Por qué los jóvenes se han vuelto tan de derechas

Han crecido entre crisis, encierros y promesas incumplidas. Ahora, con el futuro más caro y más incierto que nunca, muchos jóvenes españoles buscan refugio en el discurso conservador, incluso de extrema derecha.

Una pareja de jóvenes. / Pixabay
Una pareja de jóvenes. / Pixabay

Durante años se repitió una idea hasta hacerla verdad: los jóvenes serían la generación más progresista de la historia. Pero algo ha cambiado. Las encuestas lo confirman sin matices: los menores de 30 años en España se sitúan hoy más a la derecha que nunca en cuatro décadas, y por primera vez son más conservadores que la media del país.

La tendencia no es exclusiva de España. En buena parte de Europa, una generación que creció entre la recesión de 2008, la pandemia y la inflación se está moviendo hacia posiciones más conservadoras, incluso autoritarias. Pero en España, donde la transición democrática había consolidado un consenso social moderadamente progresista, el giro resulta especialmente llamativo.

Las causas no son ideológicas, sino vitales. Los jóvenes de hoy han crecido escuchando que vivirán peor que sus padres. Cuando llegó la pandemia, se quedaron encerrados justo en la edad de descubrir el mundo. Y al salir, se toparon con un mercado laboral precario, alquileres imposibles y una inflación que devora cualquier proyecto de independencia. Mientras tanto, la política parecía ocuparse de todo menos de ellos.

El resultado ha sido un cóctel de desconfianza, cansancio y búsqueda de certezas. Una parte de esta generación siente que los partidos tradicionales no ofrecen soluciones reales a sus problemas. Que la izquierda, asociada durante años con el cambio, se ha burocratizado; y que la derecha, con su promesa de orden, mérito y sentido común, ofrece ahora una forma de rebeldía. Ser “de derechas” se ha convertido, para muchos jóvenes, en una manera de distinguirse del consenso social que consideran fracasado.

Inquietud ante la inmigración

La preocupación por la inmigración es un buen ejemplo de esa mutación. Aunque los datos desmienten una relación directa entre inmigración y delincuencia, la percepción de inseguridad crece, sobre todo en zonas donde la integración es más difícil o los servicios públicos están saturados. La desinformación en redes sociales –principal fuente informativa para el 80% de los jóvenes– amplifica los temores y simplifica las respuestas: menos inmigración, más control, menos impuestos.

A la vez, el discurso económico cala hondo. En una sociedad donde casi todo es más caro –la vivienda, la energía, la comida–, muchos jóvenes ven en la derecha una defensa de la libertad individual frente al intervencionismo del Estado. La palabra “impuestos” ha pasado a simbolizar, más que una herramienta de redistribución, un obstáculo entre ellos y un futuro digno.

Hay también un componente cultural, como explica un amplio informe que publica el diario El País. Parte de la juventud rechaza lo que percibe como un exceso de corrección política o un feminismo que, según dicen, los ha convertido en sospechosos. En ese malestar, algunos partidos han encontrado terreno fértil: ofrecen un relato simple, emocional y contundente, que promete devolverles el control de su vida y su país.

Jóvenes. / Natalia Kollegova en Pixabay
Jóvenes. / Natalia Kollegova en Pixabay

Una respuesta emocional

Sin embargo, no se trata de una adhesión ideológica sólida, sino más bien de una respuesta emocional a una época incierta. Muchos jóvenes no se definen tanto por simpatizar con la derecha como por su desencanto con todo lo demás. Desconfían de los políticos, de los medios y de las instituciones. Votan a quien les promete movimiento, aunque no tengan claro hacia dónde.

Esa búsqueda de identidad política en tiempos líquidos explica por qué, incluso entre quienes se reconocen conservadores, hay discursos contradictorios: defienden la libertad sexual pero rechazan el feminismo; se sienten europeos pero temen la inmigración; creen en el esfuerzo personal pero exigen al Estado soluciones inmediatas.

Al final, el giro a la derecha no es tanto una victoria ideológica como un síntoma generacional. Los jóvenes se han cansado de esperar. Ven que el ascensor social está roto, que sus salarios no bastan y que la política se ha convertido en un espectáculo que no los representa. Y en ese desierto de expectativas, los discursos más firmes, aunque sean más duros, parecen ofrecer un horizonte de sentido.

Tal vez la pregunta no es por qué los jóvenes son ahora tan de derechas, sino qué ha hecho el sistema para que la extrema derecha sea, para muchos de ellos, el último refugio posible. @mundiario

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