Los mensajes inspiradores: ese dulce veneno…

¿Qué tal si te dijera que los mensajes inspiradores, en lugar de expandir nuestras mentes, podrían estar encogiéndolas?
Hileras de sillas. / RR SS.
Hileras de sillas. / RR SS.

Ah, los mensajes inspiradores... Esas frases brillantes que nos invaden con la sutileza de un camión arrastrando 24 toneladas de limones en una curva cerrada. Dichos mensajes sueles ser breves, contundentes y, en teoría, nos empujan a conquistar nuestros sueños. Pero, ¿Qué tal si te dijera que en lugar de expandir nuestras mentes, podrían estar encogiéndolas? Sí, querido lector, bienvenido a la secta moderna más influyente: La Gran Orden de los Positivistas Extremos.

El dogma de la felicidad fabricada

Todo comienza con una frase aparentemente inocente: “Si lo sueñas, lo puedes lograr”. A partir de ahí, como abejas atraídas por el néctar del optimismo, millones caemos en una red donde cada pensamiento se simplifica hasta convertirse en un mantra. Los predicadores de esta hermandad no cuestionan, no dudan, no paran. “Eres el creador de tu propia realidad,” dicen, mientras ignoramos que la realidad incluye cosas tan ineludibles como los recibos de luz, el precio del pan y la inflación.

Lo curioso es que estas frases, cercanas a la pseudociencia, parecen agrandar nuestra percepción del mundo: Nos sentimos poderosos e invencibles. Pero aquí está el truco maestro: Al adoptar este dogma, comenzamos a ver el universo a través de un canuto, uno tan estrecho que continuamente tenemos que elegir entre mirar o sorber.

El síndrome del pensamiento abducido

Como en cualquier secta respetable, el pensamiento crítico es el primer sacrificio en el altar del optimismo. “No pienses en problemas, piensa en soluciones,” repiten como un salmo. Y si algo no sale bien, el culpable siempre eres tú: “No lo querías con suficiente fuerza.”

Esta dinámica convierte a los adeptos en seres prácticamente impermeables a la complejidad de la vida. Por ejemplo, si alguien menciona que tiene ansiedad o atraviesa una crisis, es común que un iluminado responda: “Solo necesitas cambiar tu energía.” La empatía genuina se reemplaza por soluciones de bolsillo y una fe inquebrantable en el poder de la mente.

¿Expansión mental o pensamiento encapsulado?

El resultado final es irónico: En lugar de expandir nuestras mentes, los mensajes inspiradores las encapsulan en una burbuja. Todo lo que no encaja en la narrativa de “todo es posible” queda descartado como pesimismo o falta de ambición. ¿El desempleo estructural? “No te esfuerzas lo suficiente.” ¿El cambio climático? “La Madre Tierra sabe lo que hace.” ¿La desigualdad? “Solo debes elevar tu frecuencia vibratoria.”

Es un mundo donde las soluciones complejas no tienen lugar, porque eso significaría que el Universo no gira en torno a nuestras ganas de “manifestar” cosas.

¿Es el fin del optimismo?

Por supuesto que no. Ser optimista no es el problema; el problema está en confundir el optimismo con la obligación de ser optimista. Porque la vida, con todo su caos, incertidumbre y giros inesperados, no se resuelve con frases vacías o con una fugaz charla motivadora. Pensar que todo se reduce a “cambiar tu mentalidad” es tan peligroso como creer que la Tierra es plana. 

Así que, querido lector, si alguna vez sientes que un mensaje inspirador te hace flotar, revisa tus pies, ya que al menos uno debería pisar el suelo. Y si algún positivista extremo, de esos que distorsionan las enseñanzas de Seligman, intenta convencerte de que eres el único responsable de tu destino, no le creas. Si eso fuese así, él te estaría utilizando para trazar el suyo, sentenciando que él te necesita más a ti que tú a él. @mundiario

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