La querella lingüística vuelve al debate político
En uno de los giros menos explicados de su historia centenaria, la socialdemocracia española ha asumido muchos de los postulados del nacionalismo, en especial los referidos a la primacía de la lengua propia sobre la lengua común de los españoles. Sin base científica ni sociológica, se ha impuesto en Cataluña y hasta ahora en Baleares, un modelo de educación en la lengua propia que margina cuando no persigue la expresión en la lengua común. Un criterio similar se ha impuesto en la Administración Pública, los medios oficiales de comunicación y otras esferas de la actividad donde los dineros oficiales pueden mediatizar a quienes reciben subvenciones o ayudas.
La suma de pensamiento único y poder administrativo, con desprecio a los intereses, demandas o necesidades de un sector de la población, produce resultados preocupantes. Un reciente informe internacional pone de manifiesto el bajo nivel de comprensión lectora de los estudiantes catalanes. La respuesta oficial ha sido desdeñosa achacándola a problemas exógenos. Por otra parte, en el ámbito cultural, el cine español en 2022 ha tenido un año de taquilla pésimo. Dos películas muy interesantes y premiadas, Cinco lobitos y Alcarrás, de sendas directoras vasca la una y catalana la otra, han tenido cifras de taquilla raquíticas. Anotemos que ambas incluían diálogos subtitulados en las lenguas autóctonas, hecho que dio lugar a algunas protestas y probablemente al desistimiento de un determinado número de espectadores. El desinterés hacia la respuesta del público cuando se disfruta de subvenciones da lugar a esas paradojas.
En el acuerdo de gobierno firmado entre el PP y Vox para Baleares, la política lingüística ocupa un lugar destacado. Como es sabido se ha venido imponiendo un modelo que margina la lengua española tanto en la sanidad como en la educación. En su momento el PP perdió el Gobierno de dicha Comunidad por esa polémica. De ahí que ahora el acuerdo suscrito establezca plazos dilatados para revertir la situación. Algo extraordinariamente difícil, pues tanto el sector docente como sus organizaciones sindicales están alineados con el catalanismo. Es cierto que hay soluciones, como la enseñanza en líneas y centros paralelos o el equilibrio entre las dos lenguas, pero todas pasan por el conflicto.
También en Valencia se han acordado medidas para reducir la presión sobre los centros de enseñanza y las familias. En cuanto a Cataluña la defensa de la inmersión que hacen la izquierda y el nacionalismo, hace inviable cualquier solución, lo que al PP no le molesta, pues permite mantener el debate y aspirar a que depare resultados electorales. Si el PP gobierna en España, tendrá la tentación de actuar legalmente lo que dará aliento al nacionalismo, actualmente muy alicaído.
Lo que parece descartado, al menos en el plano político, es la convivencia pacífica de ambas lenguas en los ámbitos relacionados con la Administración, a diferencia de la vida privada. La lengua es bandera y rasgo de identidad de formaciones políticas no interesadas en el pacto, sino en la imposición, considerando a la lengua compañera del poder, de acuerdo con la conocida tesis de Antonio de Nebrija, el primer gramático del español. Enfrente, Vox como portavoz de los más recalcitrantes, propone formulaciones simplistas para un problema muy complejo. Feijóo y el PP buscan la ambigüedad, ganar tiempo y evitar un nuevo conflicto que enturbie la campaña electoral ya bastante complicada por la ingenua actuación de su candidata en Extremadura.
Es curioso que el problema descrito no haya dado lugar a una reflexión de más altura sobre los resultados educativos, las cifras comparadas con Europa (en gasto, en fracaso, en abandono) o a propuestas constructivas. Solo ha interesado el conflicto, el choque que no augura una buena salida, sino trampear un poco más. Claro que ni Vox está para sutilezas ni el PP dispone de un programa de gobierno si bien en los últimos días ha comenzado a ofrecer algunas pinceladas suficientemente ambiguas para permitir diversas interpretaciones.
Con todo ello Vox ha pasado de ser el elefante en la habitación con el que nadie habla, a ser objeto de atención en los medios y socio ineludible del PP. Ahora RTVE, en probable sintonía con el Gobierno, convoca un debate electoral como le parece, donde Abascal tendrá todo el protagonismo mientras el PP opta por no alimentar la idea de un Gobierno de coalición. Los candidatos del PSOE y de Sumar quieren que Vox se retrate para galvanizar a sus propios seguidores. Abascal no tiene nada que perder y mucho que ganar mientras que el PP está jugando ya en otro terreno, tratando de arañar el voto moderado indeciso. Así estamos en vísperas de la campaña electoral legal y de las últimas encuestas. @mundiario