La lengua de los “señoros”

“Señor” viene de “senior”, “la persona más vieja”, posteriormente la más respetada o “poderosa”. “Señoro” viene de “el más obsoleto”.

Macho. / Pixabay
Macho. / Pixabay

Los tiempos cambian. Y también las palabras.

“Señor” viene del latín “senex”, viejo, que deriva a “senior”, más viejo, que se convirtió en “señor”, el más viejo y respetado, en la antigüedad. Pero, por deferencia, “señor” quedó para la cabeza visible del grupo, la jefatura, la persona más respetada.

En castellano antiguo no se distinguía “señora”. Así, un amante varón heterosexual podía rendir tributo a su señor, su amada. A finales de la Edad Media, ya apareció la forma “señora”, como una distinción de género en los atributos de poder.

Pero cambios posteriores admiten un uso despectivo del término, como en el caso de calificar a alguien como un “señor gandul”, expresión que deriva a “so gandul”. También aparecen variantes de esa familia, como “señorito”.

El cambio más reciente es el despectivo "señoro", para calificar al varón que se siente cómodo en el heteropatriarcado, y no ve la necesidad de que cambie nada. Trata a las mujeres con condescendencia (“mira que yo quiero a las mujeres” o “en mi casa manda mi mujer”), y no entiende que unas “feminazis” monten jaleo por “cualquier cosa”.

Algunas mujeres de ideologías conservadoras también pueden recibir el calificativo de “señoros”. Ejemplos de ello son las que dicen que el feminismo es una guerra contra los hombres; o que ellas son femeninas, no feministas; o que “ni machismo, ni feminismo, igualdad”. @mundiario

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