Post 23-J: fingir es mentir, o tal vez soñar
Lo único claro, todos lo sabemos, es que Pedro Sánchez va a hacer todo lo posible -y algunas cosas imposibles- para intentar lograr la investidura
¿Cuánto duró la alegría de algunos? Poco. La que es imparable es la de María Jesús Montero.
Decíamos en la columna anterior del 24 de julio en MUNDIARIO que tocaba derrochar felicidad política, verdadera o falsa.
Con el portazo del PNV decimos hoy que en política como en muchos otros ámbitos, a veces toca fingir.
Pero en este caso de la vida política española, pasamos demasiado pronto de un escenario a otro. Algún ministrable pudo revisar su armario para elegir el traje oscuro para la jura. De momento, no va a poder ser. Y lo mismo del otro lado: algún ministro dijo: dejo la corbata y vuelvo a la camisa de verano…pero no está claro en el escenario creado por los votantes.
Es que cientos de lúcidos columnistas repiten hoy como un mantra: lo de Feijóo “no vuela”…y lo de Sánchez, “quizás…pero tiene color” .
Lo único claro, todos lo sabemos, es que Pedro Sánchez va a hacer todo lo posible -y algunas cosas imposibles- para intentar lograr la investidura.
Y aquí llegamos al punto que quiero plantear -solo con pretendida originalidad-: alguien miente o finge.
Me explico.
El precio que los independentistas catalanes van anunciando en sus declaraciones periodísticas resulta impagable. Y lo saben tanto ellos, como quien ellos quieren que lo pague (el PSOE y Sumar).
La sordidez política está en el regateo. Sabedores ambos de lo que se puede y de lo que no se puede, jugarán para la tribuna. Intentarán que ciertas cosas parezcan otras. Unos y otros. Y cada hecho, cada gesto, cada pacto y cada declaración que irán haciendo ambas partes en los próximos días estarán enmarcados en dos grandes postulados. Para unos, garantizar la gobernabilidad de España sin claudicar en el mantenimiento de la unidad territorial. Y para los otros, no claudicar en las reivindicaciones independentistas (que incluyen tanto el referéndum de autodeterminación como ingentes dosis de perdón punitivo). En definitiva, pues, fingir es mentir, o tal vez soñar.
“Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio” (de la canción de Serrat Sinceramente tuyo). @mundiario