Plato del día

Nos sobran los motivos, señor Sánchez y Cía

Para decir adiós nos sobran los motivos (confesaba Joaquín Sabina en una de sus canciones de amor/desamor), y no me pregunten ustedes porqué resuena en mi cabeza estos días en los que ruge la marabunta política. Por cierto: si Antonio Costa, el Sánchez portugués, hubiese sido español, otro gallo cantaría…
António Costa, ex primer ministro de Portugal y Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. / La Moncloa
António Costa, ex primer ministro de Portugal y Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. / La Moncloa

Cada vez que inicio una reflexión, que elaboro uno de estos Platos del día que amablemente incluye en sus variados menús MUNDIARIO, suele resonar en mi cabeza una música, una canción, como indispensable banda sonora para emitir mi humilde opinión, equivalente a las bandas sonoras indispensables en el séptimo arte para desarrollar una historia. Debe ser, digo yo, porque el tiempo me ha ido convenciendo de que la música amansa a las fieras y he renunciado a caer en la tentación de lanzar rugidos por escrito.

Quizá, porque me aburren las intervenciones parlamentarias en las que, las unas y las otras, los unos y los otros, esparcidas y esparcidos en modo gladiador en el hemiciclo, se disparan preguntas y respuestas en inocuos duelos orales de los que, sesión tras sesión, se alimentan los francotiradores apostados en las redes pero resultan prescindibles para las españolas y españoles que tienen cosas que hacer, bocas que alimentar, mayores que cuidar, adolescentes que formar y sueños que regar, gota a gota, con los raquíticos excedentes que, con suerte, con mucha suerte, oye, conservan de sus nóminas cada fin de mes.

Esta mañana, Director, he amenizado el café con esa canción de Sabina que, casualmente, encaja como anillo al dedo con la sensación que emana de este momento tan oscuro por el que atraviesa tu país y el mío: Nos sobran los motivos. Nos sobran los motivos para exigirle a la España oficial, institucional, ejecutiva, legislativa, judicial, que dejen de joder con la pelota, coño; que no ejerzan la patria potestad con el BOE, con ocurrencias legislativas, con demoras jurídicas que someten al pueblo soberano a constantes dilemas entre las presunciones de inocencia y las sospechas de culpabilidad.

Nos sobran los motivos para que un tal José Félix Tezanos (como sus antecesores y sucesores), deje de estar al frente de un CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) que, en realidad, se está CIScando, mes a mes, en la inmensa mayoría de una ciudadanía con muchas más cosas que hacer que responder a preguntas que imponen, a las correspondientes respuestas, la ley del embudo. Nos sobran los motivos para que, la España civil, esa que no milita en partidos políticos, que no se desvive por quiénes gobiernan, sino por cómo nos gobiernan, tenga herramientas constitucionales para interrumpir una legislatura, bajar del desván las urnas y tener la democrática oportunidad de cambiar de opinión: esa prebenda que, en la actualidad, esta reservada exclusivamente para los elegidos y absolutamente inaccesible para los electores.

Sinceramente, me parece un sarcasmo que a los millones de anónimas españolas y españoles que habitamos en el país real, que no militamos, que no somos hooligan, ni garrapatas ideológicas, ni aspirantes a fontaneros en nómina, ni comisionistas o comisionados, en una democracia cada vez mas virtual, nos sigan proclamando pueblo soberano. Me parece una estafa que los elegidos puedan practicar una especie de marxismo de Groucho: estos son mis principios, sino les gustan a mis socios tengo otros, y los electores tengan que esperar cuatro años, a merced de la aritmética ecléctica ideológica, para poder cambiar sus votos si no les gusta el color de la orina de un Gobierno, mejor dicho, cogobierno, con síntomas de metástasis de pronóstico reservado. ¡Tenemos un Gobierno, de acuerdo! ¡Es legítimo, no cabe la menor duda!, ¡puede aplicar el Manual de resistencia de su divino líder hasta que la Constitución lo permita!, naturalmente.

Pero la grandeza de los líderes no se mide por su capacidad para resistir, sino por su capacidad para gobernar.  Aquí, en la península, casualmente, tenemos dos claros ejemplos de dos manuales de ética política distinta y distante: Antonio Costa en Portugal y Pedro Sánchez en España. Las comparaciones siempre resultan odiosas, oye, pero confieso que, tras escuchar una y otra vez la música y la letra de Nos sobran los motivos, intercalo, a modo de complemento, el viejo hit de Siniestro Total: Menos mal que nos queda Portugal. @mundiario

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