Pescanova ya tiene quien la compre

Instalaciones de Pescanova en la ría de Vigo.
Cooke se compromete a conservar la emblemática marca, la sede en Vigo y los miles de puestos de trabajo que están en juego.

Cuando hace cosa de tres años Juan Carlos Escotet decidió vestir el traje de Capitán Pescanova ya se sabía que no lo llevaría puesto mucho tiempo. El gran patrón de Abanca, cumpliendo su compromiso de apostar por los sectores estratégicos de la economía gallega, maniobró hasta hacerse con el ochenta por ciento del capital de la compañía fundada por los hermanos Fernández López, capitaneada durante años por Valentín Paz Andrade y a la que Manuel Fernandez de Sousa llevó a la quiebra. Pero desde el momento en que logró el pleno control de la multinacional de Chapela, el banquero venezolano encargó a su equipo la búsqueda de un socio industrial que se hiciese cargo del puente de mando del que fuera el buque insignia del complejo empresarial mar-industria.

Además de garantizar la continuidad de Pescanova, de la actividad productiva y el empleo, el objetivo –legítimo– de Escotet era crear valor para la entidad que preside mediante la operación de venta. Bien está hacer país, pero sin perder dinero.

Al principio pareció tomárselo con calma, pero al final la presión que el Banco Central Europeo está ejerciendo sobre los bancos, a las que exige desprenderse de las participaciones industriales para no comprometer su solvencia, condujo a Abanca a acelerar el proceso de cesión del control de la nueva Pescanova, en la que sin embargo conservará al menos un diez por ciento de capital.

Después de analizar en profundidad varias opciones, todas ellas empresas punteras mundiales del sector pesquero y su entorno, se decidió por una compañía canadiense independiente, Cooke INC, que conserva la estructura familiar después de protagonizar un espectacular proceso de expansión y diversificación. Glenn Cooke lleva el timón del quinto mayor grupo pesquero internacional, que nació allá por 1985 con un pequeña granja de cultivo de salmón y que con la inversión en Pescanova daría un enorme salto adelante en su vocación de liderazgo.

Cumpliendo la hoja de ruta establecida, Escotet da por garantizada la continuidad y la galleguidad del gigante pesquero que en su día puso a Galicia en el mapa. Abanca, en este caso en su condición de heredera de las antiguas cajas de ahorro, se apunta el tanto de haber evitado que Pescanova se fuera a pique devolviéndole estabibilidad y capacidad de maniobra. Cooke se compromete a conservar la emblemática marca, la sede en Vigo y los miles de puestos de trabajo que están en juego. Un compromiso creíble en la medida en que la actividad de la compañía gallega es compatible y complementaria de los segmentos de acuicultura, proteína marina, pesca salvaje y nutrición en los que opera el grupo canadiense, que de entrada no vislumbra problemas de integración.

Lo preocupante de la operación es que, una vez más, la Xunta no parecía estar al tanto de lo que se cocía, a pesar de lo mucho que significa Pescanova para la economía gallega. Tal vez se enteró de la noticia, al mismo tiempo que el conjunto de la ciudadanía, por el comunicado de Abanca, y no antes, sin margen de maniobra en el caso de que creyese oportuno mover ficha. Así las cosas, al actual gobierno gallego le cabe la responsabilidad de no haber alentado o propiciado algún movimiento, en forma de alianza empresarial, que posibilitase que el centro de decisión de Nueva Pescanova se mantuviera en Galicia. La plana mayor de San Caetano vuelve a ser mera espectadora de un acontecimiento trascendental, confirmando la falta de reflejos y de iniciativa política que ya evidenció en el desmantelamiento del sistema financiero o en el cierre de otras importantes industrias. Como si siguiera sin entender que gobernar es algo más que gestionar el día a día. @mundiario