Los miembros de la UE siguen siendo el problema, y Europa, la solución
Hace poco estuvo en un desayuno de la Fundación Euroamérica en Madrid Margaritis Schinas, vicepresidente de la Comisión Europea y comisario para la Protección del Estilo de Vida europeo. Griego de 61 años, con una carrera brillante en Bruselas y con un español perfecto, comenzó explicando lo difícil que habían sido los últimos 5 años para la Comisión liderada por Ursula von der Leyen, por los retos imprevistos y de extraordinaria envergadura que ha tenido que afrontar: a los pocos meses de su instalación la pandemia de la covid-19, que pilló a todo el mundo por sorpresa y con la gran tarea de Bruselas por delante de desarrollar, producir y distribuir las vacunas adecuadas en tiempo récord; a continuación de esta prueba de cooperación europea ejemplar y la puesta en marcha del programa de inversiones Next Generation EU para dar nuevos impulsos a la economía, la invasión por parte de Rusia de Ucrania el 24 de febrero de 2022, con graves consecuencias energéticas, económicas y políticas en la Unión Europea (UE); y el 7 de octubre de 2023, el ataque terrorista de Hamas en Israel, con 1.400 fallecidos y 250 rehenes, y la reacción desproporcionada del ejército israelí, con ciudades en Gaza bombardeadas por doquier y más de 20.000 palestinos muertos, que hasta Joe Biden, presidente de los Estados Unidos y aliado más fiel de Benjamin Netanyahu, no ha tenido más remedio de criticar.
Además, durante los últimos años se acentuaron graves problemas internos. Entre ellos, la postura siempre más beligerante hacia la UE de Victor Orban. El historiador británico Timothy Garton Ash acusa en su libro Europa. Una historia personal al primer ministro de Hungría que haber logrado que su gobierno haya intentado demoler “la democracia liberal sin dejar de ser miembro de pleno derecho de la Unión Europea…En sentido estricto no sería exacto clasificarlo como dictador, pero sin duda tenía papada de dictador”.
Lo sustenta con la oposición de Orban a medidas contra Rusia y a la entrada de Ucrania en la UE; sus tiradas contra Unión Europea como las que pronunció en Budapest 2021: “Hoy en día las palabras y los actos de Bruselas hacia los polacos y hacia nosotros son como los que suelen reservarse para el enemigo”; además de su visión de una Europa alternativa, que en palabras de Garton Ash es “antiliberal, conservadora en lo social, natalista, declaradamente cristiana y etnonacionalista”.
Desde el cambio de gobierno en Polonia, hay afortunadamente señales positivas en ese país hacia más en vez de menos Europa. En cambio, preocupa lo que pueda pasar en Países Bajos, donde las últimas elecciones legislativas dieron como ganador al partido de extrema derecha liderado por Geert Wilders.
El totalitarismo avanza
En opinión de António Guterres, secretario general de la ONU, en el mundo el “totalitarismo avanza. Las desigualdades aumentan. Y aumenta la incitación al odio”. En parecida dirección se expresa Josep Borrel, alto representante para la Política Exterior de la UE: “Creo que las próximas elecciones europeas pueden ser más peligrosas que las estadounidenses. Me temo que los europeos votarán sobre la base del miedo…y promoverán el ascenso de la extrema derecha”. Los partidos tradicionales tienen la difícil tarea de convencer con argumentos racionales y emocionales a los votantes en junio que los mensajes de los ultranacionalistas – xenófobos, antidemocráticos, negacionistas en el tema del cambio climático y simplistas en el sentido de priorizar la libertad individual a la solidaridad colectiva – no sirven para solucionar los problemas futuros. Y que los mensajes de la extrema izquierda también antieuropeístas son igual de peligrosos.
En una entrevista en El País, Margaritis Schinas añade el reto que tienen el Partido Popular Europeo, así como los socialistas, liberales y verdes de ofrecer propuestas atractivas para la UE, basadas en compromisos para avanzar juntos hacia una Europa siempre más unida: “Espero que uno de los temas de la campaña de junio sea una lucha intelectual entre los que defendemos una Europa de soluciones en entre los que quieren convencer a la gente de que no puede esperar nada bueno de Europa. Este será el campo de batalla; no será socioeconómico; no será de derecha e izquierda. Me gustaría hacer campaña utilizando la migración como argumento de la Europa de las soluciones. Hemos dado un paso gigante en desdramatizar la migración como problema existencial de los europeos”.
Es verdad, por primera vez en décadas la UE tiene una política migratoria pactada por 26 de sus 27 miembros (siendo Hungría el único país que votó en contra). Seguramente no perfecta, pero en la dirección correcta: porque, según Schiras, “su centro de gravedad es el equilibrio entre el derecho de asilo y la obligación de Europa de no aceptar a los que no tiene derecho de estar”.
Rigor, pero menos austeridad
Igual que la reforma de las reglas fiscales alcanzado en diciembre es una mejora importante del Pacto de Estabilidad y Crecimiento que se puso en marcha después de la Gran Recesión en 2008. El País lo tituló en un editorial como un pacto de “Rigor, pero menos austeridad”. Igual que el intento de la primera regulación de los usos de la Inteligencia Artificial es un paso decisivo para limitar los riesgos de esta tecnología. O, a una escala menor, igual que la cumbre en Bruselas entre la UE y América Latina y el Caribe después de muchos años sin contactos directos, que, aunque no suficiente para lograr el desbloqueo de la firma del tratado de libre comercial con Mercosur, por la oposición de Francia, sí sentó una base para mejorar las relaciones futuras entre los dos continentes que comparten los mismos valores, así como para poner en marcha el programa Global Gateway, una respuesta europea a la agresiva política de cooperación china.
El publicista Lluís Bassets elogiaba el pasado domingo al recientemente fallecido Jacques Dolors, presidente de la Comisión Europea entre 1985 y 1995, como uno de los más importantes artífices de la construcción europea, para terminar con la siguiente reflexión: “Necesitamos más Europa, siempre más Europa, aunque el dicho, entre orteguiano y delorsiano, haya sido cancelado en tantas ocasiones por los euro-suspicaces. España y las naciones siguen siendo el problema, y Europa es la solución”.
Una de las fechas electorales más importante del nuevo año tendrá lugar del 6 al 9 de junio. En esos días se define el nuevo Parlamento Europeo para un período de cinco años. La pregunta del millón: ¿Triunfarán los euroescépticos que están a favor de un freno a la integración europea o la coalición hasta ahora determinante de populares, socialistas, liberales y verdes para que más Europa siga siendo la apuesta? Los miembros de la UE siguen siendo el problema, y Europa, la solución. @mundiario

