Desde sus memorias, Azaña pone a Companys en su sitio, ante al delirio independentista
Ya lo hiciera hace dos años el fugado Puigdemont, quien envalentonado por las cesiones consumadas y entonces previstas (la amnistía negociada en el extranjero con un mediador de conflictos entre naciones y todo lo que hemos ido viento) reclamó al presidente Sánchez un acto público y formal de exaltación de Companys y que el Estado español, en cuanto sucesor de la dictadura franquista pidiera perdón a la nación catalana por el fusilamiento, por el "asesinato a manos de fascistas" del expresidente de la Generalitat republicana, Lluís Companys, ya que considera que fue una víctima formal del Estado español, por lo visto de antes y ahora su memoria. El mismo se ha venido considerando otra víctima de ese Estado, pero menos mal que tiene instrumentos poderosos para irlo acomodando a sus objetivos, administrando sabiamente que Sánchez depende en gran medida de él para seguir en la Moncloa.
Ahora, el dirigente del otro gran consocio del Gobierno de Progreso, Junqueras, de ERC (aquellos que, por sus principios, dijo Sánchez, nunca serían compañeros de viaje a la Moncloa) lo ha repetido, aprovechando el 85 aniversario del fusilamiento de Companys, en 1940, tras ser devuelto a España por tras su huida a Francia, y condenado a muerte por un consejo de guerra. La misma suerte corrió el socialista Julián Zuzagoitia, del que nadie, empezando por el PSOE, ha vuelto a acordarse. El recuerdo de Companys vuelve a activar la polémica sobre las muertes de más de 8.000 personas, la mayoría de ellas catalanes, durante su presidencia de la Generalitat, que otros elevan a más del doble, en tanto sus partidarios trasladan esa responsabilidad a los anarquistas que dominaban principalmente Barcelona. Y al mismo tiempo vuelve a exhumar la propia opinión de Azaña sobre Companys, a quien acusó de traicionar a la República y hacer la guerra por separado, e incluso pretender su arreglo personal con Franco, como han señalado diversos historiadores.
Hay una prueba irrefutable: El 9 de febrero de 1937, el redactor jefe del Daily Telegraph de Londres envió un telegrama a Lluis Companys en los siguientes términos: “Según periódico tarde inglés: Sección del Gobierno catalán, ha establecido contacto con Franco objeto evitar conflicto directo con los rebeldes, en caso de vencer Gobierno de Valencia Agradeceríamos muchísima información autorizada de Su Excelencia a este sujeto. Gracias anticipadas” [SIC]. La respuesta fue una negativa: “La información es absurda y la sola suposición nos duele”. Pero los indicios apuntaban bien: Manuel Carrasco i Formiguera (de Unió Democrática de Catalunya) se reunió con el embajador británico para que empezar a mediar con los franquistas y que Euskadi y Cataluña rompieran con la Republica. En el caso vasco, es conocido el acuerdo con los italianos (Vaticano por medio) en el frente de Santander, que Franco no respetó, para una rendición tras “un simulacro de batalla, para salvar el honor”, como se ha publicado en obras de indudable y documentada solvencia.
Las duras palabras del presidente Azaña sobre el juego de Companys
En este contexto, cabe recuperar las propias palabras de Azaña, que fuera el gran defensor del Estatuto de Cataluña, ante el desleal comportamiento de Companys. Decía Azaña que, aprovechando el levantamiento contra la República, Companys “pretendió pescar en río revuelto” (como hacen ahora Puigdemont y ERC, dada la coyuntura histórica que les es favorable con Sánchez dependiente de ellos para seguir en la presidencia del Gobierno). Azaña se lamentaba de que, aprovechando el 18 de julio, Companys volviera a la carga con un plan más rupturista que el de octubre de 1934: “Ustedes desde la Generalidad no han proclamado una revolución nacionalista o separatista. Querían hacerla pasar a favor del río revuelto. Un programa del 6 de octubre, ampliado. Ya que entonces no pudieron ustedes contar con el levantamiento de los sindicatos que no les importa nada el Estatuto, han aprovechado el levantamiento de julio y la confusión posterior para crecer impunemente, gracias a la debilidad en que la rebelión militar dejaba al Estado (…) ha vivido no solamente en desobediencia, sino en franca rebelión e insubordinación, y si no ha tomado las armas para hacerle la guerra, será o porque no las tiene o por falta de decisión o por ambas cosas, pero no por falta de ganas, porque la intención está conocida”.
En sus memorias, Azaña subraya la deslealtad de Companys repetidamente mostrada y su escaso entusiasmo por defender la causa republicana, incluso los historiadores más solventes coinciden en que, vista la evolución de la guerra, hasta se intentó una paz por separado. Las palabras de Azaña expresan de modo descarnado su opinión del presidente de la Generalitat: “Su deber más estricto, moral y legal, de lealtad política, e incluso personal, era haber conservado para el Estado desde julio acá, los servicios, instalaciones y bienes que le pertenecían en Cataluña. Se ha hecho lo contrario. Desde usurparme (y al Gobierno de la República, con quien lo comparto) el derecho de indulto, para abajo, no se han privado de ninguna transgresión, de ninguna invasión de funciones”. El que quiera conocer de primera mano estos juicios de Azaña puede consultar sus “Diarios Completos” que la Editorial Crítica publicó en 2004. En septiembre de 1937, en un encuentro con Carles Pi i Sunyer, Azaña criticaba la actitud del presidente Companys durante el transcurso de la Guerra Civil y lo acusaba directamente de entorpecer al Gobierno de la República y dificultar la marcha de la guerra, beneficiando 'de facto' a las tropas de Franco.:“Asaltaron la frontera, las aduanas, el Banco de España, Montjuic, los cuarteles, el parque, la Telefónica, Campsa, el puerto, las minas de potasa… ¡Para qué enumerar! Crearon la Consejería de Defensa, se pusieron a dirigir su guerra, que fue un modo de impedirla, quisieron conquistar Aragón, decretaron la insensata expedición a Baleares, para conseguir la gran Cataluña…”.
El otro asunto polémico se refiere a la propia responsabilidad de Companys en las ejecuciones llevadas a cabo en Cataluña contra personas no nacionalistas o de derechas. Recientemente se han publicado documentos reveladores que llevan su firma y otras evidencias que no admiten dudas. La crítica a su figura, desde la propia perspectiva del republicanismo, contiene otros episodios aparte de los que cita Azaña. El 6 de octubre de 1934 se sublevó contra el Gobierno y proclamó el Estat Català. Duró veinticuatro horas, pero dejó cuarenta y seis muertos en Cataluña. Companys y sus consejeros fueron detenidos y encarcelados, En el juicio posterior, fue condenado a treinta años de cárcel, pero luego sería indultado. Ahora emerge como un mártir del independentismo, y se niega su responsabilidad en hechos menos convenientes. Se ha llegado al extremo de comparar su huida a Francia ante el avanza de los sublevados en Cataluña con la propia fuga de Puigdemont a Bélgica para escapar de las garras del mismo Estado opresor. Companys huyó de Barcelona en enero de 1939. En 1940, fue capturado ahí por los alemanes, juzgado en Barcelona y condenado a ser fusilado. Curiosamente, los jueces que lo condenaron, el oficial que mandó el piquete de ejecución y hasta los forenses eran catalanes, lo mismo que la inmensa mayoría de las personas asesinadas durante su presidencia y que emborronan su propia responsabilidad en estas ejecuciones, del ahora mártir.
Cataluña como Palestina
En este panorama y vistos los antecedentes, cualquier cosa puede pasar. Porque los de Puigdemont son realmente creativos, como lo de aprovechar la tregua en el conflicto palestino-israelí y el reconocimiento del Estado Palestino, para reclamar a las Naciones Unidas el mismo trato a Cataluña, como nación independiente y colonizada. Con respecto a Companys, Puigdemont y Junqueras insiste en exigir una petición de perdón por el Estado español que fue el responsable de su muerte. Curiosamente, el fue mismo argumento se usó como justificación de la amnistía, por cuanto se entiende que fueron y son injustos lo procesos judiciales derivados del “procès” y que todos los hechos derivados del mismo fueron legítimos y correspondieron al derecho democrático de quienes los protagonizaron. Si hasta el propio Sánchez, aquel que dijera que era contrario de que un político indulte a otros, o que la amnistía no cabía en la Constitución, dijera luego que por culpa de la derecha se judicializó el procès y que las penas fueron excesivas.@mundiario