¿Las leyes de Memoria histórica y democrática son leyes sesgadas?
Las llamadas “Ley de la Memoria Histórica”, que Stanley Payne calificó de “Ley sesgada” y ahora la llamada “Ley de la Memoria democrática” son, para quienes padecido personalmente y en nuestras familias dos disposiciones nada reparadoras, sino todo lo contrario, salvo en un aspecto, el de la recuperación y dignificación de las personas inocentes asesinadas, ejecutadas o reprimidas por el franquismo y sus fuerzas represivas controladas o no. Vuelvo a citar el conocimiento que sostiene mi crítica. Primero, porque mi abuelo materno, uno de los maquinistas que condujo el último tren que circulara entre A Coruña y Monforte tras el alzamiento, en el que huyeron los milicianos que intentaron oponerse a la rebelión en Lugo, fue detenido con su compañero al llegar a Monforte y estuvo a punto de ser fusilado, pero pasó largo tiempo en la cárcel. Nunca en mi familia se habló de eso, y yo me enteré al leer el libro “Memoria de Ferro”, de Antón Patiño. Mi abuelo era de UGT.
Mi segunda vivencia es más directa. Cuando todavía los del PSOE no habían aparecido en primera fila de las manifestaciones autorizadas (en Vigo nadie los recuerda con el movimiento obrero ni con los que estábamos fichados por la Brigada Político Social), salvo puntuales militantes históricos, empecé a investigar el consejo de guerra de Tui, que fue la última ciudad gallega que permaneció leal a la República. Gracias al hijo de uno de los fusilados, como consecuencia de aquel proceso, pude acceder al sumario completo, absolutamente vedado, pero que un soldado de la Capitanía General de A Coruña, mediante una dádiva, fue copiando al doctor Darío Álvarez Blázquez, quien me lo entregó. Es decir, que tuve en mis manos un documento todavía hoy de difícil acceso. Como consecuencia de mi reportaje al respecto en “Hoja del Lunes” de Vigo y “Sábado Gráfico” fue procesado tras la denuncia de la familia de un oscuro oficial de Tui que prepara las acusaciones para el consejo de guerra. Mi temor era que, por ser de Complemento, me absorbiera el fuero militar. Me senté en el banquillo de los acusados. Y la vista fue espectacular. Depuso a mi favor doña Josefina García Segret, maestra, cuyo esposo fuera ya fusilado, y ella misma condenada a muerte, pero salvó la vida milagrosamente por fingir estar embarazada, con ayuda del doctor antes citado, hijo de otro fusilado. Este relato fue premiado en la serie sobre la Guerra Civil de la revista “Historia y Vida”.
La guerra civil fue lo que fue. Mataron por igual unos y otros. Y pensábamos que, con la Ley de Amnistía de 1977, defendida por Marcelino Camacho, del Partido Comunista, que pasó en la cárcel 20 años de su vida, este episodio de nuestro pasado quedara conjurado, con total olvido. Y de aquella amnistía se beneficiaron los verdaderos luchadores por la libertad, como asesinos de ETA (que volvieron a matar) y represores de la Brigada Política Social. Era el punto final. Las dos leyes antes citadas son una vuelta atrás. Pues bien pudieron limitarse a la reparación de las víctimas y aceptar en todo caso no volver para atrás. Cierto que los que cometieron asesinatos en el bando republicano fueron juzgados y condenados, como se refleja en la “Causa General”, pero ahora se comete un nuevo error. Los asesinos de las chekas, los de las patrullas del amanecer, y todos los incursos, con carácter general, en procesos como el que cito, pasan a ser “víctimas del franquismo”, mezclando a las verdaderas víctimas con sujetos como Agapito García Atadell, cabeza de la más cruel cheka de Madrid y otros semejantes. Y eso está en la Ley de la Memoria Democrática. Por no citar que, como consecuencia de las concesiones que el Sánchez tiene que pagar a sus consocios de ERC y Bildu, se anula la amnistía de facto, de modo que los etarras pasan a ser víctimas y ya en plena democracia, hasta 1983, nada menos, se cuestionará la labor de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en la lucha contra la organización criminal, cuyo brazo político apoya ahora al doctor Sánchez, a cambio de determinadas exigencias, como bien claro dice el ex etarra Otegui.
A ver si yo también reclamo
Como a mí me procesaron por contar como eran los consejos de guerra, a ver si también puedo reclamar que me indemnicen como víctima. Pero es que esta ley no deja títere con cabeza y entre en un terreno que era mejor dejar ya sepultado por la historia y que va a crear discrepancia, enfrentamientos y controversias donde no las hubiera. Y aviso a navegantes: Yo sé de lo que hablo: entrevisté personalmente a personajes de los dos bandos de esta historia, desde Lister a Carrillo; Ridruejo a Gil Robles, o generales franquistas, y a historiadores extranjeros que estudiaron ese episodio que ahora, los que mandan en el que fuera partido de los socialistas vuelven a desenterrar de modo tan grosero y porque tienen que pagar deudas contraídas con quienes lo sostienen al frente del Gobierno de un Estado del que quieren salir. Que es lo peor. ¿O no? Así que a mi con cuentos, no. @mundiario.