocupadamente. Que fuera labor de unos políticos maquiavélicos sería inquietante, pero siempre subyacería cierta confianza en que su propio maquiavelismo les impediría el suicidio. Pero esa capacidad está hoy sujeta a justificadas dudas.
Pero no es sólo un problema de idoneidades políticas. La Europa que se está diseñando, aparte de suicida, en nada se parece a la deseada por los europeos. Se ha dado un salto que nos aparta del proyecto inicial basado en la paz, en la concordia, en el diálogo. O al menos eso se decía y en casos se hacía. ¿Quiénes son los artífices de tal desviación? Los mismos que logran que día a día aumente el desagrado hacia ellos mismos si nos guiamos por elecciones o índices de aceptabilidad. El otro día dimitía el segundo cargo del gobierno inglés.
Esa desconexión entre rechazos nacionales y autismo en las cúpulas europeas es un problema democrático, la prueba de que hay desconexión entre dirigentes y dirigidos. La Constitución Europea rechazada fue sustituida por un Tratado de Lisboa que fue la reedición de lo desechado. Respecto al Parlamento Europeo es incierto que fuera reforzado por el Tratado. Es más, ¿qué justifica que no sea un parlamento pleno, a semejanza de los de las naciones que lo nutren? Todo se sustenta pasivamente porque entre otras cosas los burócratas europeos son maestros en el arte de lo abstruso.
Cuando se buscan datos sobre los países que sometieron a referéndum el segundo proyecto vemos que se mezclan los términos referéndum y aprobación parlamentaria, que no son lo mismo. Sabemos que el referéndum de Irlanda rechazó dicho tratado, pero que al final “le torcieron el brazo” --como decía Obama-- mediante otro referéndum que superó raspadamente la prueba.
Sobre las demás instituciones europeas ocurre lo mismo. Las competencias se solapan y confunden y en casos anulan; parece que el Consejo Europeo es el órgano rector (es decir, los estados) que marca las líneas maestras, pero luego se descubre que la Comisión tiene competencias decisivas. ¿Cómo a estas alturas puede haber "disputa por la representatividad" como dice la IA “que surge de la complejidad de sus funciones”? Tragicómicos han sido los pulsos protocolarios por las sillas entre Von der Leyen y Michael, cabezas de la Comisión y del Consejo Europeo respectivamente.
Sin saberse cómo, parece que Von der Leyen tiene una capacidad especial para absorber poder. Por su parte, el presidente del Consejo Europeo no aparece en actos en los cuales el espíritu general de los estados integrantes debería aparecer.
Pero no sólo hay una estructuración anómala. En ocasiones surgen reuniones decisivas en las que la Comisión aparece rodeada de determinados países, en los que no faltan Francia ni Alemania, y en casos Italia, Finlandia, Polonia, la OTAN, y a las que se adosa una Inglaterra que goza del don de la ubicuidad y de la desaparición según su particular conveniencia. Para colmo, toneladas de documentos ilegibles que empantanan a la UE. Si el papel fuera petróleo no habría problemas energéticos.
Cuando Von der Leyen negoció con Trump, ¿en qué acuerdos previos se basó? Tal reunión fue la prueba de la anulación o inexistencia de la soberanía europea. En Escocia (un Washington desplazado y privado) desoberanizaron a un ente que no ha dejado de desoberanizar a los estados que lo integran. Algo así como el perro del hortelano.
La sensación que se percibe es la de que no estamos gobernados por instituciones, sino por una clase política aislada en una cúpula de privilegios y desconectada de la realidad. El debate entre políticas realistas y políticas ideológicas se da en gran parte del mundo. La UE ha optado por una ideología desfasada. Y la realidad demuestra que la ideología sin una praxis adecuada es el peor enemigo de lo necesario.
Cabría pensar que unas biografías señeras valen más que unas instituciones adecuadas, pero no hay tales biografías. Vemos que muchos de sus representantes han sido rebotados de sus países bien por rechazo político, bien porque sus expedientes no son inmaculados. ¿Qué ocurre ahora con Mercosur, Von der Leyen, Macrón y “un posible impacto negativo en los agricultores franceses”, tal como dice la prensa? Que una nave se meta en una tormenta es grave; que carezca de timoneles expertos, mortal.
Para orientarnos lo primero que debería aclararse es qué somos. ¿Una federación, una confederación, una reunión de estados en distintos niveles, una monarquía sin rey mal administrada por validos?
Por otra parte partimos de la ficción de que hay una hermandad paneuropea (un espíritu común), pero no es cierto. Somos parte de un Occidente financierista, materialista y nihilista que ha olvidado a la Europa que hunde sus raíces en las culturas grecolatina y cristiana. Tal como están las cosas, no creemos que la UE pueda ir más allá de una confederación. Diariamente aumenta la confusión. Nos hemos convertido en una especie de cono regido por una nebulosa que nos marca directrices inexplicadas y a veces inexplicables. Debajo una Comisión Europea más ejecutora que decisora (por ejemplo, lo sucedido en Escocia) seguida de tres países, de los cuales, uno, no pertenece a la UE; es decir, Alemania y Francia más la intermitente Gran Bretaña. En la base unos estados ilegítimamente subalternizados y sujetos a sanciones según cumplan o no unas reglas no escritas. ¿Los ciudadanos? Meros contribuyentes. Que nadie crea que la Comisión dispone de un baúl propio lleno de oro. Si así fuera lo administraría con menos alegría.
Antes mencionamos naves y mares. Agitar las aguas no es la política más inteligente para prosperar o sobrevivir. Las guerras se ganan… y se pierden. Y de cualquier forma destruyen. Puede que enriquezcan a los fabricantes de armas, a los inductores, que luego permanecen alejados, esperando volver a enriquecerse con la reconstrucción de lo destruido. Alejarse del belicismo, sobre todo si es impuesto, es lo más inteligente que se puede hacer. Una anotación al margen: ¿cuántas mujeres había que aseguraban que con ellas no habría guerras?
Los euros en papel están llenos de puentes y de puertas. Mejor haber dibujado una gran isla. La UE se está aislando de todos, ajena a sus propios intereses. Tiene enemigos en África, en Iberoamérica, en EEUU, en Eurasia, en Asia,,, en la propia UE. ¿Cómo se puede jugar al ajedrez con todas las piezas bloqueadas? Su política debería abrir puertas y puentes. Se habla de independencia energética. ¿De cuándo esta permite que le inutilicen vías vitales, a cuatro veces el precio anterior, con soluciones más contaminantes? ¿Ya no hay pacto verde?
¿Por qué ha de engancharse a belicismos foráneos que luego desaparecen a voluntad y sin consultar con nadie? ¿Cuándo ha amenazado China a Europa para que a imitación de EEUU la declaremos enemigo estratégico? ¿Peligra Groenlandia por ella? La memoria nos recuerda las guerras del opio, allí, no aquí. ¿Pretender asfixiarla no contraviene los derechos humanos? Proponerlo cuando los asfixiados somos nosotros nos sitúa en un papel irrisorio.
La moral no se puede desconectar de la razón ni de la lógica. Por ejemplo, se dice que Europa es cristiana, sin embargo las iglesias católicas y protestante acusan a la iglesia ortodoxa (¿de qué?), que es cristiana, que cree en la Santísima Trinidad, que cree en la Virgen María y la veneran como madre de Dios. Por el contrario olvidamos la muerte de Jesús. Dejémoslo ahí, porque ya hay fuerzas oscuras que reescribiendo lo mantenido durante siglos sobre la crucifixión la reconducen exclusivamente a los romanos. ¿La historia de Barrabás, la inhibición de Pilatos eran ficción? Pues piensen los verdaderos cristianos que destruir pilares de la base de su iglesia puede provocar su derrumbe.
Sobre Gaza ¿qué hubieran dicho Mauriac o Maritain? Con esa técnica reduccionista de la Historia, lo de Palestina sólo tiene dos elementos mencionables: los atentados de Hamas y los rehenes. Ahí empieza la Historia. ¿Cinismo o ignorancia supina? Pero ¿por qué en cerca de ochenta años se ha impedido el segundo estado acordado, elemento constitutivo de la creación de Israel. ¿No importa que cerca de seis millones de palestinos vivan fuera de su patria, muchos de ellos en barracones o tiendas de campaña? ¿Sin sanidad, medicamentos, haciendo operaciones sin anestesia? ¿No importa que los colonos invadan las tierras más feraces expropiándolos ilegalmente? ¿Que haya trece mil presos políticos sin juzgar ni abrir causa? ¿Que cada dos por tres haya sucesos como los de Sabra y Shatila? ¿Que se ataque a otros estados sin más? ¿Que unos tengan que cumplir los convenios de no proliferación nuclear y otros no? Para colmo, uno de los héroes de las verdades iraquíes, Tony Blair, propuesto para gobernador de Gaza.
La progresiva desestructuración de la UE puede tener múltiples víctimas: la viabilidad de los estados, la de la propia UE; la de la democracia (si la había); la capacidad defensiva de sus países; por supuesto, los derechos políticos y sociales de los ciudadanos. Hay demasiadas corporaciones invisibles actuando en las alturas, mientras el espíritu democrático de Europa desaparece. Lo que era una conjunción entre iguales se ha convertido en un sistema verticalista en el cual, como en la Edad Media, se puede sancionar mediante leyes no publicadas. Polonia, Hungría, Eslovaquia, España, Italia, Rumanía, Bulgaria han conocido tales sanciones o amenazas.
La UE necesita un giro de 180 grados (no de 360 grados, tal como propugnaba la ex ministra de Asuntos Exteriores alemana. Confiemos en que algún día no le den una pieza de artillera). Un giro que la lleve a la concordia geopolítica y no caiga en la trampa de ser instrumento ciego de nadie. La reunión Trump – Von der Leyen es un aldabonazo importante. Extraña la aceptación silenciosa de los demás.
Luego esas selecciones caprichosas. ¿Cómo podemos ir a remolque de países mínimos como los Bálticos mientras se ignora o boicotea a otros del tamaño de España? ¿Cuál es el bagaje de los elegidos? ¿El del agradecimiento hacia quienes decidieron distinguir entre la vieja y la nueva Europa?
Los resultados de las últimas elecciones europeas, con una abstención altísima, sobre todo en los países del Este, es un dato importante ignorado. ¿Eran la libertad, la pluralidad, la igualdad entre las naciones, señuelos destinados a llevarnos a la irrelevancia geopolítica? ¿Tenemos servidores europeos que no nos sirven? ¿Es su finalidad sustraernos el espíritu? ¿Nos han designado acaso como carne de cañón, campo yermo, cementerio? ¿Dónde se ha decidido? ¿Dónde está el acta de esa reunión fundamental? @mundiario


